Eco. Alfredo Salgado Venezuela bombardeada

Esta es la imagen de la ciudad de Dresden, Alemania, bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial.
Hoy nadie discute la responsabilidad del pueblo alemán, en el incendio que hicieron en toda Europa. Ellos lo reconocen y tal vez parte de la explicación de su fulgurante resurgir como nación, haya sido el reconocer que fue el pueblo alemán, el que llevó al poder a la banda de psicópatas criminales comandados por Adolf Hitler.
La misma indignación que recorre el espinazo de todos los venezolanos, me recorre a mí. No sé si me alivia o surte un efecto contrario, el estar contemplando en los últimos días, la responsabilidad que como nación tenemos TODOS los venezolanos en la vergonzosa tragedia que estamos comenzando a vivir.
Cuando menciono esa responsabilidad entre amigos y familiares, es frecuente que se me sacuda en la cara el pedigree antichavista:
-¡Un momento, yo nunca voté por Chávez y menos por Maduro!
Pero ese no es el punto. El asunto es que hay una alteración en el código emocional del venezolano que nos ha llevado a tener como arquetipos a gente tan impresentable como Boves, Doña Bárbara y el hijo de estos dos, Hugo Chávez, más su descendencia.
Cruz Diez, Fernández Moran, Heliodoro González P., Aquiles Nazoa, el maestro Sojo, José Soto, Andrés Bello, representan a Venezuela, pero no son la generalidad, ni es lo que sale a flote en estos tiempos.
Esta Venezuela malandreada y malandra, se parece a Hugo Chávez.
El chavismo es obvio que se parece a su líder, pero es obvio que el político de oposición de principios acomodaticios, moral flexible y bolsillos anchos, que se cuadra con el gobierno a la calladita; los hijos de familias de abolengo reciente y viejo, que roban a la nación y exhiben delante de sus padres y abuelos su fortuna y ellos se hacen los locos, todos ellos sin ningún asomo de duda, se parecen a Chávez y al chavismo.
Venezuela entra este año a una fase de canibalismo. Es pavoso decirlo en estas fechas, pero las verdades no se pueden postergar. Tenemos por delante el que hasta ahora será el año más duro de la era moderna a venezolana, y los venezolanos no podemos seguir diciendo, Yo no fui.
Creo que tenemos que reconocer qué parte de Yo sí fui, nos toca. Eso hicieron los alemanes, lo hicieron los japoneses, lo hicieron los chinos.
Hasta ahora, no veo ningún atisbo de esa introspección. Más bien veo una oposición que quiere ser chavista light, intelectuales serios que piensan que el comunismo no es malo, sino que ha sido mal aplicado.
En un pueblo tan superficial e ignorante como el venezolano, con líderes e intelectuales tan superficiales e ignorantes (y me incluyó en los dos grupos), es fácil ser presa de la confusión.
La crisis venezolana tiene un alto contenido emocional, espiritual. Veo la imagen de la ciudad alemana de Dresden, bombardeada, y en medio de la devastación, se levanta intacta la figura en piedra de un ser celestial, que parecía invocar la fortaleza del espíritu de los alemanes, lo que los llevó al fulgurante desarrollo económico, social y político con el que asombran.
Los venezolanos también incendiamos América del Sur en el siglo XIX, e hicimos gala de un espíritu arrollador. Ese mismo espíritu debe ser puesto en acción, para que sus fuerzas sean reorientadas, y la misma potencia que tuvimos para la destrucción, la tengamos para reconstruir esta nación, tan bendecida de modo tan desproporciónado e inmerecido por Nuestro Creador.
Así sea por vergüenza ante Dios, le pido a Él que permita que limpiemos nuestro rostro de tanta vergüenza.
Alfredo Salgado

Economista, egresado en postgrado en Rumanía durante el reinado y ejecución de Nicolás Chauchescu, cristiano y probado por la vida el comienzo del régimen chavista, donde había mucho que robar y de allí salió sin un céntimo malhabido.

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