Manuel Avila           El grito de los enfermos

 

Cuando vi a Luís Díaz defendiendo a las clínicas en la AN acompañado de Rafael Tovar por la Clínica la Fe y por otro representante de la Clínica El Valle sentí que reclamaban su derecho justo a los aumentos que hace 3 años el Gobierno Nacional le condonó para siempre.

De verdad no sé cómo hacen las clínicas privadas para aguantar los embates del gobierno porque los insumos subieron a la millonésima en ese período y los obliga a planificar más allá de la crisis con sus deudas a cuesta. Imagínense como harán los hospitales que dependen en exceso de la gerencia de un gobierno nacional quebrado y desubicado.

No vale enfermarse en una sociedad que lleva a cuestas los muertos de la IV y la V República sin incluir los daños patrimoniales que le ocasiona a nuestra patria la locura de las corruptelas tejidas de a poquito por tejedores de tristezas.

Vi de nuevo a ver si detrás del empresario Luís Díaz no estaba detrás ña imagen difuminada del Principito, pero entendí que no sabe de salud y menos de nada, por tanto no puede opinar en una sociedad de enfermos de la ignorancia donde cualquier bachacón es diputado o concejal.

Y es que mejor labor legislativa del “ignorante de marras” ha debido hacer “Pedro Loco” en cualquiera de sus presentaciones a diputado, concejal o gobernador. Si así como lo oyen no apareció “el ignorante con camisa Columbia”, pues al final no le interesa la salud de nadie sino sus dos steem que carga en el alma por las maldades que hizo a su pueblo por no saber legislar de nada.

No tenía otra alternativa la Comisión de las Clínicas Privadas de Nueva Esparta que esbozar ante la Comisión de Salud de la AN que preside el no menos brillante Olivares, la realidad de unos centros de salud que están a punto de bajar sus santa marías para dejar bien claro que el sistema con las manos amarradas y con ecos de quiebra en su alma.

No acepta el Gobierno Nacional los incrementos en las intervenciones quirúrgicas que valen nada y se convierten en precios astronómicos para los asalariados venezolanos, pero que ante la verdad de la quiebra nacional se detiene para tomar un sorbo de agua y seguir caminando hacia la nada.

De lo lejos se escuchó un grito “llamen al ignorante con Columbia” a ver si sabe algo de salud, pues nada hizo por la salud insular mientras fue legislador de los negocios y no es culpa de nadie que la fortuna le salpique a quienes usan el poder para saltar la cama elástica y meterse en los espacios de la fortuna.

Pero lejos de quedarse fuera de lugar los empresarios de la salud privada luchan contra la corriente empujando el barco de la salud y haciéndole los servicios al pueblo y ayudando al gobierno que tiene la salud en cero.

Más tarde que nunca cuando se acabe el gobierno de las torpezas gerenciales volverán las clínicas a florecer, pero todavía sueñan los gerentes de la salud con que se enderece el entuerto revolucionario que quebró la economía nacional y dejó sin argumentos a unos empresarios de la salud que cargan sobre sus hombros el pesado fardo de la inflación nacional.

Vamos bien lejos con un peso muerto que se deshace en un gobierno atolondrado que jugando a la locura económica se desdibuja en medio de un clima de poder fatuo que ni resuelve nada, ni emprende jugadas épicas que le permita a los empresarios salir del atolladero en que los metió la escasa visión gerencial de una política socialista enterrada en las cenizas del juicio final.

Así vamos y no tengo dudas que el servicio de las clínicas privadas es lo que suple con éxito a una gestión macabra que tiene a los hospitales vuelto manicomios de la nada y campos de concentración en tierra revolucionaria.

Manuel Avila

@encíclica

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