José Vicente Carrasquero A. : Distorsiones Revolucionarias

La llegada al poder de Hugo Chávez en 1999 está relacionada con las promesas de resolver una serie de problemas crónicos que venían afectado la calidad de vida de los venezolanos por mucho tiempo. La inhabilidad de la clase política anterior para zanjar esos problemas y otros elementos que no discutiremos aquí, crearon un ambiente propicio para que los cantos de sirena que prometían un futuro en el cual esos asuntos que molestaban a los venezolanos serían erradicados calara en una población deseosa de cambio.

La situación actual demuestra lo contrario. No solo no se resolvieron esos problemas crónicos sino que además se agregaron otros nuevos. Las encuestas de opinión exponen a una población cansada de los problemas que padece. Lo más peligros para la permanencia de los chavistas en el poder es que los venezolanos son poco optimistas respecto al futuro. Cuando eso, pasa, las sociedades buscan cambio. Una situación similar se vivió en 1998.

Por primera vez desde que sigo las encuestas venezolanas, y he tenido la oportunidad de revisar algunas que van desde los cincuenta hasta ahora, aparece por primera vez el problema hambre como uno que preocupa a los venezolanos. Esto, como es de esperarse, llena a la gente de incertidumbre y destruye en la sus mentes la credibilidad en los gobernantes e incluso en el sistema político mismo. De ahí viene entonces esa necesidad de cambio que mueve silenciosamente a grandes volúmenes de personas.

Y es que este sistema político impuesto por Chávez está repleto de distorsiones que le causan al común de las personas mucha molestia. Por ejemplo, PDVSA gasta según algunas fuentes, más de 40 millones dólares anuales en un piloto de vehículos de Fórmula Uno. Esta cantidad de dinero desperdiciado en momentos de calamidad económica pudiera tener una cantidad de usos prioritarios para solucionar problemas de los venezolanos. Por ejemplo, se podrían construir 20 hospitales o 60 escuelas. Es una distorsión que Venezuela gaste dinero en mantener un piloto de pago (un piloto que paga por correr) y al mismo tiempo tenga a millones de personas sufriendo en colas por falta de alimentos.

Cuando Chávez hacía campaña y aún después de haber ganado la presidencia, criticaba las colitas de PDVSA. El uso de los aviones de la industria petrolera para asuntos privados de personas importantes de los gobiernos anteriores. Es una tremenda distorsión que este problema haya empeorado de una forma dramática. Las colas de PDVSA se usan hasta para traer políticos y representantes de otros países a reuniones en Venezuela. Se usan para que antiguos luchadores sociales que incendiaban vehículos en las Tres Gracias se den viajes a Brasil para el control de salud de su esposa.

Y que además envíe de vuelta a la niñera a buscar unos papeles que se le quedaron así como si el vuelo fuese a la esquina. Es una distorsión que la flota aérea venezolana esté en lamentable estado y que miles de venezolanos arriesguen sus vidas volando en naves que tienen más de cuarenta años y cuya vida útil venció hace bastante tiempo. Y una distorsión que la gente que viaja al exterior tenga cada vez menos ofertas de vuelo mientras que la clase política gobernante puede alquilar aviones privados para llevar a sus familiares de vacaciones a Europa.

Es una distorsión de esta clase política que alcaldes y gobernadores del partido de gobierno celebren lujosas y ostentosas fiestas en las que gastan cientos de miles de dólares mientras que los venezolanos deben sufrir el rigor de una ausencia de alimentos de primera necesidad gracias a la incompetencia del funcionariado rojo.

Es una distorsión revolucionaria que los capitostes del régimen circulen en vehículos último modelo con chofer y escoltas mientras en el interior del país, como pasó en San Félix, la gente no cuenta con transporte público. Es una distorsión que el tráfico haya disminuido en las grandes ciudades no por una mejora de la red vial sino por la desincorporación de vehículos por obsolescencia o porque están accidentados por falta de repuestos.

Es una distorsión revolucionaria que se le dedique tanto tiempo a tratar de culpar a la oposición de un crimen cometido por unos desadaptados formados durante este gobierno mientras que miles de crímenes no solo no son resueltos, sino que los asesinos andan por la calle buscando más víctimas.

Es una distorsión revolucionaria que el conductor de un bodrio televisivo de la cadena oficial y que funge como presidente de la Asamblea Nacional se de el tupé de demandar a los medios de comunicación venezolanos por publicar una noticia aparecida en medios de otros países, pero que al mismo tiempo goce de inmunidad para atentar contra la reputación de cientos de venezolanos en el espacio que usufructúa. (Por cierto, unas clases de lectura y dicción no le caerían mal para que se le entienda mejor. Bernal lo hizo y al menos se le entiende lo que dice.)

Es una distorsión que el TSJ no vea como una falta que no necesita pruebas o denuncias, que el BCV no publique las cifras que permiten saber el (lamentable) estado de la economía venezolana.

La corrupción campea. La cantidad de nuevos ricos, los ex ministros, diputados, alcaldes y gobernadores que no pueden demostrar el origen legítimo de sus riquezas es una muestra de esa distorsión entre el discurso redentor de Chávez y la oprobiosa realidad que golpea el rostro de una madre que tiene que mostrar la partida de nacimiento del muchacho para que le vendan los pañales.

El experimento chavista devino en el peor error que pudo haber cometido el pueblo venezolano. Entregar el poder a una clase política menesterosa de conocimiento y sentido de país. Una clase política claramente indolente donde florecieron una serie de nuevos ricos que ofenden con su obsceno accionar al venezolano que sufre los rigores del empobrecimiento continuado.

Lo que estaba destinado a ser un fracaso terminó en una especie de profecía auto cumplida: un rotundo fracaso.

El tiempo se les acabó. No importa lo que hagan, las encuestas muestran un deseo de cambio. Y cuando el gobierno aparece tan mal evaluado, ese cambio es indetenible.

José Vicente Carrasquero A, Phd

@botellazo

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