Guayaneses despiden a director Larrys Salinas con movilización contra la impunidad y la violencia

despedida de larrys salinas                                       El retrato gigantesco recorrió la ciudadFotos William Urdaneta
En la noche del sábado pasado, de seguro Larrys Salinas se preparaba para un concierto. Una semana después, era objeto del desconcierto: ya no estaba vivo. Había sido asesinado el jueves.
Y este sábado, el de esa semana después, cuando Larrys ya estaba muerto, un retrato de dos metros o más recorrió Puerto Ordaz, junto con la voz de los que, por él, exigieron justicia.
La marcha contra la impunidad y por la memoria de Salinas, director de la Coral Integrada de la UNEG, partió después de las 5:00 de la tarde de la redoma de Chilemex, subió por la avenida Las Américas, se detuvo en la Plaza Monumento, siguió por la avenida Guayana hasta, nuevamente, Las Américas, cruzó el Parque La Navidad y terminó en el punto de partida.
Pero las caras largas parecieron quedarse en el sepelio de la tarde. Pues la caminata por Larrys Salinas fue un canto desde su comienzo hasta su final. Una hora y media de aplausos, consignas, velas, pancartas y el reconocimiento a quien, mediante la música, acogió a muchos de quienes, en esta ciudad, quizás por prejuicios, quizás por temores, quizás por carencias de ciudadanía, quizás por desgobierno, eran obviados.
Vea aquí el video de la Coral Integrada de la UNEG, dirigida por Larry Salinas, con Franco De Vita, en la campaña de concienciación sobre el síndrome de Down.
Ese fue el reconocimiento principal. Pero también para el talento proyectado a punta de carisma y trabajo de un hombre que le dijo a muchos que sí es posible, que el optimismo ha de prevalecer y que, por encima de todo, hacer país es trabajar. Como el mismo Salinas lo hizo mediante aquella sonrisa perenne que no será más por las balas.
Pidieron justicia. Pues muchos de los que hoy gobiernan lanzaron vítores para su talento y sus ideas. Y le dieron escenario también. Ello, añadieron los marchantes, debe retribuirse.
No hubo, entonces, caras largas. Los cantos prevalecieron. Y, de vez en cuando, un grito que Larrys Salinas, a cada instante, repetía con sus alumnos: “¡¿Cómo estamos?! ¡Excelente!”.

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