Manuel Avila                            Huele a fraude

 

La tesis de Jorge Rodríguez de que en el acto de votación de la recolección del 1% votaron muertos, reos y usurpadores de identidad se cae por su propio peso porque la voluntad del elector fue masiva y no se puede ocultar con el humor negro del “siquiatra loco”.

Y es que la contaminación de la data electoral fue producto de la mente perversa de un fabricante de trampas que montó esa olla podrida para hacer ver que votó gente no apta para el sufragio. No quedan dudas que esa era la estrategia del ideólogo del proceso que debía contaminar el acto electoral para poder parar ese rechazo descomunal que tiene al Presidente Nicolás Maduro contra las cuerdas.

Y es que un rechazo del 80% es una clara muestra de que los ciudadanos de la patria no quieren al heredero del eterno de ninguna manera, pues sus políticas económicas más allá de enterrar su popularidad lo convirtieron en el Presidente más odiado del país.

Todas las encuestas muestran a un Presidente atrapado en su propia búrbuja y que hace esfuerzos supremos por superar una guerra económica que solo fue un invento semántico para tratar de justificar la quiebra del Estado.

No se justifica que a estas alturas del juego tengamos una inflación en Venezuela que supera el 400% cuando en naciones como México, Chile, Panamá, Ecuador y Perú no llega ni al 8%. Con semejante destrucción de la economía nacional entró el chavismo en la peor pesadilla de su historia de 17 años en el poder, pues no pudieron vender ese producto manido que enterró para siempre el modelo socialista.

Con semejante desastre económico entró la sociedad venezolano en una crisis generalizada que le complicó el panorama a una sociedad enferma que busca nuevos horizontes y solo encuentra a un gobierno marruñeco y alejado del porvenir. No es cuestión de seguir un modelo económico y político, sino que tener a los ciudadanos contra la pared en un proceso de búsqueda cuestión de locos.

Con ese rechazo de la gente que frisa el 88% se mete en la diatriba a la gente del PSUV para que usen las armas de la razón como elemento para transformar lo que queda de República, ya que solo los militantes del chavismo que juegan al radicalismo creen que el efecto guerra económica llegó a su fin con un gobierno que solo juega a la trampa y no se ocupa de gobernar la región.

“Huele a fraude” grita la gente de Caracas hasta Perija y desde el Lago de Maracaibo hasta El Matasiete y desde el Fortín de la Caranta hasta el Cerro Matasiete, pues aun cuando sabemos que miles de almas saldrán de todas partes a poner fin al régimen hambreador de Maduro.

Pero es bien cierto que los venezolanos se cobrarán el tiempo perdido en las colas, el alto costo de la vida, la inflación, la corrupción, la escasez, la devaluación del bolívar, el colapso de la red hospitalaria, los abusos de poder y las regalías de nuestros recursos a otras naciones.

Por esos elementos negativos en contra los chavistas preparan el fraude masivo que deje nocaut a la oposición venezolana, pues su apertura democrática la hacen con una careta que les esconde su visión maliciosa de hacer política y ese miedo que llevan en los huesos por haber perdido el amor de su pueblo.

Manuel Avila

@encíclica

 

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