awriterwithfreedom Los Fernández Barrueco y los Varela socios en los negocios que unieron a Venezuela y Panamá

En conversaciones familiares íntimas los Fernández alardeaban :- “Ya nos adueñamos de Venezuela y nos adueñaremos de Panamá que es una aldea.”
Las relaciones entre los Fernández y los Torrijos eran tan íntimas y cercanas, que los primeros  tenían un acuerdo de ” colaboración ” con el temido G2 para proporcionar información de las actividades de la pareja presidencial panameña .
A Martín y a Vivían Torrijos les encanta el “discreto” “turismo sexual” de Estado en Cuba ” . Eran muy liberales y al llegar a la isla y cada quien se dedicaba a recibir las atenciones de su respectiva pareja .
Aun así, Torrijos generó prosperidad para Panamá durante su gestión de gobierno, aprovechándose de la bonanza petrolera del gobierno de Hugo Chávez y concretando lucrativos negocios.
Los turistas venezolanos eran adorados y esperados por los taxistas panameños, quien los conducían a los sitios especiales para “raspar cupos Cadivi” y obtener dólares en efectivo, a cambio de una comisión.
Las relaciones eran tan buenas, que Chávez le pidió a su homólogo Torrijos secuestrar a Gustavo Arraiz y deportarlo, para ponerle preso y que pagara por las ofensas en contra de su amada hija, María Gabriela Chávez.
Los Fernández Barrueco tenían varios pisos en el edificio presidencial del conocido y exclusivo hotel Miramar, en plena cinta costera, donde hacen desde entonces cercana amistad con otro vecino: Juan Carlos Varela.
Además de dichas propiedades, también tenían otros inmuebles, propiedades, oficinas, empresas y hasta aprovecharon tal bonanza para extender sus tentáculos, hasta Costa Rica y Ecuador.
Los Fernández Barruecos contaron con la asesoría de Erasto Fernández, Pedro Luis Martín Olivares, y hasta contaron con los servicios de un cuestionado ex agente de la CIA .
Astillero Braswell .
El grupo Fernández Barruecos logra obtener la concesión del Astillero Braswell, ubicado en pleno Canal de Panamá, el más grande de la costa pacífica del continente americano. Las más grandes embarcaciones de esta parte del mundo, particularmente de norte america e incluso embarcaciones de guerra y submarinos, debían pasar por allí.
Con la complicidad del gobierno de Martín Torrijos, del gobierno de Hugo Chávez – a través de Hugo Carvajal y Pedro Luis Martín Olivares – y de los carteles del narcotráfico colombiano, en el codiciado y famoso astillero se empezaron a preparar dobles fondos y compartimientos especiales para transportar grandes cantidades de cocaína por el mundo .
El gobierno de Ricardo Martinelli les revocó la concesión, pero esto no fue razón suficiente para detener las buenas relaciones con la familia Varela, hasta que el entonces Canciller resultó electo presidente, en un cuestionado proceso electoral, denunciado por vicios y fraudes electrónicos. Se sospecha que técnicos venezolanos , colombianos y cubanos participaron en el mismo.
Meses atrás, el muy conocido Mayor Alex Cedeño denunció que en el  mismo edificio residencial, donde residen los Varela y Fernández Barruecos, a pocos metros de los apartamentos de estos, se mantenía una gran “caleta o caleto” de cocaína. ¿Casualidad o negocios compartidos?

El escándalo .

El banquero venezolano, Ricardo Fernández Barruecos, apresado en Caracas – años atrás- por no poder demostrar claramente el origen de los fondos para la compra de dos bancos y una empresa de telecomunicaciones, tendría grandes inversiones en Panamá.

Una investigación publicada ayer por el periódico venezolano “Últimas Noticias” señala que Fernández Barrueco tiene registradas en Panamá al menos “16 empresas de los sectores aéreo, inmobiliario, alimentos, astilleros y pesca”. Su hermano Felipe, sería el representante legal de otras 11 firmas y Gustavo, el hermano menor, sería dignatario de otras dos empresas, también registradas en Panamá.

Dentro de las empresas panameñas de los Fernández Barruecos figuran el Astillero Braswell, comprado en el año 2006 por US$8 millones, compra no refrendada entonces por la Contraloría General de la República.

