La patria rota

Si mi memoria no me falla, el 28 de noviembre de 1998 le advertí al país sobre el peligro que representaba el Tcnel (Ej) Hugo Chávez de ganar las elecciones que se producirían 5 días después. Ese día les pedí a los niños de mi Patria, que para ese entonces tendrían unos 5, 6, 7 u 8 o quizás 9 ó 10 años, que les exigieran a sus padres que no votaran por Hugo Chávez ya que si lo hacían, Venezuela, con el correr de los años, lloraría lágrimas de sangre. Esa advertencia la hice en el programa “La Entrevista”, que conducía el periodista Miguel Ángel Rodríguez, a las 7 am, en RCTV.

Esa misma advertencia y graficando el futuro de la Venezuela chavista que vendría, la hice ese mediodía en Globovisión, en el programa que dirigía la periodista Macky Arenas. Ahí fui más concreto. En esa entrevista fui al grano. Coloqué sobre su escritorio un mapa de Venezuela, sobre éste, todos los recortes de prensa, documentos y la historia que guardaba sobre  los fallidos golpes del 04 de febrero y 27 de noviembre de 1992, con su estela de muerte y violencia.

Arriba de estas gráficas coloqué la Constitución de 1961, que era la que nos regía en ese entonces como República y finalmente arriba de esta pila que había colocado, puse una “bota militar” talla 46 señalando que ese sería el futuro de Venezuela y de los venezolanos si no oían mi oportuna advertencia sobre el supuesto “mesías” que el pueblo embriagado, idolatraba.

Después de cumplido mi trabajo de alertar al país me retiré en silencio, ya que la turba estaba borracha. Así que a los 5 días el pueblo confundido selló su sentencia de muerte e ingenuamente cayó, sin disparar un tiro, en las garras del castro-comunismo-cubano que desde las tinieblas acechaba a la nación más rica de América y quizás una de las más acaudaladas del mundo.

Lo demás es cuento ya archiconocido. La república pasó a ser “Bolivariana” cuando verdaderamente  era y es “castro-chavista” porque Bolívar no tenía ni tiene vela en este entierro. Su bandera dejó de tener siete estrellas para incorporar la OCTAVA que representa el dominio CUBANO. El escudo fue modificado y el brioso caballo blanco que corría hacía el futuro, pero viendo el pasado y sin olvidarlo, se convirtió en un indefinido corcel que nadie sabe hacia donde va, y finalmente, se le obligó a cada ciudadano y a cada soldado de la “patria nueva” a gritar a los cuatro vientos como su Padre Nuestro el lema del “Che” Guevara: “Patria, Socialismo o Muerte”.

Quince largos años han pasado. Los niños y niñas de ayer que tenían 5 y hasta 10 años  y a los que me dirigí en 1968 les salió barba y ellas dejaron de jugar con sus muñecas de trapo. Ahora todos juntos se pintan sus manos de blanco en señal de paz y de lucha por tener un país y un  futuro mejor y  no para huir de esta tierra que los vio nacer y que en sus entrañas guarda los restos de sus antepasados. Esos niños de ayer a los que les pedí que hablaran con sus padres y que estos no los oyeron oportunamente, son también los que hoy han dado su vida y derraman su sangre en aras de la Libertad en las plazas y calles de mi “Patria Rota” por el Castro-comunismo-cubano, mientras el común de los venezolanos los vemos cómodamente y en primera fila, en las pantallas de CNN.

Esos niños y niñas que hoy han cerrado momentáneamente sus libros y sus aulas universitarias para que mañana todos tengamos un mejor país, son a los que los verdugos del sistema que oprime a la Patria Buena jamás doblegarán, ya que aunque el régimen intente secar con su verano de miseria, desolación y muerte los anhelos de libertad, unas simples gotas de lágrimas universitarias, que emanen de sus ojos como lluvia, reavivarán esa grama de honor y democracia, que está presente en cada corazón estudiantil, en cada alma venezolana y en cada fibra de amor por la República de cada oficial, cadete, guardias nacionales o policía institucional que silente seguro estoy, hay en cada cuartel del patria.                                                         

Miguel A. Aparicio

 aparicio7m@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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