El Pitazo/LA HISTORIA DE MIGUEL Y GLADYS SÁNCHEZ

SIN SERVICIOS | Miguel y Gladys Sánchez: “Se nos va la vida esperando que llegue el agua” | El Pitazo http://elpitazo.ml/reportajes/sin-servicios-miguel-gladys-sanchez-se-nos-va-la-vida-esperando-llegue-agua/#.Wzvn2nLPzfc.whatsapp

Los esposos son solo dos de los miles de vecinos de Prado de María, en la parroquia Santa Rosalía del municipio Libertador, que se vieron obligados a cambiar su rutina porque desde hace 5 meses no les llega el agua a la comunidad. La situación los obliga a no bañarse, no comer bien y hasta defecar en bolsas

Julio 02, 2018

Por: Génesis Carrero Soto

Hace tiempo que lavarse la cara para despertarse y quitarse la pereza de la mañana dejó de ser un hábito para Miguel Sánchez y su esposa Gladys Pérez. Desde hace cinco meses, empiezan el día sin una ducha o tan siquiera cepillar sus dientes. A esta familia, como a tantas otras del sector Prado de María, en Caracas, se les va la vida esperando que llegue el agua.

Miguel y Gladys todos los días se enfrentan a la duda de si bañarse o no: “¿Será que hará falta hoy? ¿Será que me voy a sudar mucho para donde voy, o mejor me quedo en la casa?, son las preguntas de rigor que deben hacerse cada mañana. Incluso, si se levantan con ganas de hacer pipí consideran aguantar para más tarde y postergar la mayor cantidad de tiempo posible esa ida al baño, pues en la casa, con suerte, logran bajar la poceta una sola vez al final del día.

Pero ellos ya tienen sus estrategias. La casa es un laberinto de tobos, envases, pipotes, cavas abiertas y hasta vasos grandes que Miguel y Gladys disponen en todos los espacios abiertos para que cuando llueva sea posible recolectar algo de agua. Pese al esfuerzo, el clima no los ayuda y durante los últimos cinco meses, en los que las tuberías de su vivienda solo han expulsado aire, han sido contadas las ocasiones en las que ha llovido. Tampoco por esta vía la familia ha logrado que ese manantial del cielo surta sus necesidades.

Es entonces cuando a Miguel y a Gladys les toca “guapear”. No es algo nuevo para ellos, pues tienen 57 años, toda su vida, viviendo en Prado de María, uno de los sectores más populosos del oeste de Caracas y un lugar en el que los servicios básicos nunca han sido una constante. En su infancia, a Miguel también le faltaba el agua, pero había varios “puntos de acopio”: manantiales naturales que se esparcían por toda la zona y que servían para que las personas se surtieran de agua.

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En los años 90 el líquido salía por tubería tres o cuatro veces por semana, pero con el pasar del tiempo el deterioro del servicio se hizo visible y ya para el 2000 esta familia previno el desastre comprando tanques. “Esta dejó de ser la ciudad de los techos rojos para convertirse en la ciudad de los tanques azules, porque todo el que pudo compró uno para enfrentar las fallas de agua”, cuenta Miguel.

Y es que hoy día, a pesar del gran incremento en la población, las comunidades que conforman la ciudad capital reciben 5.000 litros de agua por segundo, lo que representa 25% menos que en el año 1999, según datos recientes aportados por José María de Viana, ex presidente de Hidrocapital, la hidrológica del Estado.

Lo ideal serían 30.000 litros de agua por segundo, pero el deterioro, la falta de personal capacitado, la pérdida de técnicos y expertos, el desmantelamiento de unas obras y el congelamiento de otras como el sistema Río Tuy IV, que se sumaría al I, II y III, son los causantes y desencadenantes de la crisis que hoy tiene a los caraqueños viviendo como camellos.

La distribución de agua en la capital depende de estos sistemas. El Tuy I distribuye agua al oeste de Caracas y funciona en 50 %; el Tuy II distribuye al este y también opera en 50 %, y el Tuy III, que también trabaja para el oeste y parte de Baruta, labora sobrecargado con 90 % de su capacidad. El Tuy IV fue propuesto entonces para añadir 10.000 litros más por segundo al flujo de agua, pero, tal como admitió Viana, solo se ha construido 20 % de la obra.

