Ángel Bellorín cambios gatopardianos en revolución: O los cambios necesarios para que todo siga empeorando ¿Quién será el Márquez Bustillos del siglo XXI?

Desde hace más de 50 años existe una interesante figura literaria para describir astutas manipulaciones políticas ante los cambios jurídicos, económicos y sociales requeridos en forma expedita, urgente y necesaria, ante fuertes presiones de diferente índole ejercidas por las comunidades.
Un cambio gatopardiano, o lampedusiano es aquel que describe un círculo y vuelve a colocar las cosas en su punto de partida; es un cambio solo en apariencia. Para mi persona, es una expresión hipócrita, cínica y engaña pendejos, cuyo mero enunciado revela una pérfida enemistad con el cambio verdadero y sincero.
La frase “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”, la escribió Giuseppe Tomasi di Lampedusa en una novela que en mi rol de docente, generalmente discutía en las aulas de clases; “El Gatopardo”, una de las grandes obras de la literatura italiana del siglo XX.
La obra narra la historia del príncipe Fabrizio de Salina, en el tránsito del reino de las Dos Sicilias a la Italia Unificada, ambientada en la isla de Lampedusa de 1.861, tras el legendario desembarco de Giuseppe Garibaldi en Marsala.
El llamado “cambio gatopardiano” surge de un episodio en la novela, donde ante el inminente arribo de Garibaldi a la isla de lampedusa, el joven Tancredi Falconeri le dice a su tío, el Príncipe de Salina, que hay que apoyar a los revolucionarios garibaldinos para que las cosas sigan en su sitio en Sicilia.(“Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi”.)
El viejo Príncipe sabe que las cosas van a cambiar, y por tal razón da dinero a su sobrino, para que se una a los garibaldinos como parte de la estrategia del ambicioso joven para mantener en la naciente república sus privilegios ganados en la monarquía.
Sin embargo, y a pesar de su pública contribución a la revolución, luego de instalada la República el Príncipe se niega a aceptar el cargo de Senador que le ofrece un enviado piamontés de la nueva Italia unificada.
Esta historia vino a mi mente luego de leer la próxima jugada chavista al ordenar a su “Constituyentitas supra constitucionales” de adelantar las elecciones de la Asamblea Nacional, ennegreciendo aún más el convulsionado y enrarecido panorama político Venezolano.
Este nuevo avance Chavista fue hecho público ayer 20 de febrero de boca del dueño de “la mano que mece la cuna”: Cito
Explicó (Diosdado Cabello) que el planteamiento surgió por el “vacío político” que ha generado el actual período de la Asamblea Nacional que constitucionalmente culmina su mandato en el 2021.
-“Voy a llevar esa propuesta porque el Poder Legislativo en Venezuela no existe. Es una decisión que puede tomar la ANC sin ningún tipo de problemas. Ambas elecciones son por el interés de la patria”, dijo.”
Esta nueva barrabasada surge en momentos que la presión internacional asfixia a la “revolución” donde les duele (el bolsillo) , desconociendo a “la Asamblea IN-constituyente”, desconociendo también de forma previa los resultados de las fraudulentas elecciones presidenciales de Abril y otras muchas variables de diferente naturaleza. Ante esta sorpresiva jugada me pregunto:
¿No serán estas elecciones una excusa para sustituir al títere en el poder por un nuevo títere, pero quedarse con una tan necesaria Asamblea Nacional roja rojita?
No es una teoría descabellada y son jugadas desesperadas que han ocurrido tanto en el mundo como en nuestra propia Venezuela.
En abril de 1.914, Juan Vicente Gómez fue electo Presidente de la República para el período 1915-1922, por su Congreso Nacional lleno de acólitos, por motivos que no analizaré, decidió no asumir la Presidencia, permaneciendo en Maracay como comandante en jefe de un Ejército Nacional del que era dueño y señor, y que como hoy, era el centro del poder.
Ante estas circunstancias, Victorino Márquez Bustillo fue nombrado Presidente Provisional de la República, y se mantuvo en el cargo, mediante la aprobación por el Congreso gomecista de un Estatuto Constitucional cuyo período de vigencia fue de 7 años.
Como consecuencia de esto, Venezuela experimentó una situación excepcional, al contar con dos presidentes: uno de mentira Victorino Márquez Bustillos, como Presidente Provisional, quien despacha desde el Palacio de Miraflores y otro de verdad, Juan Vicente Gómez, el Presidente electo, cuarto bate, dueño de las armas y novio de la madrina, con residencia en Maracay.
Durante su supuesta presidencia, Márquez Bustillos le rendía cuenta a Gómez subordinando cualquier decisión a la aprobación de su jefe. La permanencia de Márquez Bustillos en la presidencia provisional llegó a su fin en 1.921.
Para mí, que de estos tramposos espero cualquier cosa, veo muchas coincidencias y condiciones para que esta hipótesis esté en el ambiente. Con toda la comunidad internacional cantando fraude por adelantado, en unas elecciones inconstitucionales cuyos resultados han manifestado no reconocer por ser “una falsa para que Maduro se perpetúe en el poder”,  la honrosa salida de Maduro derrotado en “un cabeza a cabeza” electoral democrático, con más del 70 % de participación del pueblo, por un “outsider” creado, preparado y atado al cordón comunista, pero con una Asamblea llena de chavistas, pudiera estar en el libreto que al momento de su aparición con los resultados, con su característico “Carácter irreversible”, sería leído por la inefable Sra. Tibisay Lucena.
Falta saber si en caso de materializarse esta hipótesis, la comunidad internacional se creerá el gatopardiano y democrático cambio. Solo por curiosidad normal, me gustaría saber el nombre del relevo revolucionario ¿Será el pastorcito el nuevo Márquez Bustillos del siglo XXI?  ¿Será Henry Falcón?. Tibisay despejará la duda.
Ángel Alberto Bellorín

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