El síndrome de Penélope

“Vamos a lograr que éste sea un país de paz, de vida y de convivencia.”Nicolás Maduro

“No hay futuro para nadie en el país si hay tanta confrontación” Henrique Capriles Radonski

“Chávez, en Venezuela no puede haber 4 millones de oligarcas” Fidel Castro, 2006

La historia de Venezuela es transparente como el agua. Se corresponde con cierto ethos nacional que reconocemos modernamente en la frase “como vaya viniendo, vamos viendo”, entre otras características, como es el deseo incontrolable por ejercer poder en los grupos bajo los cuales nos aglutinamos. El grupo de McClelland, encargados de estudiar en más de cien países los motivadores principales según las regiones desde hace más de 50 años, han reconfirmado en tres oportunidades diferentes que Venezuela ocupa el segundo lugar en el motivador Poder, seguido por la Filiación, al contrario de los países que progresan cuyo rasgo fundamental está dominado por la obtención de Logros mediante el esfuerzo. Cuando miramos hacia atrás y nos tropezamos con que el venezolano conoce la rueda alrededor de 1840 (alrededor de 2.000 años después que los europeos) y repara los daños del terremoto de 1812 sesenta años después, entiende esa tendencia ingenua de nuestro pueblo de darle más peso a la palabra que a los hechos. Suponiendo además, que cuando tiene alguna idea acerca de algo inmediatamente eso pasa a ser una realidad. Con razón aquello de “cree en pajaritos preñados”. Si algún pueblo se caracteriza por despertar tarde a la cruenta terquedad de la naturaleza es nuestro pueblo. De allí el realismo mágico que nos caracteriza y de por qué se asombran los países que evolucionaron, tales como Noruega, Suecia, Holanda o Nueva Zelanda (para mencionar uno más joven que nosotros) donde se cierran cárceles por falta de delincuentes, hay comedores reales para los indigentes con dietas saludables, los servicios de educación y salud son iguales para todos, desde el rey o presidente hasta para el más humilde acuden a hospitales con los mismos recursos, las vías (algunos sin petróleo) asfaltadas completamente, viviendas con ascensor cuando pasan de cuatro pisos, y un larguísimo etc que nos deja boquiabiertos cuando nos enteramos de tales realidades concretas, palpables y presentes aunque nadie las vea. Además, hace años que superaron la absurda y maniquea división capitalismo-comunismo.

¿Cuál de los candidatos a la “presidencia” conoce estas realidades concretas y está dispuesto a aprender, copiar, modelar, ajustar y desarrollar las estrategias y direcciones que están detrás de esos logros innegables? ¿Cuál de ellos conoce y está dispuesto a luchar porque superemos esa “nacionalidad” ingenua de que por nosotros mismos superaremos lo que tenemos, profundamente arraigada en nuestro inconsciente? ¿Esa compulsión a borrar por la noche lo que hicimos en el día, para empezar cada vez que llega un gobierno nuevo que acaba con todo lo anterior?

Penélope se propuso desbaratar el tejido diurno cada noche para mantener la fidelidad a Odiseo. ¿Cuál Odiseo nos ofrece qué cosa cuando un gobernante en lugar de continuar las buenas obras que el anterior inició, se empeña en que él y sólo él construirá el país? Hay otro complejo al cual quizá me refiera en posterior artículo “si las circunstancias lo permiten”, Ptolomeo; no por lo sugerido metonímicamente, sino por la creencia, harto demostrada por el equipo de Harvard, de que el poder y el control del amor grupal están en mi ombligo…

Lus Arocha Mariño

médico psiquiatra