Durante los últimos años, al menos tres grandes bufetes panameños habrían mantenido relaciones comerciales con Fernández. Destacan las firmas Morgan & Morgan, Robles & Robles e Infante, Pérez y Almillano como representantes de Fernández Barrueco en diferentes asuntos legales, entre ellos negocios relacionados con litigios ante el Estado panameño y el registro de embarcaciones. Las firmas, no confirmaron a La Estrella su vinculación, pero tampoco la negaron.

¿APORTES A CAMPAÑAS?

La periodista venezolana Patricia Poleo, en el diario El Nuevo País , publicó que Fernández habría contribuido con importantes sumas de dinero a la campaña presidencial de la entonces candidata del PRD Balbina Herrera.

La ex candidata negó tajantemente la versión, y aseguró no haber recibido financiación del extranjero. “Mi campaña costó US $5.4 millones, información corroborada por el Tribunal Electoral. ¿A quién le habrán dado ese dinero?”.

Según la periodista Poleo, el antiguo jefe de escoltas de la familia Fernández Barruecos, Luis Castro, habría filtrado “a agentes federales destacados en Panamá, datos de la financiación a la campaña de Balbina Herrera en ese país, además del aporte que los hermanos Fernández Barruecos habrían hecho a candidatos, en otros países de Centroamérica”.

Como consecuencia de ello, asegura Poleo, la esposa de Castro y su sobrina fueron atacadas a tiros en noviembre del año pasado en el sector de Carrasquilla. Ambas mujeres salieron con vida del atentado, pero la esposa del escolta habría perdido un ojo producto de la balacera.

El atentado .

El viernes 17 de octubre del 2008 a las 10 a.m. en el sector de Carrasquilla, Ciudad Panamá, una mujer que conducía un vehículo Mazda blanco, fue interceptada por otra que le disparó 15 veces.

La mujer sobrevivió. Ocho balas hicieron impacto en su cuerpo. Una entró por la sien y salió por el párpado, dejándola ciega del ojo izquierdo.El atentado se convirtió en un nuevo embrollo para la ya complicada vida pública del empresario venezolano Ricardo  Fernández Barruecos, quien estuvo  preso en Caracas por fraude bancario.

La víctima, era la esposa de Luis Castro, un ex consultor de seguridad de las empresas de Fernández en Panamá, quien se había marchado el año anterior por una serie de discrepancias con los propietarios y algunos directivos.

A los cuatro días del atentado, Castro se presentó en la fiscalía auxiliar de Panamá y pidió que fueran investigados Fernández, sus hermanos Felipe y Gustavo, y otros empleados y directivos de la empresa, según una declaración bajo juramento en nuestro poder.

Si bien la declaración de Castro no contiene un señalamiento definitivo, que comprometa a Fernández, ni a los demás en el atentado, el documento puso al descubierto aspectos inéditos y sorprendentes de la compañía, así como de la personalidad y el pasado del empresario.

Entre ellos: las conexiones con el gobierno de Cuba, las tempestuosas relaciones con Pedro Luis Martín Olivares, un oscuro ex funcionario de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención de Venezuela (Disip) y las tensas rencillas familiares de los Fernández     Barruecos.

En numerosas entrevistas, Castro, quien ahora reside en Miami, amplió las impresiones que recogió durante su corto paso por la firma atunera Fextún en Panamá, controlada por Fernández, un empresario venezolano-español, que trató siempre de mantener un perfil discretísimo de su vida y sus negocios.

Fextún es sólo una de más de 200 empresas del grupo empresarial de Fernández. Hasta que fue detenido en Venezuela y sus propiedades intervenidas, Fernández era uno de los hombres más ricos de América Latina. En el 2005. su fortuna fue calculada en  US $1,600 millones.

Dueño de un emporio agroindustrial integrado por la compañía pesquera más grande del Pacífico Sur; inversiones en Panamá, Costa Rica, Colombia y Ecuador; una flota de buques tanqueros, un astillero en Panamá con 1.200 empleados, y últimamente cuatro bancos con sede en Caracas, Fernández logró amasar gran parte de este fortuna, durante el gobierno del presidente Hugo Chávez.

