Anónimo Carta abierta a la doctora Tibisay Lucena

tibisay lucena1Estimada doctora Lucena, me permito escribir esta carta de la forma más sincera y honesta que pueda encontrar, jamás la haría para ofenderla, ni humillarla y mucho menos para tratar de descalificarla ante los que accedan a ella; por el contrario, le muestro mi admiración, sabiéndola una mujer nacida en Barquisimeto, corazón de Venezuela y que gracias a sus méritos propios ha llegado en estos momentos a desempeñar (no por azar) uno de los cargos más importantes de la República.

Ud. Es una mujer, que como muchas otras tuvo la oportunidad de estudiar en un país donde las facilidades se servían en bandeja de plata y las garantías existían para todos los ciudadanos, quienes tenían igualdad de oportunidades en los estudios, sin obviar por supuesto, su mérito personal, el cual es digno de toda mi admiración.

Pero hay que destacar señora Lucena que usted tuvo, en ese momento de la historia de este país, la oportunidad de formarse en una de las más prestigiosas universidades de América Latina, como lo es la Universidad Central de Venezuela, donde se graduó con honores y obtuvo su título de Licenciada en Sociología gracias a sus excelentes notas pero además, de que jamás tuvo que pagar ni un centavo de “sucio dinero” para poder finalizar sus estudios en esa Alma Mater.

Igualmente hay que destacar que Ud. fue guiada por la sabiduría y experticia de grandes académicos y profesores que para aquel momento sobraban en “La Casa que vence las sombras” “Casa” que estos últimos 15 años ha sufrido tanto de la indolencia y la crueldad de un Gobierno que la asfixia cada día más, sin haber todavía logrado extinguirla, como es su principal propósito.

Usted que es una mujer que tuvo la maravillosa oportunidad de obtener su Magíster en una universidad tan reconocida como The Graduate Faculty of the New School for Social Research, de Nueva York; Alma Mater de genios como Hannah Arendt y Hans Jonas; donde no solo obtuvo un Master sino que posteriormente, logro su PHD en esa importante casa de estudios guiada, sin duda, por profesores tan insignes como Andrew Arato, Jeffrey Goldfarb o Vera Zolberg; seguramente Dra. Lucena usted logró todo eso ayudada por lo que, en esa época se llamaban las becas “Gran Mariscal de Ayacucho”.

Becas otorgadas por la democracia civil de aquel entonces que le facilitaba a cualquier venezolano que tuviera los méritos y las ganas, poder estudiar en las más reconocidas universidades del mundo sin tener que pagar, ni siquiera el pasaje que lo trasladaría y mucho menos la casa y la comida pues esta institución, dependiente del entonces Ministerio de Educación venezolano, asumía todos lo gastos de vida y de matrícula que requerían los estudiantes venezolanos, solo con la garantía de la promesa de regresar a este país a aportar sus talentos y conocimientos…. Un país donde a usted no le pedían el carnet de un partido político para darle una beca, y para muestra un botón.

¡Qué país de cuento de hadas señora Lucena! ¡Y pensar que usted es un producto viviente de ese país!

No quiero dejar de hablar, con admiración, de su faceta como excelsa músico, virtuosa del Cello; como la ordenada, disciplinada y meticulosa interprete de las sonatas para cello de Bach, Beethoven, Lalo, Prokofiev , Vivaldi y Fauré; Todo el mundo sabe que para llegar a ese grado de virtuosismo con un instrumento como el cello se requieren, además de una rigurosa formación, de una sensibilidad excepcional, de la que pocos pueden hacer alardes, pues la música es sin lugar a dudas el camino más expedito para conectarse con la divinidad.

Es por eso doctora Lucena que mi mente racional no puede entender el porqué de su proceder, he tratado de visualizar las mil y una teorías posibles para justificar su conducta en este momento histórico tan crítico que vive la República, esa Republica que la hizo ser a usted quien es.

Yo solo soy un venezolano de a pie, con ni siquiera la mitad de sus méritos o títulos, pero que estoy condenado a hacer las colas todos los dias para conseguir los productos de primera necesidad; que a veces tengo que buscar desesperadamente las medicinas para mi madre, sin esperanzas de hallarlas, yo soy de los que tienen miedo de morir en cualquier esquina y pasar a ser parte de las estadísticas, por el solo hecho de cargar un celular o “parecer que tenía real en la cartera” pero esta misiva no se trata de hacerle ver un drama que le es ajeno.

Una mujer con sus capacidades, sabe exactamente lo que está pasando en este país y sé que es consciente del vía crucis que se ha convertido vivir en Venezuela para todos los mortales de a pie, país donde más de 2 millones de compatriotas, preparados y tan calificados como usted, han tenido que abandonar la tierra que los vio nacer y se han visto obligados a formar parte del progreso y la prosperidad de otras naciones, guillotinandole a Venezuela esa posibilidad, como pais.

