El valor político de ka pobreza

En todo tiempo pasado, quienes han querido perpetuarse en el poder a costa de lo que sea, han recurrido a la manida cita de “que el fin justifica los medios”, atribuida a Nicolás Maquiavelo.

Y para no variar la tradición, Hugo Chávez y Nicolás Maduro han sido fieles ejecutores de esta máxima en los tres lustros que tienen en el poder.

Chávez y ahora Maduro, también han sido fieles seguidores de las teorías políticas de Saul Alinsk, un activista comunitario de los EE.UU., conocido por sus tácticas
radicales y manipuladoras y quien promulgaba el control como el sostén de un Estado social, tan recurrido en estos tiempos de revolución bolivariana.

Por muy cruel que parezca a oídos de cualquier ciudadano común, Alinsk propulsaba la pobreza como el eje central para alcanzar ese Estado social.

Partía Alinski de que eran requisitos previos e impostergables para ello:

(1) Aumentar el nivel de pobreza tanto como sea posible, pues los pobres son más fáciles de controlar y no se defenderán si les das todo lo que necesitan para vivir.

(2) Aumentar la deuda a niveles insostenibles, pues ello producirá más pobreza.

(3) Tomar el control de cada aspecto de la vida de las personas (alimentación, vivienda e ingresos), con ello se tiene el poder sobre ellos.

Como revela hoy la historia, no hay duda de que Chávez y Maduro han seguido al pie de la letra esta teoría en Venezuela.

Allí está el por qué de cada una de las tomas de decisiones en cualquier ámbito del acontecer nacional de los gobiernos de Chávez y Maduro.

Aunque sea inentendible para millones, ninguna de las políticas que han traído a Venezuela a tal grado de destrucción ha sido casual, por descuido, incompetencia o error.

Todas llevan intrínseco el propósito de control y perpetuación del poder en pocas manos y enraizamiento de un proyecto político.

Y esto no es algo que hayan dejado ver personeros del gobierno.

Cabe recordar, por ejemplo, las revelaciones del general Guaicaipuro Lameda, ex presidente de PDVSA, a la periodista Carla Angola, en octubre de 2012, sobre la tesis que le planteó Jorge Giordani (el hombre fuerte de la planificación y economía de Chávez) en un momento cuando él le informó hace más de una década que “las proyecciones a cinco años mostraban un creciente déficit fiscal, necesidad de endeudamiento o devaluación y, por tanto, era necesario atender el tema de la producción para que Venezuela pudiera hacerse independiente de la renta petrolera, tal y como se había prometido en la campaña electoral y como me lo habían presentado en el proyecto para el cual estaban trabajando”.

Afirmó Lameda entonces, y lo sostiene en la actualidad, que Giordani fue claro al decirle que:

“Esta revolución se propone hacer un cambio cultural en el país, cambiarle a la gente la forma de pensar y de vivir, y esos cambios sólo se pueden hacer desde el poder. Así que lo primero es mantenerse en el poder para hacer el cambio.

El piso político nos lo da la gente pobre: ellos son los que votan por nosotros, por eso el discurso de la defensa de los pobres. Así que, los pobres tendrán que seguir siendo pobres, los necesitamos así, hasta que logremos hacer la transformación cultural.

Luego podremos hablar de economía de generación y de distribución de riqueza. Entretanto, hay que mantenerlos pobres y con esperanza”.

Un cambio cultural, que según indicó Giordani, “toma al menos tres generaciones: los adultos se resisten y se aferran al pasado; los jóvenes la viven y se acostumbran, y los niños la aprenden y la hacen suya. Toma por lo menos 30 años”.

Ha transcurrido la mitad
¿seguirá la rueda o la fuerza de los hechos le pondrá fin?

oscargarciamendozaOscar García Mendoza

@ogarciamendoza

5 Marzo 2014

 

 

 

 

 

 

 

 

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