Manuel Avila     1º Septiembre

Los errores de la historia hay que corregirlos y corresponde los ciudadanos honestos de esta patria grande buscar los mecanismos para enmendar la plana por la equivocación del 98. Es que los ciudadanos pelaron el pedal cuando apostaron a montar de nuevo a un militar en la silla presidencial y cometieron el error más grande de su historia al poner en Miraflores a un hombre irascible que terminaría enfrentados a su misma militancia partidista. Más tarde que nunca la sociedad venezolana entendió su error del 98 al ver la entrega de nuestra moneda a otras naciones con préstamos impagables, dádivas millardianas para obras de interés social y la entrega de nuestro patrimonio a naciones poderosas a cuenta del intercambio de recurso humano traducido en maestros, técnicos sanitarios e instructores de deportes. Todo eso hizo Chávez que tuvo el petróleo hasta en 140 dólares y abuso de su poder para entregar el patrimonio nacional a cuenta de nada. De ahí que los hospitales y las ambulancias para Bolivia, la petroquímica para Brasil, dólares para la deuda exterior argentina, autopistas para Nicaragua y tantos compromisos con Cuba que dejaron las finanzas venezolanas en la ruina. Con esos convenios internacionales con China, Rusia, Irán y Cuba se vino la economía nacional en barrena hacia la quiebra económica.

No busquemos la debacle económica en estos momentos de Maduro Presidente, sino en la dilapidación interna de los presupuestos de Ministerios, gobernaciones y alcaldías y sobre todo en los gastos fastuosos de institutos como el Saime, Cadivi, FUS y los entes encargados de coordinar la vivienda en el país. De toda esa locura gubernamental con Don Regalón entregando la bonanza petrolera a otras naciones se nos vino encima la escasez, la inflación y la devaluación de bolívar hasta que se convirtió en la moneda más pobre del Continente. Así llegó el momento de la quiebra económica, de la escasez, de las colas, de la podredumbre dela corrupción y de la pérdida de la calidad de vida que generó una crisis humanitaria que produce muertes a granel en hospitales y calles. Por eso tenemos un 1º S donde los venezolanos van a “La Toma de Caracas” a pedir la aplicación de la Constitución con un RR que es un derecho ciudadano para que los venezolanos digan en las urnas si quieren continuar bajo el mando de Nicolás Maduro o si quieren elegir un nuevo Presidente. Nada de violencia como dice el conmilitón Aristóbulo Isturiz o el pichón Héctor Rodríguez, o el capataz Cabello. Solo es una marcha de la dignidad nacional donde es el ciudadano el gran protagonista que quiere poner orden en una nación con las instituciones secuestradas para dar la sensación que tenemos un Estado de Derecho acorde a una nación equilibrada. Eso es todo lo que quiere el 80% de los venezolanos y más nada, pues de los albañales de la violencia solo brotan cuadros dantescos de sangre, sudor y lágrimas.

Ahora querer parar la manifestación popular de la gente traerá más problemas a los oficialistas porque esa ola de represión de seguro se traduce en odio y rechazo a un oficialismo que perdió el amor del pueblo en tan poco tiempo.

Manuel Avila

@encíclica                                                                                                          

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