Alfredo Infante sj Fiat en medio del horror. Lc 11,27-28. ( En honor a Fernando Alban)

Jesús, su manera de estar, hablar, relacionarse, atrae, tiene peso; «autoritas», diríamos en lenguaje moderno. Su palabra es tan viva y su persona tan atrayente, que nos cuenta el Evangelio que:

-«Mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo:

-«Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.» El piropo es grande, incluso contracultural, porque recordemos que Jesús vive en una sociedad patriarcal, donde el centro es el padre.

La mujer llama dichosa a la madre por la autoridad del hijo, curiosamente no hace mención del padre. Jesús no rechaza el piropo, lo agradece, pero lo corrige, lo ajusta a la realidad, pone las cosas en su justa estatura: él repuso:

-«Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.» De esta respuesta de Jesús podemos hacer algunas consideraciones espirituales:

La primera, que María es bienaventurada, no por ser madre, sino por ser una mujer de fe, abierta a la luz de la Palabra; ella dejó configurar su existencia y praxis por la fuerza de la palabra.

En segundo lugar, que María es modelo de creyente, y en este sentido, nos dice con su vida que todos nosotros podemos ser como ella: abiertos a la palabra de Dios y testigos de la actuación de Dios en la vida y en la historia.

Ser la madre de Jesús, el hijo de Dios, el Enmanuel, fue parte de su misión única, pero la bienaventuranza, la dicha, la leticia interna, está en su fiat.

La maternidad es fruto de su fiat. Es el fiat el que Jesús resalta y nos lo coloca como ejemplo, porque es la vía del auténtico discipulado.

Es decir, María no es bienaventurada por el solo hecho de ser madre, de haber parido al Hijo de Dios, sino por ser discípula, por vivir de la Palabra de Dios y practicarla.

La dicha está en el ejercicio responsable de nuestra libertad ante Dios y los demás buscando siempre la voluntad de Dios, liberándonos de la esclavitud del ego. Jesús nos ofrece hoy la posibilidad de vivir la verdadera dicha, y para ello nos dice que es posible, que no es privilegio de unos pocos, que María, su madre, la mujer sencilla de Nazaret lo vivió.

Y, en tercer lugar, si queremos ser iglesia creyente, discipular, nos toca desempolvar la Palabra de Dios, ponerla en el centro de nuestra vida, de nuestra comunidad, porque sin la palabra no hay escucha, sin escucha no hay discipulado, sin discipulado no hay fiat, sin fiat no hay dinamismo humanizador, plenitud, porque le estaríamos cerrando las puertas de nuestro corazón a Dios.

¿Qué significa hoy escuchar la palabra de Dios y practicarla? Y, por el contrario, ¿Qué significa cerrarnos a Dios? Respondamos a la luz de los hechos vividos.

Esta semana fuimos testigos de cómo el horror cotidiano y estructural que vivimos, emergió y se hizo patente, en el vil asesinato, después de una degradante tortura, del concejal Fernando Albán, militante del partido Primero Justicia (PJ).

Fernando era un hombre de fe, desde su experiencia cristiana asumió su compromiso social y político. Miembro activo de La parroquia La Epifanía del Señor, con sede en la UCV, asiduo lector de mis homilías diarias, las cuales acompañaba siempre con una nota de cálido agradecimiento, podría decir, que Fernando Albán, vivió su compromiso social y político, como María, desde su fiat.

Quienes lo torturaron y asesinaron, construyen la mentira sobre el hecho, se cierran a la verdad, pecan contra el Espíritu Santo, pecado imperdonable.

El fiat de Fernando, es el fiat, de todos los que seguimos apostando por la dignidad humana y la fraternidad entre los venezolanos. El horror de su asesinato transparenta la luminosidad de su fiat libre y responsable ante Dios y todos los venezolanos.

Fernando, para los cristianos católicos es un mártir, porque su entrega libre por Venezuela, y especialmente por los más pobres, lo vivió desde su fiat.

Oremos: Señor, que el terror, la mentira y la maldad del poder, no cierre nuestro corazón a tu plan de amor y, en medio de esta noche, nuestra apuesta por la dignidad y la fraternidad se acreciente e ilumine, como el fiat de María al pie de la Cruz. Y que nuestro hermano Fernando Albán contemple la luz de tu gloria: «bienaventurados los que tienen hambre y sed de Justicia porque serán saciados». Y a su familia dale el consuelo en medio del dolor. Sagrado corazón de Jesús, en vos confío Parroquia San Alberto Hurtado. Parte Alta de La Vega. Caracas-Venezuela.

Alfredo Infante, s.j

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