Castro dijo que supo de las conexiones de Fernández con Cuba, a raíz de una conversación informal en la oficina de éste en Panamá. Estaban también presentes Luis Javier Magallanes y Arturo Rodríguez, empleados de seguridad de la organización en Venezuela.

Magallanes cometió la imprudencia de preguntar por 28 vehículos marca BMW, que habían sido enviados a Cuba desde un puerto venezolano, recordó Castro.

Fernández lo miró como diciéndole: “¿Y cómo es que este estúpido se atreve a tocar este tema”, comentó Castro.

Visiblemente incómodo, Fernández explicó que los automóviles fueron enviados para congraciarse con el gobierno cubano, agregó Castro.

Agregó que Fernández tenía una buena relación con el gobernante Raúl Castro. Cuando Fidel muriera y Raúl tuviera el control absoluto del poder, Fernández esperaba “tomar ventaja, en la compra de algunas empresas quebradas en Cuba, a las cuales le inyectarían dinero para reflotarlas”, explicó Castro.

Otra fuente que trabajó en la organización de Fernández, y que pidió no ser identificada por razones de seguridad, dijo que el obsequio de los automóviles a funcionarios cubanos, fue un gesto de Fernández, en compensación por su atraso en el cumplimiento de una misión que le había asignado su amigo Chávez.

La misión consistía en cooperar con Cuba, en un plan de recuperación económica.

Según la fuente, Fernández parecía más interesado en el futuro que en el presente de Cuba y sus continuos viajes a la isla y reuniones con el entonces canciller Felipe Pérez Roque, buscaban allanar el camino “para ser el primero” a la hora en que se desintegrara el régimen comunista.

El gobierno cubano anunció en marzo de este año, la destitución de Pérez Roque en medio de una purga política que incluyó al vicepresidente Carlos Lage y a otras altas figuras de la nomenclatura castrista.

Antonio Guerrero, abogado de Fernández en Venezuela, dijo desconocer los detalles de la declaración de Castro en Panamá, pero explicó que están surgiendo toda clase de versiones, para hundir injustamente a su cliente, ya sea mostrándolo como un enemigo soterrado de Chávez, o como un estafador.

“Vamos a demostrar que Ricardo es inocente de todo lo que le atribuyen y que la Superintendencia de Bancos manipuló la información”, afirmó Guerrero, aludiendo a la investigación que realizó ese organismo por supuestos autopréstamos millonarios de los bancos de Fernández.

Cuando fue contratado en septiembre del 2007, Castro se desempeñaba como consultor de seguridad de empresas y mantenía estrechos lazos con funcionarios federales de Estados Unidos, por diversas operaciones conjuntas que realizó en Venezuela, en su calidad de especialista en el área de terminales marítimas y aéreas.

La gerencia de Fextún asignó a Castro, la seguridad de la compañía, para evitar que los buques atuneros fueran usados para trasiego de drogas o personas. Su esposa fue contratada como asistente de la Gerencia.

Pero quizás en lo que sus nuevos patronos le hicieron mayor hincapié, fue en investigar los movimientos de Martín, ex Director de Inteligencia Financiera de la Disip.

Martín y Fernández habían tenido un altercado por un negocio cuyos detalles Castro ignora. “Aparentemente, Fernández le debía dinero a Martín”, dijo.

Fernández pensaba que Martín estaba empeñado en arruinar su reputación. Para ello utilizaba su poder en los organismos de inteligencia de Venezuela y el acceso que tenía a un agente del Buró de Investigaciones (FBI) en la embajada de Estados Unidos en Caracas.

También sospechaba que Martín había pasado información falsa al gobierno de Estados Unidos sobre una supuesta utilización del avión ejecutivo de su propiedad, para introducir drogas a este país.

Agentes de la Administración Antinarcóticos de Estados Unidos (DEA) confiscaron el avión, en mayo del 2007 en Fort Lauderdale.

Investigaciones posteriores realizadas por consultores de Fernández hallaron que el plan original de sus enemigos era plantar droga en el avión. El ardid no resultó porque la aeronave no hizo escala en la ciudad venezolana, donde se le cargarían dos kilos de cocaína.

Un año después del incidente en el aeropuerto de Fort Lauderdale, Fernández debió pagar una multa de US $1 millón y fue obligado a vender el avión, por irregularidades administrativas relacionadas con su matrícula.

