La solución final

“…Y no se hagan comparaciones con Cuba, donde todo ocurrió a un ritmo que permitió ir haciendo ajustes, hasta acostumbrase a vivir en la penuria. Esto caerá de repente, de un momento a otro. Es tarde para impedirlo. Todo se derrumbará y después…veremos”.

Rafael Poleo

“Eso es algo que no se puede ocultar, ni negar. Yo no soy la única que está emigrando. Muchos amigos quieren irse, porque la situación del país nos afecta mucho.”

Ligia Petit, actriz.

“Hoy hay peores condiciones que las que había en el momento del alzamiento, porque se ha sumado a la corrupción, a la inseguridad, al alto costo de la vida, un desasosiego total de la población”.

Joel Acosta Chirinos, uno de los alzados en la intentona de golpe del 4F, 1992.

“Solución Final”:

Así llamaron los nazis a la implementación de las ideas delirantes de Adolfo Hitler sobre superioridad aria y otras sandeces, propias de las mentes brillantes cuando se extravían en el maremágnum de sentimientos, pensamientos, emociones y acciones desviadas del criterio de corroborar, con indicios prácticos ajenos a tales desvaríos, las consecuencias de las fantasías propias de la condición humana.

Particularmente se ensañó con los judíos, pues los consideraba eje central de la ruina en que se encontraba la Alemania de entonces. No fue el único a quien se le ocurrió que exterminar a un grupo o sector humano que piense, sienta o actúe diferente a esas disquisiciones propias de los que creen que tienen a Dios agarrado por la chiva, es la vía expedita para imponer su torcida visión de la realidad circundante.

En otro aparente extremo político, el mismísimo Stalin (significa “acero” en ruso, sobrenombre que él mismo adoptó) se despachó el triple de personas que Hitler (también tuvo más tiempo para hacerlo, hay que reconocerlo) argumentando igual expediente: se trataba de personas que no entraban por el aro estrecho de sus ideas (sic).

Mirando, oyendo y auscultando los movimientos que están ocurriendo a alta velocidad en esta Venezuela de hoy, 2014, encuentro algunos paralelismos sutiles (o quizá ni tan etéreos) entre la estructura relacional de aquellos acontecimientos y la política real que se está ejerciendo en nuestro país.

Cuando observo las colas frente a los automercados, las manifestaciones de malandros protestando por la “pérdida de derechos adquiridos”, las migraciones de gente de toda clase, los asesinatos a mansalva en las calles, la indiferencia de las autoridades que siguen mostrándolo como pequeños detalles exagerados por los medios, el acaparamiento gubernamental del papel periódico y un largo etc. que no cabe en este artículo, me pregunto si en el fondo no se trata de una “solución final” el hecho de que la única protesta es la de la ama de casa frente al cajero, la del buhonero contra el comprador del papel tualé, la del conductor contra el peatón, la del peatón contra el conductor, la del conductor contra el otro conductor, la del vecino contra el otro vecino, la del viejito frente al malandro, la del malandro frente al viejito, y así sucesivamente.

No puedo imaginar que todo esto esté planificado. Aun sabiendo de muchas perversiones de Fidel, pues le he seguido la pista desde 1953, no cabe en mi mente que esto esté prediseñado: Lograr que la población se extermine entre sí, unos contra otros hasta que solo queden unos seres cansados, arruinados, incapaces de pensar y sentir; y únicamente sigan como borregos las órdenes del comandante de turno, inspirado en el que se fue, al más rancio estilo de Corea del Norte, donde la doctrina (¿?) del Gran Hermano alcanzó la perfección.

Con esto, el líder se quita la responsabilidad de encima: “yo no fui, fueron ellos…” Sueño con eso y me despierto dudando y sudando, ¿será que es la solución final para que Venezuela entre por el aro de la secta marxistoide? No es chiste, es como para ocuparse le digo principalmente a los políticos, y a usted, querido lector(a) también…

Luis Arochaq MariñoLuis Arocha Mariño

Psiquiatra

Ilacotve

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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