Dra. Lucena, usted no solo se encuentra en una dificilísima encrucijada en lo político , sino también en lo existencial, seguramente usted “por ahora” no crea en Dios (tampoco le voy a hacer propaganda) pero me niego a pesar que usted nunca ha tenido un pensamiento esencialmente cristiano, como el verdadero concepto de solidaridad, igualdad y sobre todo el de la caridad para con el otro; principios estos, que los mal llamados “socialismos” han tratado de abrogárse, tomándolos por asalto a través de la historia; eliminando a Dios y poniendo a un “Hombre Nuevo” en su lugar, que al final representa solo la más patética entelequia metafísica, un fantoche inexistente y sin resultados en la historia, que usted tanto defiende.

Usted, que es una apasionada del materialismo histórico en estos momentos cruciales se da cuenta que no es un movimiento inorgánico de masas lo que está determinando el futuro de Venezuela como nación, sino que es usted sola, como individuo, la única que en estos momentos tiene la responsabilidad y todo el peso sobre sus hombros de salvar a esta nación o condenarla al más cruento de los desenlaces… ¡Y recuerde que no es lo mismo llamar al diablo, que verlo venir!

Yo no puedo creer Dra. Lucena que una mujer con su formación y talentos esté sometida a recibir órdenes de un psicólogo (o psicópata) más parecido al Dr. Moreau, prisionero de sus propios mounstros, encerrados en su isla mental; o de un teniente del Ejército, que intentó dar un golpe de Estado contra ese país que la formo a usted; faltando a su juramento y condenado a muerte a más de un compañero de armas y ni hablar de los civiles, víctimas inocentes de tan salvaje e irresponsable acción traicionera.

Tampoco puedo creer que usted se deje dar órdenes de un hombre que por “asomado” como en el cuento de “El diente roto” llegó al cargo de Presidente sin tener los méritos , el carisma (y quizás ni los votos) y que adicionalmente, es susceptible a ser ilegitimado, en el momento en que quede demostrado su verdadero origen y nacionalidad. ¡Dra Lucena usted no está allí para recibir órdenes está allí para darlas!

Me cuesta creer que usted pueda ser cómplice de estar entregando a este “su país” en manos extranjeras, como lo ha hecho este gobierno irresponsable y despótico en los últimos 17 años, sirviéndonos como desechos a los imperios emergentes (como China, Rusia, Irán o la India) y despojándonos hasta de nuestra idiosincrasia y de lo poco que nos queda como nación.

Existe una gran diferencia Dra. Lucena entre la creencia y el conocimiento, sé que usted el conocimiento lo tiene y no dudo de sus capacidades para tomar decisiones correctas, pero ya decía Kant que la importancia de la creencia se muestra, cuando al momento de nuestra muerte, en vez de convertirnos en abono uno se lo encuentra a “ÉL”… ¿Que le podría decir…? ¿Que no fué su culpa…? ¿Que la engañaron…? ¿Que la extorsionaron o la amenazaron…?

Lamentablemente Dra. Lucena, ninguna de esas pueriles excusas van a valer; San Agustín mantenía: “que uno al morir solo se lleva sus buenos y sus malos actos” y que el destino final solo dependerá de nosotros mismos, Dios no condena Dra. Lucena, uno es el que se condena. Uno es el único responsable de las decisiones que en vida toma. ¡Ese, Dra Lucena, es el principio esencial de la Libertad!

Querida Dra. Lucena, usted no tiene excusas para no hacer lo correcto, lo justo, lo que el sentido común, la moral y la ética le indican; esta es la más grande oportunidad de reivindicación y el más importante y trascendental reto que la vida le pondrá al frente.

Usted es la única que decide; solo le digo, y con todo respeto, que hacer lo contrario sería traicionarse a usted misma, como venezolana y como mujer, sería ir en contra de sus propios méritos y talentos y seguramente principios, aquellos que pudieron ser desarrollados gracias a la oportunidad de estudiar y vivir en un país libre y decente, sin sobresaltos; que fué aquella Venezuela que la formó con la sola esperanza de que usted le diera y colaborara con la prosperidad y la paz que ésta, nuestra nación merecia.

Solo le suplico, le imploro, Dra. Lucena que crea en usted misma, que escuche su conciencia y que haya valido la pena el poseer todo ese conocimiento que le pudieron aportar Comte, Durkheim, Weber, Parsons y Habermas.

Yo aún tengo la esperanza de que no se traicione a usted misma. Dra. Lucena, sé que poder tocar la “Messagesquisse” para violonchelo de Pierre Boulez es dificilísimo y no dudo ni por un instante que usted lo puede hacer de forma magistral.

Pero, increiblemente usted bien sabe Dra. Lucena que es mucho más fácil y sencillo tomar la decisión correcta, justa y noble que le implora el pueblo venezolano, y alli incluyo a todos los habitantes de esta nación, que estamos regidos por una Constitucion que nos dá el derecho a decidir y a tener un futuro.

Dra Lucena, lo más importante, es que recuerde las miles de vidas inocentes de venezolanos como usted y sus seres queridos, que se podrán salvar y que están dependiendo solo de su “Única y Sabia Decisión”………
(inédito) ( confusio ) ( quien sabe ) ( NPI del origen )… Pero hay que Difundirlo… Cuento con ustedes… GRACIAS.

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