El arreglo con el gobierno no contenía ninguna cláusula que comprometiera a Fernández en narcotráfico.

Con el paso del tiempo, Castro entendió las dimensiones de la guerra, que supuestamente libraba Martín contra Fernández. En un viaje a la planta Propesca, empresa del conglomerado en Manta, Ecuador, se enteró de nuevos detalles.

Allí, recordó Castro, recibió un dossier que había sido interceptado a Martín, y que se refería a actividades presuntamente ilegales de Fernández.

Castro mostró el expediente que presuntamente Martín preparaba, para desacreditar a Fernández.

Entre los documentos, Martín informa de una supuesta investigación por lavado de dinero de las empresas de Fernández a través de la compraventa de bonos de deuda pública (conocidos como Bonos del Sur) y de la estatal petrolera Pdvsa; hay registros migratorios de Fernández desde 1974 hasta el 2007 y tarjetas de identificación dactilar.

“Cuando uno menciona a los amigos el nombre de Martín por teléfono, ellos se hacen como si estuvieran sordos:”¿Quién? No te oigo bien’, dicen. Es un hombre del que nadie quiere hablar”, comentó un ex funcionario de la Disip.

Otro de los objetivos de la investigación encomendada a Castro fue Hugo Carvajal, jefe de los servicios de inteligencia del Ejército venezolano, y un hombre de acceso directo a Chávez.

Fernández pensaba que Carvajal, por su amistad con Martín, también quería hacerle daño, sostuvo Castro.

En septiembre de ese año , la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (Ofac) del Departamento del Tesoro, designó a Carvajal como un colaborador del terrorismo internacional, al afirmar que auxilió a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) protegiendo cargamentos de drogas, y suministrándoles armas para que mantuvieran el control militar del Departamento colombiano de Arauca, en la frontera oriental con Venezuela.

El tercer personaje en la mira de Fernández, por su asociación con los dos anteriores, era el ex ministro de Interior y Justicia, Ramón Rodríguez Chacín, explicó Castro. Rodríguez también fue designado por Ofac como cooperador de las Farc.

“A mí me pusieron a investigar las relaciones de Martín Olivares y Hugo Carvajal, las operaciones en Panamá, y si ellos estaban teniendo entradas a Colombia o Ecuador”, indicó Castro.

En medio de su trabajo de identificar las fallas de seguridad de las empresas, y al mismo tiempo investigar a los enemigos y competidores de Fernández, Castro empezó a percibir actitudes de desconfianza hacia él, recordó.

Tanto el abogado de la organización, José Gregorio Camacho Uzcátegui, como el socio de la atunera, el costarricense Manuel Pérez Pazos, estaban bajo la impresión de que Castro había sido la fuente de un artículo periodístico publicado en Ecuador, sobre las inversiones del grupo en ese país. Castro lo negó.

También pensaban que Castro estaba detrás de informaciones relacionadas con la financiación de Fernández, de la campaña de la candidata presidencial panameña Balbina Herrera este año.

Días después, el asunto fue más delicado: Bernardo, uno de los hermanos de Fernández, le hizo saber a Castro, a través de otros ejecutivos de la organización, que se habían enterado de que estaba ofreciendo para la venta, información del conglomerado empresarial al gobierno de Estados Unidos, según la declaración de Castro ante la Fiscalía panameña.

De acuerdo con esa versión, Castro había ofrecido la información a un agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de apellido Stuart, que trabajaba en la embajada de Estados Unidos en Panamá.

“Todo esto era falso y absurdo”, comentó Castro. “¿Cómo voy a poner yo en riesgo un empleo por el cual recibíamos entre los dos, mi esposa y yo, US $10,000 mensuales, carro y apartamento con vista al mar, viáticos y pasajes? Hay que ser bien bruto”, agregó.

En abril del 2008, indignado con la acusación, recordó Castro, se dirigió a la sede de las oficinas de la empresa en el edificio Dressner de ciudad de Panamá y recogió sus cosas.

“Sospechaba de una conspiración interna para lograr mi salida”, declaró Castro a la Fiscalía.

Ante la sorpresa de quienes seguían de cerca la batalla, Fernández se reconcilió con Martín un año después por sugerencia de Chávez, según una fuente familiarizada con Fernández.

