Hay quienes vencen las sombras, otros las fortalecen desde el poder

 

Seríamos unos 200 graduandos. Un poco menos, o tal vez más. Dos horas y media duró el acto.

Unos 195 negros elegantisimos, en especial los malianos que tienen porte y caminan como modelos, entre árabes, tres vietnamitas y una rusa. Montreuil es un barrio francés de muchos  inmigrantes, de refugiados, su población se conforma con un alto porcentaje de nuestra Africa querida. Queda fuera de Paris, pero a 15 minutos en metro, mas de 100 mil montreulienses conviven entre una importante y diversa riqueza cultural.

 

Nada más parecido en su comportamiento al venezolano. Llegaron con toda la familia (que no es poca) niños que corretean, gritan y aplauden, porque sus padres reciben algo importante, contagiados de la alegría, son incontenibles.

Una mujer argelina leyó un poema que trabajó a lo largo del curso de francés, alcancé a retener un pedacito, se detenía y aplaudian, lloraba y aplaudian, terminó y siguieron aplaudiendo  «… es largo este camino que hemos elegido, no sé hasta cuándo soportaré el no encontrar tu rostro a diario, sigo esperando que uno de estos dias de invierno, cuando este yendo tú estarás llegando y tal vez ahi este el encuentro».

 

Abdalú Gureyé se levantó orgullosisímo, algo timido al tormarse la foto con su diploma, Jeroné Uwanahoro saltó con todo y diploma y lo va a lamentar porque salió movidisímo.

 

Todos estaban vistiendo sus mejores galas, no me cabe duda que para muchos era su primer diploma y para otros el único que querían recibir.

 

No portaban toga ni birrete, no había nubes de Calder, era un salón amplio, con sillitas simétricamente dispuestas, varias mesas unidas, convertidas en un mesón largo con todo tipo de refrescos,  galletas, tortas, etcétera.

El Alcalde hizo el cierre y dió la bienvenida a está nueva vida en Montreuil, «siéntanse en su casa,  pués forman parte fundamental de ella, son bienvenidos a integrarse como montreulienses».

Mi parte africana se sintió a gusto,  algo nos une profundamente, la nostalgía y las ganas de hacer casa.  Lo más importante el agradecimiento, dentro de 20 años estos «graduandos» seguirán respetando Montreuil y con seguridad ninguno será capaz de explotar un autobús para hacer daño al recinto donde recibió educación, casa y le hicieron sentir pertenencia. Sin Calder, sin toga ni birrete, habemus graduati, habemus gratias.

Andreína Mujica

andreinamujica@yahoo.com

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