Juegos repartidos

El jueves 29 de julio de 1999 escribí un artículo en mi columna Palestra Insular titulada “La herencia municipal” que terminó con una cita textual de José Ingenieros en su libro “Las fuerzas morales”: “Renovarse o morir, dijeron en su tiempo los renacentistas, renovarse o morir, repita siempre la juventud que entra a vivir en un mundo sin cesar renovado. Esa y ninguna otra, será la fórmula de los hombres y de los pueblos que aspiren a tener un porvenir mejor que su pasado”. Ese planteamiento se aplica compulsivamente cuando los alcaldes insisten en dejar las herencias municipales a los suyos, a sus edecanes, a sus mujeres o a sus familiares de la conchupancia. En eso insisten los burgomaestres del país y los mismos gobernadores y los diputados que de manera aberrante tienen rato apostando a que es una herencia que se trasmite de generación en generación. Están bien equivocados porque esta sociedad que perdió la brújula hace rato entre oficialistas y opositores, entró en un proceso de reseteo mental para estudiar como familias enteras ocupan el poder para convertir el acto de gobernar en una especie de bazar de pueblo. Si no me creen revisen cuantos alcaldes han colocado a sus esposas cuando se les venció el tiempo, cuántos gobernadores han querido imponer a sus hijos y cuantos diputados salen al ruedo también quieren dejar esa herencia para siempre.

Esa ansiedad municipal empieza a tres años de las elecciones y cada quien sigue haciendo su juego para que sea el hermanito o el alabardero de su confianza o el principal testaferro, pues al parecer la idea es pensar que una parcela es mía y se convierte en el hueso de cada personaje de la fábula política. Y cobra vigencia el pensamiento con el que inicié ese artículo de opinión hace 15 años y en el que critique a Felix Caraballo cuando intentó poner a su esposa en aquellos tiempos y miren que quienes lo criticaron ahora han hecho chorizo y morcilla con las arcas municipales y aun persisten en querer combinar el yin con el yan. Esos vagabundos que ayer criticaron a Felix en su gestión porque querían asaltar el poder hoy son poder constituido para siempre. No se cansan de estar tanto tiempo en el mando y ahora aspiran saltar más alto y como dice el Perro Pastor no pasarán de la Aldonza Manrique porque la gente les ve el hilo de las ambiciones eternas como que en estos municipios no existieran seres pensantes.

Esa no es una herencia municipal porque el tiempo tiene que borrar esas influencias malsanas que nada han dejado como obra para que el tiempo juzgue a estos depravados del poder, pues el tiempo parece haberse congelado en gobiernos eternos y como dijo García Márquez en su “Cien Años de Soledad” para referirse el tiempo de Úrsula “Una vez se estremeció con la comprobación de que el tiempo no pasaba, como ella lo acababa de admitir, sino que daba vueltas en redondo”. Esas temporalidades repetidas por los José Arcadios y Aurelianos parecen repetirse en cada espacio de poder, donde se cocinan entuertos, trampas y jugadas perversas para mantener en el poder a sus familiares. Pareciera que es la misma gente, la misma familia los únicos con carnet para abusar del poder y solo ellos, pues es evidente que esta sociedad de idiotas convertidos en votantes ni siquiera se percatan que los bandidos tiene siglos haciendo fortuna con los dineros públicos. No se puede permitir que los principados se eternicen porque la historia está por terminar y no podemos permitir tanta satrapía política.

No quiero lanzar la piedra para un lado, ni para el otro, pero invito a los ciudadanos que analizan la política a dar un vistazo entre los familiares, conchupantes y monaguillos de los gobernantes para que vean como adornan el mando con su propia sangre y eso desdice mucho de compañías anónimas que por largos años se pudren en el poder.

manuel avilaManuel Avila

@enciclica

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