Castro aseguró que días antes del atentado a su esposa, había sido perseguido por tres automóviles diferentes y que recibió amenazas desde el correo electrónico yonosetusisabes@yahoo.com.

El autor anónimo de los mensajes citó ciudades específicas donde vivían familiares de Castro en Venezuela y le advirtió: “No sólo en Cuba y Venezuela existe el G-2, [servicios de inteligencia cubana], también en Panamá”.

En vista de esta situación, Castro dijo que radicó una declaración en la Notaría IV de Panamá, responsabilizando de cualquier cosa que le ocurriera a él o a su familia a los hermanos       Fernández y a directivos y empleados de la compañía.

“El atentado iba a ser perpetrado contra mí, pero al no encontrarme yo en la ciudad de Panamá, por cumplir compromisos en los Estados Unidos, dieron la orden de actuar en contra de mi familia”, declaró Castro, según una copia de su testimonio .

Castro sostuvo que los directivos de la empresa buscaban excusas para sacarlo, debido a que manejaba mucha información y para que no tuviera acceso “a información más sensitiva”. (Sic)

La investigación en Panamá, por el atentado contra su esposa continúa abierta. Las autoridades identificaron a la mujer que disparó, como miembro de la banda “Matar o Morir”, del barrio Cruz Blanca, sector Curundú, en Ciudad Panamá.

La historia de película .

Los Fernández Barruecos entran al entorno presidencial durante el paro petrolero del 2002, cuando Bernardo, quien actualmente dirige las operaciones del grupo en Panamá, reaparece en Barinas y se vincula con Adán Coromoto Chávez Frías, con quien inician una relación estrecha de negocios e inversiones.

Además, creyéndose un estratega político, Ricardo Fernández Barruecos había hecho acercamientos con un sector opositor, intentando su salvación una vez que terminara el gobierno de Chávez. De hecho, la campaña de Wilmer Azuaje en Barinas, fue financiada por éste personaje quien además comparte abogado (Reinaldo Gadea Pérez) con el entonces copropietario de Globovisión, Nelson Mezerhane.

Los cuatro  hermanos .

El grupo Fernández Barruecos incluye a cuatro hermanos: Ricardo es el cerebro, Bernardo el operativo, Felipe el de las finanzas y Gustavo el menor, los asiste en temas legales.

Este es el perfil de cada uno de ellos:

Ricardo Fernández Barruecos, venezolano, nació en Caracas, el 09 de Abril de 1965, titular de la cédula de identidad: V – 9.095.496, se crió en la populosa parroquia La Candelaria, sus padres, Bernardino Fernández de origen español administraba el estacionamiento del hotel Caracas Hilton, hoy Alba Caracas, su madre Antonia Barruecos, también de origen español poseía una peluquería en Caracas.

Bernardo Fernández Barruecos, caraqueño, titular de la cédula de identidad: V – 6.249.962, casado con la hija de un Coronel ( R ) de la Guardia Nacional de Venezuela, es la persona encargada de manejar las operaciones en Panamá, así como lo referente al astillero Braswell, otorgado en concesión por el Gobierno del ex presidente panameño, Martín Torrijos, y revocado luego por Ricardo Martinelli .

Felipe Fernández Barruecos, también nacido en Caracas, el 10 de Abril de 1970, titular de la cédula de identidad: V – 10.506.135. Actualmente vive en Caracas, se casó en abril del 2008. La boda se llevó a cabo en la Quinta La Esmeralda, en Caracas. El costo del festejo fue de 1 millones de bolívares.

Desde las empresas en Panamá, se hicieron transferencias para pagar las delicatesses. Felipe poseía la concesión del gimnasio del Hotel Caracas Hilton, hoy Alba Caracas, lugar donde se concentra la mayor cantidad de agentes de inteligencia del G2 Cubano.

Gustavo Fernández Barrueco, es el hermano menor, caraqueño, nacido el 31 de Agosto de 1975, titular de la cédula de identidad: V 12.384.645, de profesión abogado, graduado en Caracas, pero actualmente vive en Panamá y está recién casado.

