Gustavo Coronel Recuerdos de la década de 1970

 Peccei, Pérez Alfonzo, Kahn  
Hace unos días mi gran amigo  Andrés Duarte Vivas, Andy, me envió unas fotos que avivaron mis recuerdos. Eran de una reunión en la casa de Jorge Olavarría en Los Guayabitos, realizada  – creo – en Marzo 1977. En ellas aparecen Sofía Imber, Juan Pablo Pérez Alfonzo, Hans Neumann, el futurólogo Herman Kahn  (Fundador del Hudson Institute), Jorge, el dueño de casa, Andy  y otros.

Aunque no estoy en esas fotos, si recuerdo haber estado allí y asistido al singular intercambio de opiniones entre Kahn y Pérez Alfonzo, quienes sostenían visiones bastante diferentes sobre el futuro de la humanidad.  Pérez Alfonzo, con su sombrerito, escuchaba atentamente a Kahn y, al final, le dijo: “Si ese es el mundo que existirá, no quiero estar vivo para verlo”, o algo así por el estilo.

En retrospectiva, al ver las fotos y pensar en aquellos años, pienso que Venezuela atravesaba un verdadero mini-renacimiento intelectual. En esos años no solo nos visitó Herman Kahn sino también los portadores de una visión diferente del futuro de la humanidad, Aurelio Peccei, Dennis y Donatella Meadows, líderes del Club de Roma.

Más aún, el Club de Roma celebró su reunión anual en Caracas en junio 1981, a la cual asistieron centenares de intelectuales y pensadores de todo el mundo, para discutir sobre el papel de América Latina en el futuro de la Humanidad.

En esa reunión presentaron trabajos Peccei, Helio Jaiguaribe, Víctor Urquidi, Yeheskel Dror, Juan Rada, Estelio Breto Flores, Eduardo Frei, José Curiel, Rafael Caldera y otros, los cuales fueron finalmente publicados en 2010, casi 30 años después. La reunión contó con la activa participación del grupo Orinoquia A.C., cuyo presidente, José Curiel, presentó un documentado trabajo sobre la Interconexión Fluvial de América Latina.

Por su parte, Herman Kahn llegó a Venezuela invitado por el Grupo CORIMON, cuyo accionista principal y  presidente, Hans Neumann, era un gran catalizador de actividades intelectuales y pudo reunir a su alrededor a gente entusiasta como Andy Duarte y Víctor Petzall, entre otros, así como financiar actividades que iban desde esta visita de Kahn hasta el apoyo a  la extraordinaria revista RESUMEN de Jorge Olavarría, la cual también recibía ayuda de los hermanos Vollmer y de un tío de Jorge (no hubiera podido sobrevivir solo con las ventas). Debido al incansable Olavarría, RESUMEN no solo era una revista de ideas sino que promovía una actividad intelectual de alto nivel.

Las opuestas  visiones del futuro personificadas por Peccei y por Kahn en esa década se mantienen en pie hoy en día y no solo no han sido resueltas sino que se han profundizado y hoy ya han sido contagiadas por la emoción, puesto que el tiempo se nos acaba.

En el planeta hay una verdadera batalla entre quienes hablan del calentamiento global y quienes lo consideran un fraude, a pesar de las evidentes manifestaciones cada vez más terribles de la naturaleza.

En esos años de 1970 el tema principal en discusión era el de los recursos, si finitos, como alegaba el Club de Roma o casi infinitos, como planteaba Kahn. Su libro “El año 2000” pronosticaba un futuro diferente al que anunciaba el Club de Roma en su libro:

-“Los Límites del Crecimiento”, publicado en 1972. Eran visiones llamadas en ese momento optimistas (Kahn) y pesimistas (Club de Roma) pero hoy quizás tendrían diferentes apelativos. En la Venezuela de la época Kahn fue entrevistado  nada menos que por Carlos Rangel y Sofía Imber para su programa “Buenos Días”, un programa en el cual se mostró confiado y hasta un tanto arrogante.

Poco antes de la llegada de Kahn, la visita de la gente del Club de Roma había sacudido y entusiasmado el ambiente intelectual de Caracas, conduciendo a la creación de un capítulo venezolano, en el cual participé, y la celebración en nuestra capital de su reunión anual en 1981 .

Eran los años de esas grandes visiones sobre el planeta y del entonces novedoso concepto de futuros probables, no ya un pronóstico lineal sobre el futuro sino la creación de un abanico de escenarios diversos, cada uno con probabilidades asignadas y con la posibilidad de los planificadores de trabajar para concretar el más deseable.

En este nuevo método de “pronosticar” el futuro Venezuela también había sido lugar de avanzada, al crear en la Shell en Caracas su primer grupo de Planificación Estratégica, solo segundo  del de Londres, un grupo que trabajaba basado en esos nuevos enfoques, el cual fue heredado por Maraven y en el cual participaron, todavía muy jóvenes, Moisés Naím y Raúl Arriaga, casi inmediatamente después de la nacionalización petrolera de Enero 1976.

