Cuba: cincuenta años de política internacional.

chavez y fidel castroHay un aspecto de la dictadura castrista sobre Cuba, que vale la pena considerar: su cincuentenaria experiencia en política internacional. Experiencia que arrancó, nada más y nada menos que con “La Crisis de los Misiles”, de octubre de 1962.

Como buenos alumnos del totalitarismo soviético, los castristas cubanos copiaron todo lo que les era útil de ese sistema de dominación política, incluyendo la política internacional, con dos objetivos muy claros: mantenerse en el poder y extender la revolución.

Dos caras de la misma moneda.

Cuando Lenin, Trotsky y sus camaradas asaltaron el poder en noviembre de 1917 en Rusia, creían que ese era sólo el primer paso hacia la revolución mundial, que de inmediato ocurriría. Pero no fue así. Los intentos revolucionarios  fracasaron  y la Rusia soviética se fue quedando aislada del resto del mundo, por más de una década.

No obstante, los bolcheviques no renunciaron al sueño internacionalista de extender la revolución comunista y crearon la Tercera Internacional,  cuyo objetivo era luchar por suprimir el sistema capitalista mundial y establecer la dictadura del proletariado al resto de los países.

Aunque la Tercera Internacional se suprimió en 1943, los soviéticos no abandonaron la estrategia lógica: mientras a más países se pudiera extender su modelo de dominación socialista, más asegurado estaría el poder en la propia casa.

Con Fidel Castro ocurrió una historia muy parecida: en sus primeros años se dedicó a extender “su revolución” por Latinoamérica, siendo su primer objetivo Venezuela.

Como en el caso bolchevique, los intentos revolucionarios fueron derrotados,  Castro se fue quedando aislado en el continente y no le quedó más remedio que convertirse en un satélite de la Unión Soviética.

Sin embargo, su intervención en Angola le permitió ponerse del lado de una causa justa, como lo fue la lucha contra el apartheid.

El triunfo sandinista en Nicaragua en 1979 alentó la posibilidad de que la revolución se extendiera, por fin a Centroamérica. Pero entonces vinieron Gorbachov, la Perestroika, el fin de “La Guerra Fría”, la disolución de la URSS en 1991 y Castro quedó al frente de un país arruinado hasta la miseria, y más aislado que nunca.

Durante la década de los noventa apeló y refinó todas las habilidades propagandísticas  que han caracterizado a su régimen. Eso incluyó cambios en el uso del lenguaje: darle a las palabras un significado distinto al generalmente aceptado. Así el sistema político castrista no es una “dictadura del proletariado” sino una “forma distinta de democracia”.

Se invocó la “solidaridad” internacional exponiéndose como victima del “bloqueo” económico norteamericano, aunque lo cierto es que se trata de un embargo comercial, y los sucesivos gobiernos de Washington, han respetado la promesa de Kennedy de no invadir la isla.

Por supuesto, Castro contó con la indulgencia de la mayoría de la intelectualidad del mundo, que siempre miró a hacia un lado, ante  los  abusos y crímenes que cometía contra su propio pueblo.

Entonces ocurrió el inesperado milagro: un ex militar golpista llegó, por medio de los votos al gobierno del país, en el que inicialmente se había  derrotado su proyecto continental. Y así la moribunda revolución cubana tomó un segundo aire.

Las experiencias de Allende primero y la revolución sandinista después los ilustraron sobre los riesgos y ventajas de someter a una “revolución”  a procesos electorales.

Uno de sus aportes más importantes a los tres lustros de chavismo ha sido precisamente contribuir a la construcción de una red de apoyos internacionales, principalmente de gobiernos, pero también de distintas organizaciones políticas y de personalidades que refuercen su legitimidad. Han contado, por supuesto, con una ventaja invaluable: los petrodólares venezolanos, que pagan esa estrategia, por cierto, bastante cara.

El aporte cubano al gobierno venezolano tiene (y ha tenido) un solo propósito: asegurar la sobrevivencia de la dictadura en la isla.

Los asesores  cubanos tienen una visión global, y no parroquial, de la política. No tienen idea de como promover la prosperidad y el bienestar de un país, eso está más que claro, pero de lo que sí saben es de política.

En materia internacional no están jugando con plastilina y carritos. Saben lo que hacen.

Así, ellos y sus aliados  han puesto a funcionar la “Doctrina Betancourt”, pero al revés colocando al único dictador del continente como presidente pro témpore de una organización que agrupa a países supuestamente democráticos.

pedro benitezPedro Benítez.

@PedroBenitezF

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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