Columna de La Bicha 12/08/2018 Ayer se fue el Güero loco.

Para mi hija, Mariana Virginia…

Mi compañero de mi primer exilio se fue. Hace un año me dejó ir a mi segundo extrañamiento, sabiendo que por dura que fuera esta nueva prueba saldría airosa y triunfante. ¡Y así será!

“¿Entonces te vas, Niní, con rumbo incierto y desconocido? ¡A salvar tu vida y a no dejarte vencer por el miedo. ¡Resiste, guerrera! Te tocan los bombazos de la Batalla de Inglaterra. ¡Sobrevivirás y renacerás de tus cenizas. A la carga… mis valientes!

¡Tamaña sorpresa! Mariana… Yo, que creía que en esta hambruna, en este caos y en este horror en lo que los malos venezolanos convirtieron a mi patria, me tocaría -por rigor profesional- reseñar, investigar informar de la muerte de los otros por violencia, por inseguridad, por hambre, por mengua, por desamor…

El día de mi cumpleaños 26 de junio mi madre me dio la nueva, mi hermana mayor, Doris la catira preferida de papá y de mamá, se marchó languideció y fue muriéndose ante los ojos de todos, entre la tristeza, la necesidad, la mengua, y sus logros: la integridad, el amor de sus hijos, su marido, mi madre, sus hermanas, mis hijas, mis nietos y todos nosotros, que somos una mano abierta y cuándo nos toca el dolor, el infortunio, la riqueza y la alegría nos cerramos en un puño a compartir o a consolarnos.

Y el sábado, a las 2 pm recibí la ¿buena o mala? nueva de que mi tío-hermano-compañero Juan Bautista Velásquez partió dejando atrás unos lamentos, unos quejidos, una inamovilidad que no conocía, que nunca había sentido y que nunca habría preferido, que jamás hubiera deseado.

Él, el silencioso mozalbete, el hombre taciturno que tenía un cáustico sentido del humor, de escasas palabras, por no estar dotado del don de la elocuencia, con quien era para mí un placer cognitivo leer muchos libros y ver los documentales sobre la guerra de Corea, o de los bombazos de Truman sobre Iroshima y Nagasaky o de la II Guerra Mundial donde describía y diferenciaba los aviones las bombas, los uniformes, los paisajes, las batallas…

Se le iluminaban y chispeaban sus ojillos dorados con pestañas rubias, y era estupendo gozarse el hecho de que sabía tanto o más  que el narrador del documental. ¡Ladrón de mis libros, memorioso, experto en separar el trigo de las mieses e ir al grano, directo, despejado de palabras superfluas o estúpidas…! ni sabía echar chistes ni los comprendía muy bien qué digamos.

Hija, sucede que mi tío era mi compañerito. A pesar de ser mayor que yo siempre fue mi hermanito, aun cuando jugábamos las tres hermanitas Bere, Mary y Yen… y él era nuestro niño, nuestro bebé, a quien teníamos que darle biberón con leche… porque reclamaba que alimentarlo, ponerle pañales, era un muñeco vivo.

En el año 1952, cuando mataron a Leonardo Ruíz Pineda, hubo un allanamiento en la casa donde los esbirros de la Seguridad Nacional rompieron todo y se llevaron de la casa a todos los adultos presos.

Yo tenía 4 meses y él 11 años y se quedó solitario, silente, en medio de los gritos y de la casa destrozada, conmigo en los brazos, me alimentó y me aseó… y cuando supo que ya no podía manejar la situación, averiguó el paradero de mamá decidió, mandando en su miedo y en su hambre, montarnos en un bus de circunvalación entre Los Rosales y El Paraíso, llegarse conmigo a donde tenían a mamá presa.

Así mi tío-niño… se sentaba a las puertas un día tras de otro día mañana y tarde… hasta que la liberaron, porque yo lloraba mucho. Luego creció y el mozalbete muchas veces nos mitigó el hambre de los perseguidos políticos, robando mangos en las matas… en la ciudad de Caracas.

Meses más tarde, papá salió en libertad en su 6to carcelazo como preso político de Marcos Pérez Jiménez en la cárcel “La Modelo”, seríamos expulsados… paramos la carrera primero papá, detrás mama, tío Juan y Maricela… y yo a México, exiliados.

