José Vicente Carrasquero @botellazo 15Oct otro clavo en el ataúd del Chavismo

Después de la brutal derrota sufrida en las elecciones parlamentarias de 2015, el dictador Maduro y sus colaboradores se emplearon a fondo en todo tipo de trampas para impedir que se celebrara cualquier tipo de elección en Venezuela. Y cuando decimos cualquier tipo podemos mencionar incluso las elecciones de autoridades universitarias, de renovación de las direcciones de los partidos políticos y los sindicatos.
Maduro sabe que el chavismo por él representado ya no cuenta con el favor popular. Siguiendo las instrucciones de Cuba ha declarado a los cuatro vientos que la grave situación que sufren los venezolanos se debe a una presunta guerra económica en la que el universo se ha complotado para impedir que Venezuela salga adelante. La triste realidad es que, como era de esperarse, el comunismo no solo acabó con a industria petrolera venezolana y todas las grandes empresas que fueron nacionalizando sino que hicieron de la escasez de alimentos y medicinas, la hiperinflación y el crimen parte del gravísimo panorama que al pueblo le toca sufrir todos los días.
La ola de manifestaciones que comenzó en Abril de 2017 y que concluyó los primeros días de Agosto fueron producto de este estado de cosas en las que el venezolano ha perdido todas las libertades y ha visto violar todos los derechos humanos que se listan en la declaración universal que amparan esta delicada y fundamental materia.
Un gobierno sin recursos, más preocupado por pagar el servicio de la colosal deuda externa contraída por Chávez ha puesto al pueblo en segundo plano. La desnutrición, sobre todo la infantil, la reaparición de enfermedades endémicas previamente erradicadas, la ausencia de insumos para la higiene personal y un sin fin de calamidades hicieron que la mayoría atribuyera la responsabilidad de lo que está pasando a Nicolás Maduro.
La protesta puso a Maduro contra la pared y lo obligó a realizar parcialmente unas elecciones que se debieron realizar en Diciembre de 2016. La presión internacional lograda en parte por la violencia con la que las fuerzas represivas de la dictadura atacaron al pueblo venezolano no le dejaron más espacio.
Por supuesto, guiados por recomendaciones cubanas, Maduro hizo que estas elecciones se convocaran bajo un esquema que dividiría a la oposición en cuanto a participar o no basado en premisas baladíes que insultan la concepción misma de conceptos fundamentales de la ciencia política como la legitimidad y la eficacia política.
Para ello, Maduro hizo que las elecciones fuesen convocadas por la ilegal y por lo tanto ilegítima Asamblea Nacional Constituyente. De esta manera generó una diatriba interna en la oposición. Unos no muy enterados del concepto de legitimidad y partidarios de la abstención declararon que la participación en las elecciones legitimaría a la ANC de Maduro. Habrase visto semejante exabrupto. No necesita mayores explicaciones que unas elecciones que repitieran el nivel de rechazo de 2015 daría una bofetada a Maduro y su ANC y dejarían en claro que son instituciones que generan un descomunal rechazo en la población. Nunca se puede decir que un voto en contra de Maduro lo legitima ni a él ni a su bodrio constituyentista y mucho menos a las corruptísimas rectoras que se prestan para conculcar los derechos electorales de los venezolanos.
Es claro que una alta participación en las elecciones de 2017, a pesar de todos los inconvenientes y trampas descaradas del chavismo pone de bulto la ilegitimidad de una ANC que no tendrá piso moral para exigir que los gobernadores electos por el pueblo se sometan a ella. Además expresaría el altísimo nivel de rechazo de lo peor que ha pasado por la presidencia de la república en Venezuela.
Eso se llama eficacia política. Convertir la acción política en resultados que después hay que saber explotar de cara al proceso de transición que inevitablemente tendrá que suceder en Venezuela.
Quienes claman por la abstención con base en erróneas interpretaciones del concepto de legitimidad no ofrecen esta alternativa como una de eficacia política. Argumentos como que esto traería una intervención de los militares o una acción militar de potencias extranjeras son trampas de trasnochados en las que no debemos caer.
Votar es participación política efectiva y pone al pueblo nuevamente en posición de reclamar la salida de los narcotraficantes que hoy ostentan el poder en Venezuela. Votar es agarrar el toro por lo cachos y demandar de la dirigencia opositora acciones concretas para salir de Maduro y sus complices.
Las elecciones del 15 de Octubre son otro clavo para el ataúd del chavismo.
@botellazo
José Vicente Carrasquero A.

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