Todos los hermanos Fernández Barruecos, nacieron en Caracas y se criaron en la populosa parroquia Santa Rosalía, específicamente en la siguiente dirección: Cristo a Isleño, Edificio Don Agustín, Piso 07, Apartamento 71, Santa Rosalía, Municipio Libertador, Distrito Capital.

El origen de la fortuna

Los Fernández Barruecos son hijos de inmigrantes españoles, que se radicaron en La Candelaria a su llegada a Venezuela.

Hasta el año 2002 no se les conocía grandes fortunas, sino un negocio rentable, pero nunca milmillonario de gandolas transportadoras de granos. Durante el paro petrolero, los Fernández Barruecos pusieron su transporte a la orden del Régimen, a través de Adán Chávez y el presidente Chávez les demostró su agradecimiento entregándole el negocio de proveer alimentos a Mercal.

En seis años, Ricardo Fernández Barruecos amasó una fortuna incuantificable. En Panamá poseían  12 barcos atuneros, reunidos en el Grupo Fextún, y en Europa tendrían 16 buques cargueros. Además obtuvieron la concesión de Astilleros Braswell, que solo en un año produjo más de US $50 millones de dólares líquidos.

Las jactancias  del boliburgués

Ricardo Fernández Barruecos se cuidó siempre de mantener un bajo perfil, lo cual le era beneficioso para las múltiples negociaciones que adelantaba en Venezuela, Panamá, y Colombia.

De hecho, hay fotos de todos los hermanos excepto de él, y su nombre, a pesar de que ha sido el empresario más beneficiado por el Régimen, era el menos escuchado de todos los “boliburgueses”.

Inviertió mucho dinero en medios, no para que publiquen a su favor, sino más bien para que no digan una palabra acerca de él y sus negocios. De hecho en Panamá, es muy poco lo que se reseña en la prensa, sobre estos hermanos a pesar de las inversiones cuantiosas que tienen en ese país.

Sin embargo, Ricardo Fernández no mantenía la misma discreción en privado. Permanentemente se jactaba de que el G2 lo protegía, e incluso aseguraba que el gobierno de Estados Unidos “no se atrevía a tocarlo”.

El años artás Ricardo, envió desde Venezuela por vía marítima 28 vehículos BMW a Cuba. La finalidad era ir comprando a Raúl Castro y sus más cercanos colaboradores, para cuando Fidel muera, tomar posición en muchas de las empresas cubanas, que se encuentran quebradas, sobre todo los astilleros, invertirle un capital y de esta manera reflotarlas.

Tampoco son discretos con los lujos y la forma de vida. A Ricardo se le vio gastando en una tarde US $50 mil dólares en la tienda Lacoste, su marca preferida, mientras que Felipe no se viste sino de Dolce Gabbana.

Se trasladan en varios vehículos, todos marca Porsche Cayenne y Mercedes Benz. En varias oportunidades se les escuchó decir que “ese llamado Venezuela, ahora es cuando hay que sacarle el jugo”.

Testaferro  y compañero de prisión

Uno de los asesores legales de Fernández Barrueco fue Reinaldo Gadea Pérez, quien representaba también a Nelson Mezerhane. Pero la mano derecha y quien aparece públicamente como su abogado y testaferro más importante es José Gregorio Camacho Uzcátegui, quien maneja las 176 empresas de este grupo, y estaba se encontraba preso junto a Ricardo Fernández en la Disip.

La presión sicológica como “modus operandi”

Los Fernández Barruecos se dedicaron a comprar entidades bancarias y diferentes empresas, sin relación sectorial unas con otras, sometiendo a los propietarios a presiones sicológicas.

De los cuatro bancos intervenidos, tres habían pertenecido al empresario Eligio Cedeño, quien estuvo preso en la Disip. Aunque Cedeño no ha contado cómo cedió finalmente a vender sus entidades financieras, es sabido que Fernández Barruecos lo presionó con su libertad, y la complicidad de Pedro Luis Martín Olivares .

Con las empresas Polar, los hermanos Fernández aplicaron la misma estrategia, instigando al acoso contra dicha empresa. En cada oportunidad que Ricardo Fernández Barruecos se reunía con Hugo Chávez, acusaba a Lorenzo Mendoza de desestabilizador, señalándolo de participar en reuniones conspirativas.

