Gonzalo Oliveros Barra Plural 424 Con pinzas

Así debe uno actuar cuando se trata de hacer observaciones a quienes le han dado hospitalidad. Por educación.

Tengo por norma decir lo que creo. Respetuosamente. Tratando de aportar. Así lo hago hoy.

El gobierno de Colombia ha adoptado medidas tendentes a regularizar la estancia en este país, de los venezolanos que a él han llegado. Unos lo han hecho ajustados estrictamente a su normativa migratoria; otros, quizás la mayoría, no.

La desesperación producto de la situación venezolana, a eso ha obligado. Lamentablemente. Un país donde el dinero no alcanza para comprar comida; donde ésta, adicionalmente, es ya casi inexistente en vista de decisiones que han afectado la producción, sin mencionar otros factores.

Un país, donde un pasaporte es casi un artículo de primera necesidad y que por ese motivo, se hace escaso, quizás adrede, ha impulsado a muchos venezolanos a salir de su tierra, solo con su cédula de identidad y una pequeña maleta llena de esperanzas. De cambio nacional y de progreso personal.

Colombia ha adoptado la semana pasada dos decisiones que fundamentan esta columna: 1.- Ampliar el Permiso Especial de Permanencia a quienes llegaron con pasaporte a mas tardar el dos de febrero; 2.- Censar a todos los venezolanos que aquí estamos. Me parece que ello es correcto pero no resuelve la situación, de Colombia y de los venezolanos que aquí estamos.

Quienes atraviesan la frontera no están en actividad turística. Buscan trabajo. Así de simple. Aquél que en su país no existe, se les niega o peor aún, teniéndolo, no les permite satisfacer las necesidades familiares.

A esas personas, que no tienen acceso al permiso especial de permanencia, el trabajo les está vedado. Y son la mayoría. Son esos venezolanos que ofrecen sus servicios a los empleadores en condiciones que afectan a los hermanos colombianos, pues no son de igualdad.

Y no pueden serlo, porque no están habilitados para trabajar. El patrono que lo contrata, si lo hace, le paga menos de lo que conforme a la ley corresponde y además, corre el riesgo de ser sancionado. Esa es la ley. Pero la misma, respetuosamente creo, no se ajusta a la situación que hoy existe.

Los venezolanos no han venido en esta oportunidad a Colombia, porque quieren. Lo hacen por imperativo de vida. Así como ayer lo hicieron los colombianos, que cruzaron en sentido contrario la frontera para conseguir allá, lo que aquí no podían.

Y Venezuela a eso respondió. Sin distinguir si entraban con pasaporte o sin él. Había un problema en Colombia y Venezuela, soluciones aportó.

Ayer vino a nuestra oficina un venezolano de a pie. Era agricultor en Venezuela. Allá dejó esposa y dos hijos. Su mirada extraviada. Perdido en la gran ciudad. Vino, simplemente, porque tiene que mantener a quienes en su país se quedaron.

Llamé a tres amigos colombianos vinculados al sector agrícola. La legislación actual les impide contratarlo. Si lo hacen, al no tener pasaporte (y como puede pedírsele eso a un campesino), serán multados.

¡Algo hay que hacer! Entiendo perfectamente que la primera prioridad del gobierno de Colombia son sus coterráneos. La competencia desleal laboral, que los venezolanos originan, producto de la dificultad de obtener los papeles, por las reglas que rigen el país en condiciones normales, lo impiden. Pero me da la impresión que no estamos en esas condiciones.

Gonzalo Oliveros Navarro

magistrado TSJ-AN

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