EL NACIONAL El “choque de trenes” entre buhoneros del Metro

asalto en el metro3Los andenes del subterráneo son un centro de operaciones de comerciantes informales que imponen su propia ley. La crisis ha hecho que prolifere la actividad que está prohibida en el sistema
(CARMEN VICTORIA INOJOSA/CINOJOSA@EL-NACIONAL.COM/29 DE AGOSTO 2016) Todos se parecen y se multiplican. Cada uno lleva consigo una bolsa oscura que contiene cajas de chicles. Con una mano sostienen los bolibombas y con la otra un montón de billetes que no les permite cerrar por completo el puño. La multitud no es un problema para desplazarse; al contrario, se traduce en ganancia. Encorvan ligeramente los hombros, elevan los brazos y comienzan a tantear espacios para iniciar el recorrido solicitando “una Venezuela activa que dé los buenos días”. Dicen que van de paso y que solo pretenden endulzar el paladar por 100 bolívares.

El público no comenta nada. La reacción se ha vuelto automática y enseguida los billetes se dejan ver a cambio de la chuchería para engañar el estómago, como si la economía informal en el Metro de Caracas fuese un servicio más que se presta con la compra del boleto, aunque en realidad es una actividad prohibida, como también lo es comer dentro de las instalaciones. El símbolo de cultura ciudadana que el Metro de Caracas tuvo desde los años ochenta parece sepultado entre bolsas de chicles y servilletas grasientas en los andenes, robos, empujones, golpes y groserías.

Apenas son las 10:00 am y ya un joven en la estación Petare vocifera a sus compañeros que los chicles se acabaron: “¡Se vendió todo!”. Sentados en el piso se acomodan en las piernas los bolsos entreabiertos que dan fe de que en Caracas se mastica chicle. Comienza el conteo. “Cien, doscientos, trescientos mil”. Así cada uno va sumando. Comentan que aumentaron la caja de bolibombas, pero no le dan importancia. No tienen mesas, ni sillas ni escritorios, discuten allí mismo el negocio y cómo les fue en el día. El andén es un centro de operaciones donde comienza y concluye la jornada laboral de aproximadamente 10 hombres, 2 mujeres y 2 niños.

Metro1Cada uno de ellos tiene un trayecto asignado que debe respetar: quienes vienen de Palo Verde no tocan suelo de Propatria y viceversa. Igualmente ocurre en las líneas 2, 3 y 4. La estación terminal en común es Plaza Venezuela y de allí deben regresar a sus salidas de origen. Y si alguno intenta pasar el límite, la advertencia es: “No me choques el vagón”, que significa: “Esta clientela no te corresponde”.

“Aquí cada quien tiene que vender en su punto. Por ejemplo, los de Petare no pueden venirse para la Línea 3”, comenta Yurenmy, que carga una bandeja de bombas con crema pastelera. Ella se estableció desde hace unos meses en las escaleras que dan a la transferencia vía La Rinconada. “Cualquiera no puede venir a vender, tiene que pedirnos permiso. Mientras seamos menos, mejor. Así tenemos más chance de que nos compren. En mi grupo somos cinco. Ya nos conocemos, sabemos quienes somos”.

Los vendedores informales han perfeccionado la técnica a medida que crece la competencia. Se distribuyen en los trenes, los recorren y se rotan: van desde el último vagón hasta el primero. “Se organizan a medida que se van conociendo. Quienes tienen más tiempo tienen prioridad. Ese grupo viejo autoriza a los nuevos. En ocasiones los más antiguos han buscado robar la mercancía a los nuevos cuando se meten sin autorización”, señala el presidente del Comité de Usuarios del Metro, Ramón González, que ha denunciado la situación en varias ocasiones sin obtener respuesta de las autoridades del sistema.

mean en el metroHace unos días una joven de 23 años de edad comenzó a vender bombas en el punto de Yurenmy. ³Esa es una paracaidista. No la conocemos², dice mientras la apunta con el dedo. ³No le he dicho que debe salirse porque yo misma he tenido un mal día. La policía me ha sacado cinco veces. La semana pasada me quitaron la mercancía y el dinero. Pero no importa, yo sigo. Tengo dos niños que mantener², sentencia.

En enero fue activado un plan piloto de la PNB en el Metro para reducir la economía informal y los índices delictivos, un intento más por detener una práctica que se ha exacerbado en el último año. Sin embargo, Yurenmy afirma que se puede llegar a acuerdos con los policías para que los dejen trabajar.

Salario en horas. El total de vendedores no se ha contabilizado y es variable. González calcula que en el trayecto de La Rinconada hasta Plaza Venezuela hay aproximadamente 20 vendedores fijos, mientras que en la Línea

mean en el metro1 hay más de 30. Destaca que el incremento es exorbitante. Como referencia recuerda que hasta 2014 quienes entraban al Metro eran generalmente artistas callejeros. Ahora se suman quienes piden dinero para comprar medicamentos y comer, los supuestos ex convictos e incluso niños que cantan, tocan maracas o venden cosas.

Lo que ocurre en el Metro es expresión de la crisis económica, agravada por la creciente inflación ­que se proyecta para el cierre del año en más 700%­ y la pérdida de empleo formal, enfatiza el sociólogo Iván de la Vega: “72% de los venezolanos está en situación de pobreza. Vivimos un proceso de deterioro sostenido con una escala de magnitud sin precedentes. Cada vez será más frecuente ver gente pidiendo debido a la economía improductiva del país”.

Con su bebé de meses atado al pecho, una joven de 18 años sale desde la estación Petare a vender caramelos. “2 por 100 bolívares”, repite mientras da golpecitos en la espalda de su hijo. ³Entre una y dos horas tardo en vender dos bolsas de caramelos², dice. Cada paquete contiene 100 unidades. A diario obtiene 10.000 bolívares. Lo que gana le alcanza para una sola comida. “Si trabajo más tiempo, ganaría más”.

Yurenmy vende 100 bombas en el día a 200 bolívares cada una. Ella las compra a 150 bolívares. Casi un salario mínimo obtuvo el miércoles. “Aquí se vende todo más rápido en unas cuantas horas. En un empleo formal no me van a pagar lo que necesito. Soy técnico superior en Informática. Trabajé 8 años en una multinacional, pero el gobierno la expropió”.

Aunque por los parlantes del sistema subterráneo una voz repite constantemente que la mendicidad y la buhonería no están permitidas en el Metro de Caracas, esta práctica gana cada vez más terreno y clientes.

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