Manuel Avila   Darío Montaño, el líder de los Marines

La poesía de la vida embriaga a hombres que nacieron para hacer historia y que empujados por el paso del tiempo dieron saltos olímpicos para batallar por consolidar sus principios. Ese es el caso de Darío Montaño, un soñador de la vida que con su espíritu de luchas, su sonrisa floreciente y su afán de independencia transitó por los caminos de Rio Caribe, La Guaira y Margarita.

En esos espacios ese ser humano de la sensibilidad dio muestra de la grandeza de su alma y del desprendimiento para poner sus mejores esfuerzos para elevar las dimensiones de lo humano y de lo religioso al convertirse en colegionario de su amada la Virgen del Valle.

De dos riocariberos Darío Montaño y Encarnación Guerra nació Darío Montaño que fue hermano de Luisa Eudorina, Miguel “Cazón”, Cenobia, Emilio, Moisés y Jesús Enrique “El Pollo”. Pero a Darío le correspondió hacer lo mismo que a la mayoría de los habitantes de los pueblos orientales que emigraron a La Guaira en busca del futuro y el desarrollo que garantizaba el Puerto Internacional.

En el Litoral Central Darío recién llegado se unió en matrimonio con Nery, una prima hermana hija de su tía Justina y que por razones de la vida se unieron en nupcias. No duró mucho este matrimonio, porque Darío era pájaro bravo y picoteaba por todas partes.

Después vivió con Tomasa Montiel, con quien procreó a Gladys, Luz María, Ruth y David. Fueron varios años de esta relación que también se terminó aun cuando vivieron felices en Caraballeda. En esos tiempos tuvo Darío una aventura con Everina Salazar de la cual nació su hijo Rafael Salazar.

A Darío lo conocían en La Guaira por sus habilidades para el baile del tambor, arte que aprendió en su estadía en Caraballeda y para bailar cualquier tipo de música, porque sus movimientos acrobáticos y el ritmo de su alma lo hicieron un bailarín admirado por muchos.

Fueron varios años que laboró Darío Montaño en el Puerto de La Guaira y donde el esplendor le permitió que como obrero este riocaribero pudiese vivir cómodamente. Darío fue un hombre alegre que como bailarín, deportista, sindicalista, pelotero y organizador de fiestas destacó y esas actividades le permitieron hacer grandes amigos en los espacios donde le tocó laborar.

Cuando se le complicó la situación en La Guaira, Darío volteó la mirada hacia Margarita, donde se hospedó en la casa de su hermano Moisés Zapata en Las Piedras del Valle, donde cultivó el amor por la Virgen del Valle, al comprometerse desde su llegada en las actividades religiosas en honor a la Virgen Marinera.

No solo se involucró Darío con las actividades religiosas sino que se convirtió en el líder del Club “Los Marines”, lugar de encuentro de los valleros y donde Dario tejió un liderazgo que duró por años junto a Carlos y Abimael Millán hicieron grandes gestas para elevar la calidad de las fiestas patronales de los valleros.

En El Club “Los Marines” este riocaribero estuvo como Presidente durante varios años y fueron muchos los triunfos y las alegrías de este personaje del populacho oriental.

A Darío Montaño también le llamó la atención una margariteña bella como Luisa Marín, que quedó prendado de esta mujer vallera para terminar casándose con ese dandy oriental. De esa unión con Luisa nacieron Darío, Luís Darío “Licho”, Jesús “Chucho” y Dariluz que fueron su vida, sus ojos y sus sueños.

A Darío le correspondió hacer vida en Margarita y por sus vínculos políticos con Acción Democrática el partido de sus primeros años, logró entrar al Puerto del Guamache, donde se hizo sindicalista y tomó la batuta de las reivindicaciones de los trabajadores portuarios.

Pero Darío comenzó a sufrir decepciones del Partido del Pueblo de otros tiempos y terminó engañado por los caciques partidistas que tanto daño le hicieron a Margarita y Coche.

No se angustió Darío al desertar de AD y continuó dedicado a su liderazgo social en el Club “Los Marines” donde se convirtió en uno de los mejores jugadores de bolas criollas visto por estos lares, pues sus aprendizajes en Caraballeda se lo trajo a Margarita para convertirse en uno de los grandes del arrime.

Ya Darío estaba dedicado a sus funciones sindicales y cuando apareció Chávez en el escenario político venezolano al riocaribero le correspondió hacer vida revolucionaria, y ese fue el partido que le permitió terminar sus días ejerciendo su liderazgo social, con ayudas y colaboraciones con el pueblo.

En Los Marines y en los bares del Valle del Espíritu Santo muchos fueron los shows que montó Darío con sus pasos acrobáticos que lo convirtieron en uno de los bailarines que más impresión ha dejado entre los valleros.

En las fiestas patronales de la Virgen del Valle fueron muchas las participaciones de Darío Montaño que hacía cualquier actividad asignada para que las festividades fueran exitosas.

Grandes amigos dejó este caballero de la vida en Las Piedras, en El Valle del Espíritu Santo y en toda Margarita donde Dario Montaño hizo un liderazgo importante por su carisma, su simpatía y sus ganas de cambiar el mundo.

Todavía en el Club “Los Marines” recuerdan a Darío como un hombre alegre, que nunca dejó esa sonrisa que tenía como marca de fábrica y su liderazgo social que lo mantuvieron como un caballero de las causas nobles.

Manuel Avila

@encíclica

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