Luis Eduardo Martínez Hidalgo Gorrín

Raúl GorrinConversamos, Larissa y yo, largamente con Raúl Gorrín, presidente de la junta directiva de Globovisión. En horas de la tarde, grabaríamos con Wladimir Villegas para su tan visto programa de la 1 pero Raúl, con la gentileza que le caracteriza, se empeñó en que almorzáramos juntos.

Somos amigos de Raúl y su esposa María desde hace años. Sus hijos, contemporáneos con los nuestros, en muchas ocasiones compartimos vacaciones y días felices de playa. En un destartalado bote, apenas de mayor tamaño que una bañera, surcábamos irresponsablemente Mochima y entre nuestros recuerdos guardamos momentos de pánico cuando en medio de un mar tormentoso, con los chicos pequeños, casi naufragamos frente a las costas de Sucre.

Conocimos a Raúl cuando yo estudiaba en Estados Unidos y él arribó a University of Miami a cursar una certificación de grado. Después trabajamos juntos en “Dinero Latino” una casa de bolsa que prometía pero que el huracán que azotó a Wall Street, a raíz de la voladura de las Torres Gemelas el 11 de setiembre de 2001, se llevó por delante. Dibujamos sueños cuando ambos estábamos abajo; Raúl recuerda aun cuando le aconsejé que promoviera un Banco en Venezuela; hoy es accionista de uno y de varias empresas más. Es, a que dudar, un hombre de éxito, logrado a pulso y con tenacidad.

Raúl exhibe la misma sencillez de ayer, similar calidad humana. Sus logros no se le han subido a la cabeza y los valores que exhibe son los mismos de siempre. Su mamá está presente como referente y el amor por Venezuela le desborda.

Como yo, Raúl pudiera vivir tranquilamente en el extranjero; pero está aquí, sus negocios están aquí y donde tantos ven riesgos él encuentra oportunidades. Es un empresario de verdad, en el sentido más riguroso del término, marcado por la etiqueta del emprendedor y presto a incursionar en nuevas áreas.

Al frente de Globovisión no la tiene fácil -con él, otro amigo de vieja data, Gustavo Perdomo-. Sometido a infinitas presiones, han devuelto el canal al corazón de la gran mayoría de los venezolanos. Bien lo expresó meses atrás en Madrid al recibir el premio “Personalidad Iberoamericana del Año”, galardón otorgado por la Organización de Periodistas Iberoamericanos (OPI) que reconoce los valores humanos de periodistas y figuras representativas de la comunidad internacional, al resaltar que el canal es “predicador de la paz, a través del diálogo, el entendimiento, la tolerancia, el reconocimiento del otro y su derecho a pensar distinto” para agregar que la planta “está decidida y comprometida con la defensa de la libertad de expresión, el pluralismo y la democracia”.

Con Raúl coincidimos, en sus propias palabras que “el esfuerzo productivo es el camino más seguro para alcanzar el bienestar y el desarrollo de las capacidades de los individuos, su realización plena y la felicidad” así como que “la economía no es juego, no puede manejarse caprichosamente bajo dogmas que al final se transforman en obstáculos insalvables. Tanto el Estado como el mercado tienen sus roles”.

Cuando nos despedimos, ese día de la pasada semana, al abrazarnos Raúl Gorrin me expresó que es bastante lo que estamos haciendo pero es más lo que podemos hacer por Venezuela. Sin vacilar le señalé: así es y así será.

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