Allí mi tío Juan consiguió otra brillante herramienta en eso de la sobrevivencia, en la que era experto: nos mitigó el hambre jugando “canicas”, -como llaman a las metras en el DF,- porque era muy bueno en jugar “palmo y pepa, rayo, agüitas”…  y “ruchaba” a todos los mexicanos que contemplaban deslumbrados, pues solo tenían metras monocolor y pequeñas, mientras él tenía metras “bolondronas” grandotas y pequeñas pero transparentes con un adorno multicolor en el medio, y los mexicanitos se fascinaban y se las compraban y luego…  él ¿Adivinas? se las ganaba otra vez, jugando.

Mi tío nos llevaba asidas fuertemente de las manos, a Maricela y a mí al parque de Xochimilco, a Chapultepec  y al del frente de la casa en la colonia Roma, donde vivíamos, por cierto, hija… mamá tiene un álbum con las fotos donde mi tío Juan llevaba las riendas de un cabriolé, un cochecito de mimbre, tirado por un chivo… en Xochimilco, tu tía Maricela iba sentada paseando y yo con sandalias y vestido de vichí rojo… caminando a su vera.

Ojalá y te la puedan mandar… Recuerdo que mi amado tío-hermano-mozalbete, en sus bolsillos ocultaba las florecitas de la grama, -unas mínimas margaritas,- que yo arrancaba para llevarle a mama… en el DF en la Colonia Roma, lo llamaban “el güero -rubio- loco”, porque era muy alto, muy rubio y muy temerario, en sus “tesoros” tenía –herramientas para la diversión y la sobrevivencia,- un par de patines de 4 ruedas con los que se lanzaba a toda velocidad por esas calles, con una bufanda que le alborotaba el viento helado de esa ciudad helada, para asombro de sus “cuates”,- los panas  para los venezolanos.

Tío Juan, era el muchacho de mandados de papá y mamá traía las bolsas de la compra del mercado, llevaba hallacas, casabe que ellos hacían y cobraba el dinero en tiempo record, “volando” en sus patines, a sus compradores: la colonia venezolana… raudo y veloz por allá corría “el güero loco, con sus patines…” es que nadie tenía unos así… además fue un brillante alumno de la escuela primaria…

Cuando mi tío Juan era adolescente y se había aburrido de ser el bebé de las tres hermanitas, además era tan grande, 1.86 más o menos que las cobijitas por enormes que fueran, no le arropaban los pies y quedaba sin arroparse los brazos.

Entonces, me enseñó a saltar la rayuela, a hacer malabares saltando la cuerda, a enrollar y lanzar el trompo, a hacer juegos con perinolas, a jugar a las damas chinas, ajedrez, a volar papagallos- cometas- y a jugar yakes… era un tramposo redomado y yo era, como tú me dijiste “una galla”, siempre ganaba, me veía “becerreao”… como quien no quiere la cosa…  trampeaba, me ganaba y se reía de mi…

Luego fuimos creciendo, nos separamos, él estudió interno en una Escuela Granja en Monagas y se graduó de Perito Agropecuario, solo había una materia que lo enloquecía, el álgebra.. y le dijo a mamá

-“Victorita, yo voy a poner fin a esta limitación, cómprame un libro que se llama  “Álgebra de Baldor”, ¡Carajo si los demás pueden pues no te quepa la menor duda, yo podré también!”… estuvo estudiando y en el examen definitivo obtuvo 20… se graduó y luego ejerció en Falcón… en la Sierra y en las Costas.

Un día, un oficial de la GN le propuso una trampa, un acto corrupto y él no le contestó sino con un golpe en la cara… y en su anillo de grado, la piedra quedó rota como recordatorio para todos nosotros, de que vale la pena ponerse violento, diferenciarse y romper el codiciado símbolo de tu logro, pero ser íntegro y honesto. Su diploma se lo regaló a mamá, que lo colgó en la pared a la vista de todos… fue el primer diploma y grado que alguno de nosotros obtuvo, era el símbolo del logro académico que todos obtendríamos.En esos tiempos mi tío Juan se hizo especialista en la II Guerra Mundial, me traía libros y se llevaba libros de mi biblioteca, se sabía de memoria las glorias de los aliados, el Día D, Römmel el león del desierto, me contó del compañero del general Patton, el perro bull terrier, Willie, en homenaje a Guillermo El Conquistador.… y competía con abuelo Otto y con tu tío Raúl a ver quién sabía más de esa hazaña y ese horror que fue la II Guerra Mundial

Mi tío, Mariana era un buen hombre, depresivo como los alemanes del Norte, como los prusianos de donde venía su estirpe… encorvado por alto, solitario, silente, poco comunicativo, brillante, inteligentísimo y muy disciplinado… lamento que no pude escucharle su voz desde que me vine al exilio.

