José Rafael Ramírez/La escasez de alimentos estremece al país

Desde que Nicolás Maduro ordenara a cientos de comercios de comestibles reducir los precios de más de dos docenas de alimentos, en un último intento por poner un límite a la hiperinflación, encontrar comida en una Venezuela desgarrada por la crisis, se ha vuelto mucho más difícil, debido a que en los últimos días, hordas de compradores desesperados vaciaron supermercados y bodegas en todo el territorio nacional.  

Hoy los estantes de los supermercados y otros expendíos de alimentos lucen dolorosamente desnudos, en todo el país y con muchas dudas sobre si se reabastecerían en el corto plazo.

-“La comida cara era mejor que no tener comida”, sostiene Laura Córdova, una señora que con sus 68 años a cuestas, lava y plancha para ganarse la vida. Examinando un mostrador de carne vacío en una carnicería de Mérida ella nos comentó:

-“Todas estas medidas económicas de Maduro son una locura.” Pan hoy, hambre mañana”, agrego, citando un viejo proverbio.  

Mediante el paquetazo Maduro ha impuesto precios irreales a más de dos docenas de alimentos que en pocas horas produjeron, como por arte de magia, la desaparición de una inmensa cantidad de productos en todo el país, lo que causa una alarma general entre la población. El fenómeno  no es exclusivo de las grandes ciudades, sino que ocurre en todo los rincones del país.  

No se consiguen alimentos en ninguna parte. Una inmensa cantidad de comercios están cerrados, porque se quedaron sin alimentos. Otros fueron asaltados por funcionarios de la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos de Venezuela (Sundee) y efectivos de la Guardia Nacional, obligando a sus propietarios a vender sus productos a un 50 y hasta 80 por ciento menos del precio que los adquirieron, lo que les ha originado a esos comerciantes la quiebra, puesto a que jamás podrán reponer esa mercancía.

En conclusión, el fenómeno de la escasez reaparece simultáneamente en todas las regiones del país, donde la gente ya comienza a desesperarse.

José Rafael Ramírez
Periodista, CNP 3.141
 

 

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