De ciudadanos, a mendigos, a ciudadanos

La sucursal del cielo, la de los techos rojos…

Desde la muerte del dictador Juan Vicente Gómez los venezolanos, en su mayoría agrupados en una clase rural robusta que vivía de la agricultura, de la ganadería, de la caza y de la pesca comenzó, gracias a la influencia de una incipiente industria petrolera, a migrar hacia las grandes ciudades para  convertirse en citadinos, abandonando en consecuencia, los campos de labranza.

Así de una manera tímida el nuevo venezolano se fue educando y aprendiendo a vivir en las grandes urbes donde los amplios espacios de las casas solariegas de los pueblos,  con corrales para el ganado,  patios para las gallinas y los pollos o las huertas familiares para la siembra del cilantro, el cebollín, la albahaca o el tomate se convirtieron en viviendas verticales donde vivían unos arriba de los otros. Dónde el piso de uno era el techo del otro.

De esa manera apocada y con el nacimiento de nuevas leyes, los hombres y mujeres de la Patria fueron a la par haciéndose ciudadanos dignos con vocación de servicio, siendo la mayoría absorbidos como masa laboral por las empresas privadas ya que independientemente que el Estado fuese el gran empleador, todos sin excepción, buscaban colocarse en las nóminas privadas donde los beneficios socioeconómicos eran mejores. Indudablemente que nadie vivía de la dádiva gubernamental, de la ayuda miserable y humillante o de la beca lisonjera y vejatoria del gobernante de turno. Todos los hombres y mujeres de la Patria teníamos DIGNIDAD Y ORGULLO.

Así fue la Venezuela de la década de los cincuenta, sesenta, setenta, ochenta y noventa. Así nos veíamos y nos comportábamos todos. Es decir, procurábamos nuestra independencia económica y no vivir de la dádiva del gobierno, ya que los pocos planes sociales del Estado existentes a la fecha, eran muy puntuales. La mayoría de ellos estaban dirigidos a programas maternos infantiles, otros de becas de estudio en el exterior para la formación de capital humano calificado y lo rutinario, a través de aportes a las iglesias que eran las organizaciones que tenían y tienen en la actualidad, esa loable tarea de ayudar al prójimo de escasos recursos.

Sin embargo, en el noventa y ocho llegó a Venezuela el populismo barato. Ese moldeado en la Cuba Castro-Comunista de Fidel y de Raúl para convertir a los pobres de la Patria, que son mayoría, en más pobres. Las instrucciones de Fidel para su nuevo “cachorro” fueron la de inventar cuanta “Misión” pudiera para que las clases más necesitadas fueran más dependientes del Estado y de su líder. Es decir, Fidel Castro, y así lo presumo le dijo al“Llorón de Sabaneta” como es conocido hoy, “convierte a tu pueblo en mendigo y así los tendrás todos los 15 y los últimos de cada mes haciendo colas en los bancos que tu manejas con una libretica como las de racionamiento que yo empleo en Cuba, buscando su mendrugo”.

Y a eso hemos llegado al 2012 con este proceso “robolucionario”. Una sociedad “boliburguesa”  que maneja todos los recursos públicos, otro grupo que ha sobrevivido con los ahorros de su vida, pero con DIGNIDAD, y una inmensa mayoría que como zombis van quincenal o mensualmente al banco estatal  a buscar su limosna de tiempos de revolución.

Pero como DIOS es grande y después de haber vivido los horrores de la degeneración humana en estos 14 años donde hemos pasado de CIUDADANOS A MENDIGOS, se nos abren de nuevo las esperanzas a todos los venezolanos de volver a ser CIUDADANOS y no necesitar la limosna del gobernante de turno, ya que todos tendremos la oportunidad de tener un trabajo digno y bien remunerado que nos hará libres y no mendigos asalariados.

Por Miguel A. Aparicio

aparicio7m@hotmail.com

 

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