Él me llamaba a las 4 de la tarde cada viernes y pasábamos una hora hablando… luego la miseria que es lo que reina en mi patria, le arrebató el celular y apenas cada vez que yo hablaba con tía Alicia le mandaba a decir que me bendijera, que me hacía mucha falta, que lo amaba, que era un modelo para mí, que siempre estuve muy orgullosa de él… y que me hacía falta escuchar su voz, con los mismos cuentos de la miseria, de la hambruna, de la carestía y de sus últimos días en el hambre inclemente de su pueblo donde se fue a morir, Caicara de Maturín, donde al fin estuvo retirado y rodeado de sus hijos y nietos, lejos de sus mimos y cuidados del Orquidiario de tía Maruja, en Los Altos Mirandinos…

Estoy segura de que luego del ACV severo, de la caída con fractura de cadera, de los dolores y la precariedad, mi tío Juan quería morirse. Hoy mi tía Alicia, mi hada madrina me juró que cada vez que le hablaba por teléfono, le decía una y otra y otra vez los mismos mensajes amorosos, mis recados que yo siempre le mandaba con ella…

Le pido a Dios que me de sabiduría para decirle “¡Gracias padre que mi amado tío, mi compañerito, se murió! y no siguió viendo esa miseria que su exquisita conversación y educación no le permitían entender o aceptar… sobre todo porque él ante el hambre y la necesidad resolvía –ya ni sus habilidades y picardías con las canicas, ni trepar matas de mangos, ni lanzarse raudo y veloz por las calles del DF estaban a su disposición,- en la Venezuela de hoy no se puede resolver.

Recuérdame para contarte cómo llorábamos leyendo libros, escuchando corridos y viendo películas sobre caballos, -sus predilectos los “cuato de milla”, “mustangos” y apaloosa”, la doma, su uso para el Ejército Yanquee y su persecusión luego de que no eran útiles para sacrificarlos ¡Ay Mariana. Cómo duele. Mándame sabiduría Dios mío!

https://www.youtube.com/watch?v=qOaHLJDEfzo&ab_channel=HF5BS

Para completarlo diré que estaba perdidamente enamorado de la cantante texmex Linda Ronstand y de la griega que cantaba a la libertad, la Nana Morskouri, las tenía completas, su tributo a ellas era escucharlas una y otra vez… https://www.youtube.com/watch?v=78dPMmBFbm8&ab_channel=candychannel04 Y entre cerveza y ron Triple Filtrado de La Florida, Cumaná me las tatuó en el alma… también al llegar de México por el terremoto y luego en mi vida le completé una colección de CD de músicos mexicanos que cantaban los corridos del norte, que eran difíciles de encontrar… Juan Churriao, Juan Charraasqueado, Juancito… ese era mi tio-compañerito.

¡Gracias por existir en mi vida y gracias por morirte cuando el dolor, la miseria y el inexplicable castigo de los malos venezolanos que rigen nuestra patria te alcanzó! Cada viernes, como hoy cuando te estabas apagando, seguiré recibiendo tu llamada y tus palabras… para mi sigues estando aquí, en esta soledad bogotana.

Mariana quisiera contarte tantas cosas. No puedo… lloro y lloro. Entiendo que mejor que se murió. Que él no hubiera merecido vivir tan precariamente y dependiendo de otros. Pero me da dolor. Hubiera querido escucharlo hoy a la misma hora que se murió, como cuando me llamaba cada viernes. Nunca faltó  a la cita ni yo tampoco me ausenté. Mejor dejo de pensar y me dedico a leer. Será!

Lic. Berenice Gómez Velásquez@tururunres

Ilustraciones Wilfredo Mora

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