.“La vida: una mierda”

“¿Cuál fue la vida que nos ofreció el comandante eterno? Una mierda, eso fue lo que nos dejó… una vida de mierda donde ni eso podemos hacer porque no tenemos agua como limpiar la poceta”.

Mientras hace el comentario, Miguel recuerda que desde mediados de enero ha tenido que regular sus idas al baño, pedir prestado el de amigos que viven en otras zonas y ver cómo muchos de sus vecinos bajan con bolsas llenas de heces fecales que desechan en el basurero de su comunidad porque prefieren “hacerlo en bolsas” que seguir ensuciando su casa cuando no tienen cómo limpiar.

Desde mediados del mes de enero el agua no llega a Prado de María. A Miguel le tocó cambiar su forma de vida y ahora, junto a su esposa, hace un recorrido diario de cuatro cuadras más 54 escaleras para llegar a la casa de un familiar que está en la parte de abajo del barrio y que recibe agua con una frecuencia más o menos regular, lo que les permite filtrar un poco para poder subir agua de beber a su vivienda.

Gladys carga escaleras abajo con dos bolsos, uno con sus jarras y otro con champú, jabón y un cambio de ropa para poder bañarse en la casa a la que va. Allí le toca filtrar el agua dos veces: una en el filtro recular y otra en un filtro de piedra que debe cargar manualmente. “A veces hasta la hiervo después de estos dos pasos, porque es que la calidad del agua que llega, cuando llega, es un asco. Eso viene sucio, empantanado y hay mucha gente enferma por tomar eso sin procesar”, relata Gladys.

La casa de Miguel y su esposa es de esas familiares en las que cada hijo construyó y fue haciendo crecer el inmueble. Él vive en el tercer y último piso. La vivienda está ubicada en la Calle Los Mangos, una pendiente de unos 45 grados por la que resulta casi imposible subir sin sentir que puedes resbalar en cualquier momento. Y es justo por allí que a Miguel y a sus vecinos les toca subir en carretillas los tobos y garrafas de agua que pueden llenar cuando han logrado ponerse de acuerdo y pagar alguna cisterna que, por 12 millones de bolívares, surte a quienes pagaron y a algunos suertudos que se acercan a pedir un poco de agua, según aclara Miguel.

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—¿Cómo se le dice a la gente que se acerca que no puede cargar agua porque no contribuyó para la vaca? Por eso pagar la cisterna no tiene mucho sentido y además no llega a los tanques, así que eso es alegría de tísico. Nos dura el ratico que nos dura el tobo que logramos subir a la casa.

La falta de agua ha hecho explotar la inventiva de esta familia, que usa un termo con dispensador de agua como chorro para el fregadero, que aprovecha las canales cuando llueve para que el agua caiga directo en los envases de agua, que recicla el agua de la lavadora para el baño, y que incluso opta por cocinar alimentos que impliquen la menor cantidad posible de líquido, para ahorrar la que tienen filtrada.

Hasta los animalitos y las plantas de la familia han sufrido las consecuencias de la sequía a la que están sometidos. En ocasiones voltean algunas tapas para que cuando llueva se llenen y puedan darles de beber a sus pájaros y perritos.

Antes de estos meses sin nada de agua, ya había problemas con el servicio. La poca frecuencia y el descontrol en las medidas de racionamiento obligaban a Miguel y a Gladys a subir a su azotea y fijarse si los vecinos de los ranchitos del barrio de “Los Sin techos” tenían ropa colgada en el tendedero, pues esa era una señal inequívoca, incluso más que cualquier boletín de Hidrocapital, de que llegaría el agua.

Y, pese al inexistente servicio, los vecinos de Prado de María han tenido que seguir pagando a la hidrológica la cuota mensual por el agua que no llega, pues cuando alguno de ellos va a alguna oficina de Hidrocapital para reclamar por el corte indefinido, lo primero que les preguntan es si están solventes y amenazan con no escucharlos si deben algo.

—Antes llegaba al menos alguna vez, pero ya no. Ahora no llega nunca y nos toca seguir viviendo en este desastre en el que el agua, el aseo, la luz, el internet, nada sirve y ni siquiera podemos echarnos un poquito de agua en la cara para pasar la rabieta.

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