Manuel Avila                       La falsa hipocresía

 

No queda ninguna duda que Chávez fue un error de la historia y eso quedó grabado en las huellas de la miseria que se sembró en la geografía nacional en los últimos 17 años. Si aunque muchos todavía le pongan velas, velones y flores a la tumba del ·galáctico”, no es menos cierto que Chávez es el culpable de la destrucción nacional.

No bastó con las misiones, mercales y Barrio Adentro sino que la gente se fue empobreciendo de a poquito llegar al extremo de crear un laboratorio de la miseria nacional nacional. Aprobó Chávez miles de créditos para complacer a sus amigos y entregó el control de la corrupción a los enemigos mismos del proceso.

Así se gestó la nación bolivariana con una cantidad de individuos vestidos de verde oliva y con una boina roja que marco el paso del proceso en los últimos tiempos. Pero la pobreza se apoderó del alma nacional para dejar descuadrado un proceso que se hizo añicos más pronto que tarde, pues es evidente que Chávez le dio confianza a los militares para generar la ola de corruptelas más grande de la historia nacional.

De esa forma se nos vino encima la pobreza como una huella imborrable que le presentó a los amigos del Continente la salvación de na patria que se nos murió a menguas sin que nadie hiciera nada por ella.

Definitivamente Chávez apareció como la salvación nacional de una sociedad enferma de politiquería y preparar para atravesar ese océano retador en medio de la tormenta. Ni Lucas Estrella con “El Oráculo del guerrero”  aquel famoso libro que en los primeros años de revolución fue el libro de cabecera de muchos chavistas que llegaron a creer que la revolución sería eterna.

Fue en Venezuela donde por obra y gracias de los gobierno adeco- copeyanos insurgió el teniente-coronel entre vientos y olor a pólvora. Y una vez que José Vicente Rangle y Don Luís Miquilena convencieron a Miguel Henrique Otero, Andrés Mata y a todos los editores del país que con Chávez vendría la era dorada de la Venezuela petrolera. Pero se quedaron esperando ese dorado que nunca más volvería a la Venezuela rentista.

Solo quedaron recuerdos del Presidente muerto que hipotecó al país en medio de un clima de bonanza y oro, pues nadie llegó a creer que el oro negro se montaría más allá de los 120 dólares y que en poco tiempo se acabaría “el síndrome de Blanca Nieves” para dejar a los ciudadanos de la patria de Bolívar convertidos en los pobres del Continente.

Eso no lo pueden entender nuestros hermanos de las naciones latinoamericanas que siempre vieron a la Venezuela petrolera como la hermana rica de nuestros pueblos. De aquel bolívar sólido que luego fue montado en una obra teatral de mentiras e hipocresías para dejar a los ciudadanos con billetes sin ningún valor en medio de las calles de la patria.

La era de la corrupción sobrepasó los límites de la verdad para hundirnos en una escasez descomunal y una inflación gigantesca que se llevaron en volandillas a una sociedad enferma de pereza mental. Más nunca los venezolanos volveríamos a tener la oportunidad de proyectarnos por los caminos del desarrollo, sino que deberíamos empezar de nuevo para intentar montar al país en la cima del cielo.

De aquel clima de prosperidad nos metimos en formas primitivas de hacer política al llevar la economía a la mayor quiebra nacional, pues la hiperinflación descompuso los 18 motores que intento encender Maduro para salvar a Venezuela.

Solo fueron intentos teóricos por impresionar a un ciudadano que más nunca volvió a ver un bolívar fuerte sino una devaluación destructora que puso nuestra moneda a rodar por el piso entre escupitajos y la mano extendida de un pordiosero que dejó atrás la era del progreso nacional.

Qué tristeza ver a nuestra gente humillada entre cantos de himnos devaluados y banderas sentenciadoras del juicio final, ya que la ola de corruptelas fue tan grande que los mismos chavistas como Dante Rivas salieron a escribir que el virus de la corrupción está metido en el alma nacional. No podemos devolvernos a recoger los frutos de la barbarie revolucionaria que perdió su esencia para destruir una nación que estaba predestinada a caminar sobre alfombras rojas e hilos de oro.

Más nunca Venezuela superó ese error de la historia que sepulto hasta nuestro pensamiento en un cementerio de oscuranas donde las flores se marchitaron tan rápido que no dio tiempo de pensar en crear un nuevo país. Todavía hay chance de tejer crinejas de esperanzas y de soñar con un porvenir donde los corruptos que se hicieron ricos con la plata del Estado no se paseen por las calles de nuestros pueblos con la frente alzada y el pecho de tortuga ninja. No volverán le cae a muchos que desangraron la tierra de Bolívar al robarse hasta las hostias de nuestras iglesias para formar mentiras de religiones que solo son usadas como fantasma de Eclesiastés. Esas son las vainas que arrechan cuando sientes que falsean hasta la fe y luego se aparecen como hombres dadivosos que dan hasta los más sagrado de sus falsas creencia para continuar con la farsa de la hipocresía. @encíclica

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