Manuel Avila     ¡Justicia, por favor!

Cheo González3 Un 7 de enero tres delincuentes se atrevieron a retar las leyes de la privacidad del cantautor de Opus 4 a las 2 pm. Violaron la privacidad familiar y agredieron a Cheo a Lula como le dio la gana. Ni siquiera llegaron a pensar estos desalmados que atentaban contra la cultura insular cuando el más violento de los delincuentes se atrevió a apuñalear a Cheo González, por miedo a que lo reconociera posteriormente.

Es la única excusa para agredir a un hombre bueno, que nunca ha matado ni a una mosca, que no le hizo daño a nadie en su transitar por la vida, y menos su esposa Lula, la doctora de familia del pueblo maquense. Eran dos personas apreciadas por el pueblo del Maco y los delincuentes aprovecharon la oscuridad de la noche para hacer de las suyas en una residencia familiar violentada por estas mentes salvajes.

De seguro estaban bajo los efectos de los alucinógenos, pues no se explica que si el secuestrado da muestras de colaboración con sus victimarios, no es posible que le hayan atacado con tanta ira para hacerle daños supremos al Maestro de la música margariteña.

Lo sorprendente es que a más de 19 días de transcurridos los acontecimientos no haya una respuesta acorde a lo que pide el pueblo margariteño como castigo para los delincuentes, que cometieron la atrocidad contra la familia González-Cohen.

Pero en todos esos días que Cheo González estuvo hospitalizado, no se apareció ninguna comisión investigadora hasta el día de su muerte cuando un grupo de técnicos policiales acudió al centro hospitalario, en busca de información para armar el expediente.

Eso lo han rechazado los margariteños y sus mismos familiares, que piden con firmeza que aparezcan los criminales cueste lo que cueste, pero que deben pagar con cárcel la muerte del cantante margariteño de Opus 4.

Ninguna señal se oye que permita a las autoridades policiales, orientarse en la búsqueda de los criminales y por ahora, solo de rumores se sabe en Margarita. Unos dicen que todavía la Fiscalía no ha dado la orden de aprehensión, que se espera por la toma de decisiones del tribunal, que la policía científica nada tiene en las manos y todo un rosario de planteamientos que hacen creer que este juicio lleva características de cangrejo policial.

Pero lejos de la impunidad, de la incompetencia y de las limitaciones que tienen los cuerpos policiales para realizar las investigaciones está la garantía de seguridad que exigimos los margariteños en estos tiempos de crisis, donde el miedo se apodera del alma nacional.

No hay justicia que pueda cubrir con su manto las tantas lágrimas dejadas en las calles del país donde la sangre ha teñido nuestras barriadas, urbanizaciones, ciudades y estado completos. Estamos arrinconados por la crisis económica y social que desencadenan en muertes lamentables como la de José Gregorio González, que enlutan y generan la ira de los venezolanos.

Y es que el miedo corroe el alma nacional y de ninguna parte surge alguna propuesta que permita decir que las autoridades están haciendo algo por la seguridad. Eso paños de aguas calientes de dotar a los cuerpos policiales de vehículos, motos y armamentos no es suficiente para controlar la ola delictiva que se soltó el moño en medio de una crisis económica y social que mantiene en jaque a los venezolanos.

Y es que hasta las autoridades gubernamentales y sus familiares son desbordados por ese avance delictual que nos hace pensar que en este país no hay un gobierno serio que frene ese flagelo, que ataca a la familia lo más sagrado de nuestra sociedad.

Pero alguien debe llegar a gobernar el país para que, por lo menos el Método Singapur llegue de alguna forma a Venezuela para frenar el delito organizado. No es posible que no busquemos alguna fórmula, porque ya los 25 proyectos policiales se encuentran archivados como basura no reciclable en los depósitos de la nación.

Esta vaina no sirve, lo hemos venido diciendo cuando escuchamos las historietas de los asesinatos, de los atracos, de los actos de violencia y, sobre todo de la perdida de seres queridos que enlutan los hogares venezolanos.

Si en Singapur se aplicó la pena de muerte a políticos y delincuentes y en poco tiempo se redujo el delito de 97% a 2%, no se explica porque en Venezuela seguimos sometidos a las decisiones de la delincuencia para poder vivir en paz.

No se trata de transformar las discusiones políticas inútiles en circos ideológicos, sino de realizar propuestas que permita a la gente decir “Si tenemos gobernantes”, pues hasta ahora nos cuesta creer en los gobernantes porque siguen matando a nuestra gente y no hay respuesta a tan aberrante situación criminal.

Esperamos que aparezcan los asesinos de Cheo González y que el sádico que fue capaz de asestar las tres puñaladas al artista de la guitarra sea tan guapo sin alucinógenos, ante la justicia venezolana.

Debe pagar a precio alto en años su atrevimiento contra ese orfebre de la música margariteña y al juez que le corresponda tomar la decisión, de ser bien severo contra ese monstruo que hirió de muerte a Cheito González.

Debe pagar porque sí y no hay dudas que el pueblo margariteño espera se haga justicia, porque queremos ver el rostro de ese criminal que en la oscuridad de la noche le quitó el sueño a Cheo y a Lula de continuar creciendo en el mundo insular, como dos seres humanos del amor y la paz.

Esperemos un poco porque es Margarita quien reclama justicia y no más muertes, razón por la cual el gobierno debe responder lo más pronto, para que los asesinos de Cheito paguen con cana el irrespeto a lo nuestro. Así que ¡justicia, por favor! es lo que pide Nueva Esparta. Solo eso.

Manuel Avila

@encíclica

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