Alfredo Salgado VENEZUELA, EPICENTRO DEL CHOQUE DE CIVILIZACIONES

Samuel Hunttintong, preveía un choque entre el mundo occidental y el musulmán, como una especie de reedición de Las Cruzadas.
Parece mentira, pero más de mil años después del inicio de Las Cruzadas, esa es una cuenta pendiente que tiene la humanidad, que en lo material se refiere al destino de Jerusalén, pero que en lo cultural y espiritual, se refiere a cuál cosmovisión prevalecerá en el mundo: la cristiana o la anticristiana.
La esposa de un amigo con quienes compartí la brisa serena que en estos días baja del Ávila (¡qué vaina tan ridícula eso de Wuaraira Repano!), casi se lanza por la ventana del carro cuando le dije que sin duda alguna, habría votado por el impresentable Trump y en contra de la señora Clinton.

Y es que Trump, con todo los nervios que produce ante de una de sus inconveniencias verbales y gestuales, está del lado en el que estoy yo: el mundo occidental con su amalgama cultural de los valores judeo cristianos, valores que combatió con fuerza y muy hecho el pendejo, el simpático, carismático y bien hablado Obama, apoyado por el papa de Roma, y cuya obra iba a consolidar la señora Clinton.

Quien no se haya dado cuenta de que Venezuela es hoy uno de los teatros de operaciones más importantes en este choque cultural y político entre judeo-cristianismo y todas las coartadas o pretextos que se le oponen (marxismo, nazismo, islamismo, nueva era), está bastante desprevenido.

El chavismo, desde su origen, que no sabemos a ciencia cierta cuál es, ni dónde se originó, ni por qué se originó, fue y sigue siendo un movimiento profundamente antioccidental, anticapitalista, antidemocrático, antirepublicano, anticristiano y antisemita.

Basten los libros y escritos tempranos de Alberto Garrido, para darnos cuenta de la certeza de lo que digo, pero sobre todo, los bramidos dominicales de su profeta, incluida la maldición que, desde el fondo de sus entrañas, lanzó sobre Israel.

Por eso el chavismo ha sido un movimiento tan sólido, tan consistente, con tal sentido de lo estratégico y de la geopolítica, que vino a quebrantar símbolos, tradiciones, instituciones, incluso la medición del tiempo.

La manera como factores extraños de poder (Rusia, China, Irán, Cuba, las FARC, la Yihad, ETA, Podemos), han utilizado en su plan de quebrantamiento de Occidente, la chequera y los recursos petroleros de Venezuela, dan cuenta de esta visión y propósito estratégicos.

No contaban sin embargo con dos detalles: la muerte de su gurú y que la revolución antioccidental que promovían, quedara en manos de una banda de cleptómanos, muy aficionados a los lujos y perversiones de occidente.

De manera que la batalla, cuya intensidad no sabemos, que se librará pronto en Venezuela, determinará el rumbo de esta parte del mundo: o recupera occidente en manos de EE.UU. su poder e influencia, cedidos por Obama en sus ocho años de simpática presidencia, o se sucumbe de modo definitivo al ímpetu de las amenazantes fuerzas que la gente detrás de Trump, lúcidamente identificó.

La grandeza que Trump prometió devolver a su país, no será tal si este insólito e incomprensible accidente de riqueza mineral, natural ¡y humana! sigue en manos de los enemigos solapados de esta parte del mundo, de sus valores y de su cultura.

¿Cuál es, a mi manera de ver, el riesgo mayor que corremos los venezolanos en particular y occidente en general? Que Trump se muera o lo maten, antes de que se dilucide el destino de esta tierra de gracia.

Ante la gravedad y potencia de las fuerzas en juego, es indispensable que los ciudadanos defensores de la democracia, el capitalismo, la responsabilidad individual, los valores judeocristianos, estemos preparados para conservar en nuestras manos el poder a tomar al momento de la salida de la banda roja rojita, y sobre todo, ofrecerle al país una visión, un proyecto, un mapa y un propósito para los próximos cincuenta años.

Los tiempos se acortan. El tiempo es ya.

Alfredo Salgado

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