Manuel Avila     El síndrome de la trampa

Con 19 procesos electorales realizados el chavismo de jacta de ser el gobierno que más elecciones democráticas ha realizado en el mundo y ha salido victorioso en 18 elecciones que le han permitido coronarse como los dueños del patio político.

No quedan dudas que se han realizado muchas elecciones y han revolcado los chavistas a una oposición que se niega a entender sobre los liderazgos de la clase revolucionaria. Pero el síndrome de la trampa ha rondado cada uno de los procesos electorales y todavía la oposición no ha podido agarrarle el hilo suelto a la revolución.

Y solo en las últimas elecciones fue cuando más cerca estuvo la oposición de descubrirle el juego de la picardía al oficialismo, pero haber escondido los cuadernos electorales en la auditoría técnica enterró las posibilidades de la oposición de posesionarse de la Presidencia de la República.

De eso no quedan dudas que muchas triquiñuelas han ocurrido en los procesos electorales venezolanos donde la frase “Tendencia irreversible” ha sido el leit motiv en cada proceso electoral.

Cuando hablamos de la trampa aludimos a lo que hicieron los adecos y copeyanos en el pasado para                                       mantenerse en el poder y producir las leyes de la alternabilidad que combinó gobierno blancos y verdes por largo rato y que con aquella famosa frase “acta mata voto” estuvieron gobernando el país por tantos años.

No es que solo los chavistas han hecho la trampa sino que aprendieron de las lecciones de la historia y saben que en los adecos tienen un rival que también supo hacer marañas para no perder el poder. De eso se trata de mantener vivo “el síndrome de la trampa” como un fantasma que ronda el escenario electoral y que pone en tela de juicio la transparencia de cada proceso comicial.

No quedan dudas que los chavistas con el proceso electoral digitalizado y tecnólogicamente adaptado a los avances del mundo han sabido manejar con pericia cada acto electoral y pudieron poner en manos de figuras como Jorge Rodríguez, Tibisay Lucena y Sandra Oblitas el manejo estratégico de la maquinaria electoral venezolana y por eso cada proceso se convierte en una suerte de emboscada electoral, donde en cada capítulo se le añade unas gotitas de trampa al proceso.

Cada proceso electoral es una historia distinta y corresponde a la oposición y al gobierno enfrentarse en una guerra de dimes y diretes para sacar ventajas a las historietas fabuladas del síndrome de la trampa. De todas formas se seguirá diciendo que las 18 victorias del oficialismo son hijas de la trampa y que la oposición es un conejillo de indias en cada proceso.

Eso es lo que hay y por eso en estos comicios del 6D el fantasma de la trampa rueda de boca en boca porque ahora la oposición sostiene que con el rechazo que tiene el chavismo no hay una sola posibilidad de triunfo. Eso es contrarrestado por los voceros del oficialismo que sostienen la tesis que la transparencia es su norte y que no hay procesos electorales más limpios que los venezolanos.

La realidad es que tenemos el 6D unas nuevas elecciones en un ambiente tomentoso que pone sobre el tapete el futuro del país, pues si la oposición gana irá con todas sus fuerzas a controlar el poder legislativo nacional y a desarmar los tejidos revolucionarios esculpidos sobre hilos de oro.

Y si el chavismo gana seguirán navegando en su modelo socialista que en algún momento tendrá que frenar para empezar la recuperación económica del país. Ese es el panorama previo al 6D que marca un hito en el futuro nacional y pone sobre el tapete la realidad de una nación que se bambolea entre el ser y el no ser.

Por ahora nada está escrito salvo las fantasías de los clarividentes insulares que desde ya se proclaman ganadores en un 5-0 que solo existe en la fantasía de sus sueños blancos, pues ese triunfalismo enfermizo es solo parte de una encuestas abombadas que aun cuando tienen relación con la hiper inflación, la escasez y la inseguridad, no son motivos suficientes para decretar desde ya un triunfo zapatero.

Manuel Avila

@encíclica

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