José Ignacio Guedez REQUESENS ESPEJO

Las imágenes del diputado Juan Requesens visiblemente torturado y totalmente vejado, conmocionaron la opinión pública. Ya era hora. El impacto que no pudo lograr la MUD, el Frente Amplio o la propia AN, lo tuvieron dos videos cuya procedencia e intención se desconocen, pero que han generado indignación como pocas veces.

Y es que ese es el poder de las imágenes y la fuerza de la evidencia gráfica, ya que no es la primera vez que se tortura a un dirigente opositor, de hecho es una rutina por la que han pasado cientos.

Pero esta vez la gente lo vió y hasta lo sintió en carne propia. Estoy seguro que todos nos sentimos retratados en Juan Requesens y entendimos que, sin excepción somos víctimas de una tiranía criminal.

Falta que nos hacía esa dosis de realismo, para dejar de llamar gobierno a la dictadura, para dejar de camuflar los temores en falsas elecciones, para dejar de hacer del diálogo un oficio para beneficio personal en perjuicio del drama colectivo más atroz. Todos estamos drogados de alguna forma y nadie tiene el calzoncillo limpio. Todos somos Requesens, y esta vez no es un eslogan.

Quizá esa sea la razón por la que algunos prefirieron competir con el hecho hablando de su propia ética, dando por sentado que esas imágenes nos debilitaban. Es más fácil maquillar las tragedias con la rutina derrotista de papelitos en el curul del diputado ausente, acuerdos parlamentarios inútiles, tuits donde cada quien hace gala de su propia elocuencia, y al final sigue la inercia hasta que cae el próximo para que se repita el ciclo, cada vez con menos audiencia.

Pero esas imágenes es lo único que tenemos, es la prueba del secuestro y tortura de un diputado de parte además de un poder ilegítimo como es la Constituyente ahora en manos de Diosdado, lo cual no puede seguir pasando desapercibido porque es el fondo del problema.

No es la hora de seguir jugando a superhéroes, creando ficciones en las redes mientras el país sigue en caída libre en manos de torturadores; basta de fingir eficacia y de parcelar el sufrimiento dividiéndonos entre nosotros. No hay diferencia entre Requesens y la señora que desalojaron de su casa de la Misión Vivienda, por no tomarse en serio el “atentado”, ni entre los que no pueden sacar el pasaporte y están presos dentro o fuera del país, ni entre los que se ven obligados a acudir al censo de vehículos, ni los que padecen cortes de luz de forma cotidiana, ni entre los que ganan un dólar mensual de sueldo, ni entre los que se montan en “perreras” para transportarse, ni entre los que no consiguen efectivo para su vida cotidiana, ni entre las victimas del hampa, ni entre los enfermos que no consiguen medicinas, ni entre los que comen de la basura, ni entre los que no tienen agua ni gas.

La tortura es colectiva a toda una población, es hora de vernos nuestro propio calzoncillo, de sacudirnos los efectos de esa droga que nos hace creer que se puede seguir viviendo así, sin constitución, sin ley, sin democracia, sin moneda, sin futuro.

Las indignantes imágenes del joven diputado de Primero Justicia son un espejo en el cual podemos ver nuestra propia realidad. Solo espero que su sufrimiento no sea en vano y podamos transformar la indignación en movilización para retomar la ofensiva y apuntar directo al problema que es la dictadura criminal que oprime a todo un país.

Debemos solidarizarnos sin mezquindades entendiéndonos victimas de un enemigo común, debemos unirnos en el objetivo de rescatar la dignidad de Venezuela y la libertad de sus ciudadanos. No basta con rechazar el hecho, hay que pedir que cese la tiranía, hay que volver a la lucha.

Esas imágenes no humillan a Requesens, al contrario, lo enaltecen. Su rostro torturado es el de todo un pais y describe perfectamente al régimen hamponil de Maduro y Cabello. ¿Vamos a ocultarlo o mirar hacia otro lado? Tenemos que usarlo en defensa de la victima y a favor de nuestra lucha. Que no quepa dudas, esas imágenes solo debilitan a la dictadura.

Parece claro que el plan del régimen es crear de facto un estado de excepción extremo para implementar en medio de un Estado policial sus medidas económicas epilépticas e improvisadas que solo van a aumentar la tragedia social y llevar la crisis a niveles impensables.

La intimidación y amedrentamiento como política preventiva para evitar la protesta popular en momentos en los que pretenden consolidar formalmente el modelo castro-cubano, asaltando el parlamento, aprobando un nuevo texto constitucional de forma ilegitima, entregando la industria petrolera a los acreedores y sometiendo a la población con mecanismos de control social y dependencia grotescos.

En sus propias palabras es “hacer irreversible la revolución” para perpetuar los negocios de una cúpula en detrimento del pueblo. Ante este panorama, nosotros seguimos proponiendo la Huelga General como mecanismo de lucha democrático y constitucional.

Estamos esperando el pronunciamiento al respecto del resto de los factores de oposición o, en su defecto, alguna propuesta alternativa. Lo que no podemos es seguir en la inercia de la derrota mientras nos torturan.

Nuestra admiración, solidaridad y empatía con Juan Requesens, digno representante de una generación que ha entregado su vida entera por el rescate de la democracia.

José Ignacio Guédez
Secretario General de La Causa R

Comentarios:

Más ariculos
Cerrar

Alfredo Infante sj. «Confianza o seguridad ¿Que decides?».(Lc9,57-62)

La confianza y la seguridad tienden a confundirse en nuestra experiencia espiritual. No son lo mismo. Más aún son paradójicas. El fundamento de la búsqueda...