Esa Venezuela de la década de 1970 hervía de talentos. El debate petrolero de 1973-1975 sacó a flote dos visiones opuestas sobre lo que debía ser la industria petrolera, si negocio internacional o símbolo nacionalista.

En ese debate se enfrentaron dos grandes grupos: un amplio espectro de izquierda y hasta de derecha, cada cual tratando de ser más nacionalista que el otro, y un grupo de empresarios y tecnócratas que veían los peligros de una nacionalización a sangre y fuego, donde  lo único que se iba a nacionalizar eran “los riesgos”, ya que los beneficios estaban del lado de la Nación debido a la combinación de instrumentos legales existentes.

Al final se impuso la decisión política de nacionalizar (estatizar, realmente) la industria pero el peso de la opinión de los petroleros  permitió que, casi por una década,  PDVSA se mantuviera más allá del alcance de la politiquería. Eso se acabó en Septiembre 1982, cuando Luis Herrera Campíns  le sustrajo a PDVSA su fondo de inversiones y terminó de un plumazo con su capacidad de autofinanciamiento.

En esos años de 1970 Petkoff publicó su extraordinaria obra: “Proceso a la Izquierda”. Carlos Rangel publicó su “Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario”, una biblia para la derecha latinoamericana. En el IESA, a inicios de los 80 se publicaban maravillas, como el libro de Naím y Piñango: “Venezuela: una ilusión de armonía”.

Hasta los extremistas de izquierda, como Radamés Larrazábal y Francisco Mieres, eran estudiosos. El presidente de PDVSA era un gerente fuera de serie llamado Rafael Alfonzo Ravard, asistido por extraordinarios gerentes petroleros como Rodríguez Eraso, Sugar y  Quirós y centenares de verdaderos profesionales de la industria.

Unos años de gran empuje intelectual, pero….

Sí. La década de 1970 fue de gran brillantez para Venezuela, pero…. ¡Cuidado! Lamentablemente, en esa época de gran actividad intelectual, cuando Venezuela parecía encaminarse hacia un primer mundo de ciudadanos, también tuvimos  a un Carlos Andrés Pérez I, con quien se inició el horrible desvío de nuestro rumbo como país, nuestra tragedia venezolana.

Pérez I fue un extraño caso. Durante la primera fase de su presidencia actuó como un estadista, como un gran demócrata, aunque contaminado de la fascinación que despertó en muchos demócratas de la región el carnicero Fidel Castro. CAP tuvo sus veleidades tercermundistas, a lo Castro y a lo Chávez.

Su peor error fue haber iniciado aquél mamotreto que llamó la Gran Venezuela, el uso de un ingreso petrolero que llovió del cielo para tratar de construir una Venezuela ilusoria que incluiría una CVG acromegálica y una multitud de castillos industriales en el aire.

Aquello fue una caricatura en miniatura del gran Salto hacia Adelante del criminal Mao Tse Tung. Esta Gran Venezuela de CAP I inició los bandazos que el país multiplicaría después, en manos de presidentes mediocres: Herrera, Lusinchi, CAP II (siempre con destellos de grandeza, lamentablemente nunca realizados), Caldera II (tapón inmisericorde de sus sucesores naturales)  hasta llegar a su remate trágico con ayuda de  una segunda lluvia de petrodólares, la que le llegó al sátrapa Chávez, generando la abominación que se llamó  el socialismo del Siglo XXI.

Con esta nostálgica postal del pasado no deseo sugerir que todo tiempo pasado fue mejor. Ciertamente puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que el liderazgo de la Venezuela actual es muy pobre, con un régimen en manos de ignorantes, cursis, ladrones y narcos.

Pero hay mucho talento, el cual – como fue el caso de la Edad Media universal – se encuentra refugiado en los centros de reflexión, en las universidades del país y del exterior, pensando en la Venezuela que vendrá después de que se haya disipado el fétor chavista.

El Club de Roma está vivo y coleando en Venezuela. Historiadores como Karl Krispin y Tomás Straka siguen su valioso trabajo. La Universidad Católica es un oasis de actividad intelectual. CEDICE está allí y está dando una gran batalla.

El talento venezolano no ha desaparecido, mucho está en estado latente, listo para florecer de nuevo con renovados bríos. Y así como lo está en el país, también lo está en Georgetown, en Harvard, en MIT y en las universidades de Europa.

Por todo el planeta las semillas de nuestro renacimiento intelectual están a salvo.  Ojalá que nunca más tengamos en nuestra pequeña Venezuela líderes políticos que pierdan la cabeza y se crean mesiánicos, mientras más mediocres más mesiánicos.

Ojalá que tengan humildad y sensatez y no se crean líderes de una potencia mundial. Si lo hicieren se convertirían en nuevos hazmerreír, como lo fue el difunto y como lo es este risible chofer que maneja hoy un auto desvencijado con las cuatro llantas desinfladas ,pero cree estar compitiendo en Fórmula Uno.

Publicado por Gustavo Coronel en 11:57 7 comentarios:  

 

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