El Vuelo del Águila

Acorde con el conocimiento popular sumado a la cultura occidental, la muerte es la desaparición física de un individuo. Y yo, cuando hablo de la muerte, me refiero al Vuelo del Águila. Sencillamente porque así veo al hombre: firme, enriquecido internamente, poderoso, que da inicio a un desprenderse del limitado espacio del cuerpo para poder volar, viaje para el que debe ir muy alto.
Y antes de emprender el vuelo, es el tiempo de salir del circo que es nuestra vida, dejar atrás falsedades y ambiciones y entregarse al perdón y a la revolución. Si, es a la revolución del alma. Es entrar en un proceso de transformación, que le permita estirar las alas, empujar suavemente y evitar quedar atrapado en supuestos mandatos de una falsa realidad.
Una vez dado el salto, la reflexión se hace presente.
Las situaciones no resueltas del pasado, aparecen ante los ojos como un videoclip sin sonido y entonces, comienzan a delinearse las fantasías que creamos aquí, en este sinfín de caminos. Pero también se puede tomar la ruta de la desorientación. Esa que toman los seres que conocemos coloquialmente como ánimas. Algunas de ellas, porque no supieron enrumbar sus vidas como para permitirse seguir la luz. Pero hay seres que por haberse anotado en el juego de la oscuridad, no encuentran la paz. Deambulan por sombríos corredores buscando una puerta que los conduzca al destino que les fue ofrecido en sus terrenos hábitos de la brujería, pero que no era más que una mentira para atraparlos con saña.
Tristes personajes, cuyos deudos creen que con prenderle una vela, les ayudarán en el tránsito, cuando en realidad mientras están aquí, en la tercera dimensión, ellos mismos pueden aliviarse. Entregados a la reflexión y el reconocimiento de los errores cometidos. Limpiando el alma con suaves manejos para dejar pocas huellas de ellos. Corrigiendo.
Pero a veces, es tanta la rabia por saberse próximos ya al mundo incorpóreo, que en lugar de levantar el vuelo, terminan arrastrados como reptiles. Y necesitarán mil años para reconocerse, aceptarse y perdonarse.
Tristes personajes, que no logran reconocer que lo único seguro que tienen, es su Vuelo del Águila, vuelo que harán acorde a sus acciones. Vuelo con regreso, pero no siempre al destino prometido, como tampoco cumplieron ellos la misión que en su momento les fuera encomendada.
Tristes personajes.
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