Su objetivo era que el gobierno expropiara las empresas Polar, para proceder a comprarlas a través de testaferros. A ello se debe el permanente acoso a empresas Polar, por parte del Indecu, Seniat, Ivss, etcétera, etcétera

Fernández Barruecos estaba también detrás de la compra de Banesco, y desde Panamá se orquestó una campaña de rumores, para producir la corrida de dicha entidad bancaria y así proceder a adquirirla.

La última empresa que los hermanos Fernández Barruecos adquirieron utilizando este modus operandi, fue una planta procesadora de atún y unos barcos atuneros, que operaban en Punto Fijo, propiedad de Francisco Ortisi, a quien convencieron de que Hugo Chávez ya había dado la orden de expropiarlos. Así adquirieron a precio de gallina flaca los barcos atuneros Judivana, Calypso, Conquista, Don Francesco, Carmela, Carirubana, y Falcón.

Más historias . 

Ricardo Fernández Barruecos, era de los hombres más ricos de la Venezuela de Hugo Chávez, pasó unas Navidades en un calabozo del sótano de la sede de los servicios de inteligencia militar en Caracas.Estaba acusado de un multimillonario fraude bancario.

Para Fernández ha sido difícil soportar las condiciones de la cárcel, según su abogado, Antonio Guerrero.“Sufre de presión alta y la diabetes, se le ha agudizado porque las instalaciones no están diseñadas para tener gente, no hay ventilación ni luz natural” . Por motivos de salud logró su libertad .

Atrás habían quedado  los días en los que Fernández, de 44 años, dormía en los silos de Almacenes de Depósito Agropecuario (Adagro), la compañía de su mentor y más tarde socio en Venezuela, Sarkis Arslanian.

Entonces tenía la tarea de vigilar las instalaciones, como contrapartida de una deuda que mantenía con Arslanian, según un estudio confidencial que preparó una importante firma de seguridad de Estados Unidos. La distancia en dinero, posición y poder entre ese joven esclavo económico de su mentor, y el personaje que fue arrestado es astronómica.

Fernández era uno de los hombres más ricos de América Latina, con una fortuna que fue calculada en US $1,609 millones en el 2005, por una filial de la firma de contabilidad KPGM en Caracas. En enero del 2008 su grupo empresarial Industria Venezolana Maizera Proarepa, controlaba directa o indirectamente 270 empresas; empleaba 5,000 personas y poseía una de las mayores flotas pesqueras latinoamericanas, según una auditoría de reputación personal (Reputation Selfdue Diligence) elaborada por la transnacional FTI Consulting.

La auditoría fue contratada por Fernández para contrarrestar una “campaña negativa”, basada en afirmaciones perjudiciales “a las que le faltan legitimidad, evidencias y respaldo”, afirmó el reporte de FTI Consulting.

Si la revista Forbes se hubiera fijado en Fernández, tendría que haberlo registrado entre los 500 hombres más ricos del mundo, al lado de Donald Trump.

Pero Fernández se encargó de que su nombre, su figura y sus negocios pasaran inadvertidos. Quizás por esa obsesión de privacidad, los cronistas de sociedad de Caracas no contaban con una sola fotografía suya, cuando el pasado 20 de noviembre las autoridades venezolanos anunciaron su arresto.

El único gesto público de figuración que se le conoce, es la inicial de su apellido en la proa de las embarcaciones de su flota atunera con sede en Panamá.

Fernández y su emporio han dejado de ser una incógnita.

A raíz de su arresto y acusaciones, salieron a flote informaciones sobre la enigmática vida a la sombra del poder de este hombre, a quien Chávez elogió como un ‘‘verdadero empresario socialista” en el 2006, y luego crucificó públicamente, poniendo en duda el origen de su fortuna.

Informes financieros, artículos periodísticos, auditorías inéditas, acusaciones de un ex asesor de seguridad y señalamientos de líderes de la oposición, han ofrecido nuevas piezas del rompecabezas de la vida y los negocios de Fernández.

Según personas cercanas, la meta de Fernández era convertirse en un competidor fuerte y en el mejor de los casos en un reemplazo de la familia Mendoza, que ha controlado durante décadas el sector alimentario y de bebidas de Venezuela. Los Mendoza son propietarios del Grupo de Empresas Polar, un emporio que produce desde harina de maíz hasta la cerveza de mayor venta de Venezuela.

