Cayeron por inocentes y ambiciosos

“Nuestra medida es la desmesura, lo que ha hecho de la historia humana la crónica de la grandeza, pero también de la estupidez y la crueldad”.

José Antonio Marina

“El que quiera tener razón y habla solo, de seguro logrará su objetivo”

Johan W. Goethe

“Hybris” denominaban los griegos a esa curiosa mezcla entre arrogancia, soberbia y egocentrismo que suele caracterizar a aquellas personas que intentan imponerse a troche y moche sobre la opinión de otros, mostrando poder y abusando de las condiciones de ventaja que pueden tener en un momento dado.

La irracionalidad y desmesura exhibida no es detectable por ellos mismos sino que es una percepción que le pertenece a quien no participa de semejante desacierto, en cuanto que, al dar vuelta la calesita histórica, se traduce en lamentos, arrepentimientos y otros “mientos” más.

El que padece el terrible mal no tiene en mente esas cabriolas de la existencia hasta que se cumple aquello de que “a cada cochino le llega su sábado”. Por supuesto, la tan mal ajada experiencia se contagia a los grupos de seguidores del líder que posea semejante maldición.

Y suele ocurrir a los fundamentalistas, aquellos que miran, oyen y sienten la vida sólo desde sus ombligos, el padecimiento del mal señalado. Así, tanto los seguidores del marxismo clásico como los capitalistas a ultranza, creen sabérselas todas y que pueden soberbiamente engañar a interlocutores con la manida argumentación de la estratagema: Me reúno con ellos para sacar mis propios beneficios, sin contemplar de qué y cómo el otro va.

Pues parece que la famosa reunión de gobierno-empresarios terminó en ello. Aquellos que esperaban que el gobierno les permitiese seguir sacando provecho económico de la situación nacional se quedaron con los crespos hechos, al recibir promesas y más promesas, mientras eran estudiados en los puntos débiles, para terminar de darles el mazazo que los líderes del proceso han rezado a todo lo largo de él: “En capitalismo es imposible el desarrollo humano, sólo el socialismo hace avanzar a los pueblos”, mientras montaban la trampa para obtener detalles del desenvolvimiento real del “enemigo”, a la vez que hacían ver a los observadores que estaban dialogando…

Por su parte, los empresarios creyeron que podían sacar tajadas sostenibles de la chequera que rígidamente sostienen los seguidores de Chávez, en su sueño o empeño desmesurado de un mundo posible si “a mí me da la gana”, donde la gente se sienta feliz aceptando mis sobredimensionadas opiniones. Pues, su colaboracionismo, al no tomar en cuenta las consecuencias del plan de la patria sobre la población en general, generó una falta de respuesta adecuada para obligar al gobierno a mantener conversaciones productivas de verdad.

Creo, en conclusión, que ambos bandos salieron con las tablas en la cabeza, pues esta rueda incansable de la estructura neurosocial humana no para y pronto vendrán consecuencias de la “falta de diálogo”. Amanecerá y veremos…

 

 

luisraochamariñoDr. Luis Arocha Mariño

Psiquatra

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