Diario Las Américas Venezuela acumula atrasos en el pago de su deuda externa por $2.209 millones

Las estadísticas del Banco Central de Venezuela registran que entre el tercer trimestre de 2004 y el tercer trimestre de 2014 la deuda por la emisión de bonos de la República y de PDVSA, la empresa petrolera del Estado, se triplicó hasta ubicarse en 67 mil 714 millones, magnitud que luce inmanejable para la administración de Nicolás Maduro, el actual presidente.

Entre noviembre y el cierre de la semana pasada el gobierno venezolano y PDVSA acumulan atrasos en el pago de los intereses de sus bonos por el orden de 2 mil 209 millones de dólares y en el mercado financiero se comenta insistentemente que parte de los afectados han comenzado a organizarse para introducir demandas en Estados Unidos.

Tras el incumplimiento grupos de Inversionistas que tengan en sus portafolios bonos que representen al menos 25% del monto total de la emisión pueden solicitar la aceleración, es decir, exigir por adelantado el pago inmediato de toda la deuda. Si este evento se concreta quienes tienen otros bonos también pueden pedir la aceleración y entonces prácticamente habría que cancelar al instante todo lo adeudado.

El analista financiero José Guarino señala que “el gobierno venezolano se ha desentendido de este tema, hay incumplimiento en los pagos y no vemos ningún tipo de comunicación por parte de la Oficina Nacional de Crédito Público o PDVSA y los inversionistas viven de la información”.

Agrega que hasta ahora ha habido una gran paciencia con los atrasos de Venezuela porque “la lección del default de Argentina es que pueden pasar muchos años para que la vía legal culmine en algún pago, pero los inversionistas se cansan si no obtienen respuestas”.

Reestructuración complicada

La decisión del gobierno venezolano de desconocer a la Asamblea Nacional elegida en 2015 cuando la oposición obtuvo un contundente triunfo electoral, derivó en que la Casa Blanca prohibió al sistema financiero estadounidense participar en negociaciones que provean nuevos recursos a PDVSA y a la administración de Nicolás Maduro. Por lo tanto, la posibilidad de un acuerdo con los inversionistas para alargar los plazos de pago luce prácticamente imposible porque buena parte de la deuda está en manos de fondos estadounidenses o que operan en este país.

José Guerra, economista y miembro de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, añade que tras cuatro años consecutivos de caída de la economía y la incertidumbre que genera la falta de un programa bien estructurado para sacar al país de la recesión y abatir la hiperinflación, “en el caso de que Venezuela emitiera un bono tendría que pagar una tasa de interés en dólares de 35%, una tasa astronómica, impagable”.

No obstante, el pasado 15 de febrero Nicolás Maduro afirmó que “el proceso de negociación, reestructuración y renegociación de los compromisos internacionales de Venezuela va impecable, va mejor de lo que yo esperaba y aspiraba”. Dicho esto, el presidente no precisó con cuáles inversionistas ha negociado ni aspectos concretos de lo alcanzado en estas conversaciones.

La carga

La concentración de los vencimientos de bonos de Pdvsa y el Gobierno Central ha creado una joroba que solo comenzará a disminuir en 2028. La perspectiva es que si el precio del petróleo no aumenta de forma considerable, el país tendrá que destinar al menos un tercio del ingreso petrolero de cada año a servir la deuda, algo que compromete seriamente la posibilidad de que la economía deje atrás la recesión e inicie un ciclo de recuperación.

Este año es ilustrativo. Por el capital e intereses de los bonos Venezuela tiene que desembolsar 8 mil millones de dólares a los que se añaden otros 4 mil millones por préstamos de otro tipo y las proyecciones señalan que el ingreso de divisas estaría en el orden de 27 mil millones, es decir, la deuda absorbería 44 de cada 100 dólares que entren a la caja de la nación durante 2018, una magnitud insostenible.

En la fragilidad incide de manera relevante que las reservas internacionales, que constituyen el tanque de dólares que tiene disponible el Banco Central para cancelar deuda y pagar importaciones, experimentan una caída de 57% respecto a 2014 y se ubican en niveles similares a los de 2002 cuando el país tenía una deuda mucho más baja que absorbía menos recursos para el pago de capital e intereses.

En este cuadro de creciente insolvencia, aparte de atrasarse en el pago de la deuda externa, el gobierno ha optado por un feroz recorte de importaciones que se traduce en empresas paralizadas por la falta de materia prima e insumos.

Un estudio elaborado por Torino Capital señala que en 2017 en promedio las importaciones se ubicaron en 385 dólares por persona, el nivel más bajo desde 1946 que es el año más antiguo en las estadísticas del país para este tipo de indicador.

El auxilio

Analistas coinciden en que el país requiere financiamiento de los organismos multilaterales para superar la crisis. En enero de este año un grupo de cien economistas dirigió una carta pública a Nicolás Maduro advirtiendo que “Venezuela necesita políticas que reduzcan la inflación y alivien la asfixia del sector externo. En función de ello la negociación de un financiamiento externo con organismos internacionales es imperativo. El financiamiento multilateral ofrece términos ventajosos de plazo y tasas de interés y posibilita, además, una reestructuración provechosa de la deuda”.

Leonardo Vera, economista y profesor de la Universidad Central de Venezuela, considera que en caso de que se implemente un ajuste que busque sacar a la superficie a la economía “al menos el país debería obtener unos 30 mil millones de dólares en el Fondo Monetario Internacional, es la manera de salir del estrangulamiento externo, no hay otra. Necesitamos cooperación económica internacional, un programa de rescate financiero internacional”.

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