Lic. María Graciela Díaz Lonigro. El arquetipo del Antigénero.

Hela aquí, Iris, en todo su esplendor, la Ministra de cárceles de Venezuela, apapachada por el peligroso delincuente, líder negativo, “Pran” interno de la cárcel de Margarita, (a) “El Conejo”, quien por cierto era chavista y fue preso de Hugo Chávez por un tumbe de drogas. ¡Inenarrable!

En este espacio mis queridos lectores, hemos trabajado para enaltecer, denunciar, poner de manifiesto cada una de las injusticias de las cuales hemos sido víctimas.

Debo confesarles que lo pensé mucho, antes de zambullirme en este artículo, no encontraba como suprimir palabrotas, a las cuales por cierto, no tengo recato al momento de usarlas; pero esta vez era diferente, porque el personaje, que sólo revelaré al final de este escrito, ya que no merece una línea más, se le ha asociado a todo el vasto caudal de adjetivos descalificativos, que nuestra maravillosa lengua española posee, por cierto, muy cónsonos con ella.

Debo además decir con toda responsabilidad que este fenómeno, que este engendro debe ser denunciado en cada tribuna, en cada página, en cada medio que se nos permita, como arquetipo del Antigénero.

Busqué en la bitácora política de los últimos 18 años y este sujeto, representa lo más anti-mujer que el universo haya nunca visto, hasta las carceleras nazis, quedarían un peldaño por debajo de ella; por tal motivo la he denominado antigénero.

Para colocarnos en contexto el antigénero es el término con el que se designa a aquellas obras artísticas que producen rupturas significativas respecto al género de referencia. Fué propuesto por el semiólogo argentino Oscar Steimberg para designar a aquellas obras, que rompen con los paradigmas genéricos en el orden referencial, enunciativo y estilístico, manteniendo una referencia al género con el cual confronta. Este concepto en definitiva calza a la perfección con ese ser indigno de ser llamada mujer.

Cada vez que vemos a ese engendro vomitando odio, cuyos fluídos transitan por todo su aparato digestivo en sentido contrario, acabando por el orificio de la jeta, diciendo cuánta barbaridad inimaginable, por una psiquis medianamente sana, yo pienso en Antigénero. 

Cuando he tenido la desventura de verla en las pantallas, con esa fotografía que evoca los personajes de lo gótico, de la literatura de Poe, de Quiroga, la de los pasquines nauseabundos de las telenovelas latinoamericanas en general, sin ofender a sus realizadores, yo pienso en Antigénero. 

Cuando oigo las historias de esas abuelas y madres venezolanas y de múltiples latitudes, de los años 50, 60, 70, 80 quiénes solas hicieron de su vida un podium, de glorias, luchas y reconocimientos.

Mujeres que solas eran capaces de graduar a 5 hijos en las prestigiosas universidades venezolanas, que además tuvieron la delicadeza de incluso hacerse lindas, cultivar el encanto y la presencia, y tener que compartir esta trayectoria, de nuestras simbólicas mujeres: luchadoras, guerreras, amorosas, cariñosas, bellas, hermosas, nobles, bondadosas, con la vil figura de este engendro, una desquiciada, impúdica, cuya grasa, por eludir el hábito del aseo, recorre su desfigurado rostro, una asesina serial, de la cual podemos asquerosamente oler su halitosis pestilente, desde las pantallas, fruto de un hígado que expulsa bilis,  yo pienso en Antigénero. 

Pues mis queridas y queridos lectores, deberíamos expulsar de las filas de la humanidad a este Antigénero llamado Iris Varela.

“Sueño con el día que una turba inmensa, asqueada por tu inmundicia, te arrastre por cada rincón de Venezuela y que tus restos no puedan ser más nunca reconstruidos y menos encontrados…Sueño con que tus partículas terminen siendo comida para el Guaire, que de seguro también debe estar hambreado, porque Tu, antigénero, aún respiras”…(MGDL)

Lic. Ma.Graciela Díaz Lonigro.

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