La mayoría de las personas consultadas sobre la vida de Fernández ofrecieron su testimonio, con la condición de no ser identificadas por temor a represalias.

Fernández trabajó desde muy joven. Cuando tenía unos 14 años ayudaba a estacionar automóviles en un parqueadero de propiedad de su padre, Bernardino, en La Candelaria, un populoso sector del centro de Caracas.

Bernardino, inmigrante español, administraba también el estacionamiento del Hotel Hilton de Caracas, un punto cardinal de reunión de políticos y empresarios de la capital, donde Fernández trabó amistad con personajes ricos e influyentes del país, a quienes les parqueaba sus automóviles.

Fernández estudió economía en la Universidad Católica. Después de graduarse viajó a España, donde obtuvo en 1987 la representación de un negocio de venta de barcos pesqueros, que no prosperó.

A su regreso a Venezuela, convenció a Arslanian de que le concediera un préstamo, con el que compró una planta procesadora de arroz en Acarigua, estado Portuguesa, en la zona centrooccidental del país.

Construida durante el gobierno del presidente Marcos Pérez Jiménez (1952-1958), la planta estaba sepultada por escombros y maleza. Fernández reparó los equipos, y los puso en funcionamiento. Fue su primer negocio exitoso.

A su lado, como consejero y acreedor, siempre estuvo Arslanian, empresario de origen armenio que se había hecho rico, vendiendo mercancías no militares a la Guardia Nacional (GN), a través del comisariato de este organismo, que estaba bajo su control.

FTI Consulting aseguró que durante el proceso de privatización de empresas del Estado del gobierno de Carlos Andrés Pérez (1989-1993), Fernández logró el control de un puerto azucarero, para el cual además desarrolló obras de infraestructura. No se menciona la localización del puerto.

Después de la privatización, Fernández vendió las instalaciones del puerto, en las que funcionaban tiendas sin impuestos (duty free). Este negocio le reportó ganancias de unos US $36 millones, agregó el reporte de FTI Consulting.

Según FTI Consulting, a sus 25 años, Fernández ya tenía una fortuna de más de US $10 millones

FTI Consulting concluyó que “Fernández Barruecos es un prestigioso y exitoso empresario de los sectores agroindustrial y pesquero”.

No fue la imagen que proyectó otro estudio de las actividades de Fernández, elaborado por una firma de investigaciones de Estados Unidos. La investigación confidencial muestra al empresario como un oportunista, cuya principal habilidad fue haberse beneficiado de sus conexiones con la familia Chávez, específicamente con Adán, hermano del presidente.

De acuerdo con la investigación, Arslanian y Fernández lograron acceso al poder, gracias a su amistad con los hijos del presidente Rafael Caldera (1994-1999).

“A mediados de los 90 comenzaron [Fernández y Arslanian] a comprar plantas procesadoras de alimentos en decadencia, usando fondos del gobierno en la región de los llanos”, afirmó el estudio.

En este giro, agregó la investigación, Fernández conoció en Barinas al padre de Chávez, Hugo de los Reyes Chávez.

Los días de bonanza estaban por venir. En octubre del 2000, casi coincidiendo con el comienzo del gobierno de Chávez, Fernández creó la empresa matriz, que se convertiría en la mina de oro de su emporio, Industria Venezolana Maizera Proarepa, que fue registrada con un capital mínimo de un computador de US $1,500, afirmó el estudio.

Queda camino por recorrer . 

Nuestras investigaciones nos llevan a Manta , el mayor ponerte pesquero y de exportación de drogas de Ecuador . Para sorpresa nuestra encontramos coincidencias que unen al grupo Fernández Barruecos, a la más importante empresaria pesquera de Ecuador, al empresario petrolero – preso – venezolano Roberto Rincón y uno de sus hijos, al presidente de Panamá y uno de sus hijos, a la Autoridad del Canal de Panamá, al expresidente Abdalá  Bucaram y al tráfico de drogas . Al momento de cerrar este trabajo especial logramos ubicar a un ” testigo estrella”  que participó en el ocultamiento de cocaína de grandes embarcaciones en el Astillero Braswell del Canal de Panamá.

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