Manuel Avila   La voz del silencio

Si los ciudadanos hablaran y dijeran tantas cosas que pasan por su mente, los políticos no cometerían tantas torpezas, pues es bien conocido, que hasta en la política hay que razonar y estudiar las cosas antes de actuar.

Y no quedan dudas de que si William Fariñas cometió la torpeza, hace 6 años de impulsar a los ciudadanos a que ocuparan el Edificio Coro Coro, a 150 metros de la Alcaldía de Mariño, ese fue un gran error histórico del proceso que ahora enmienda el General.

Hay que estar en la mente de Fariñas, para saber qué buscaba con esa jugada, dantesca que terminaba poniendo una bomba de tiempo a la Ciudad Marinera.

Un explosivo social de alta peligrosidad que, con el tiempo hizo perder valor inmobiliario y urbanístico a Porlamar, y contribuyó a la deshumanizar más ese espacio municipal. No quedan dudas de que la decisión de hace 6 años, fue una torta de palabras mayores, y que había que enmendarla para devolverle su vigorosidad, su lozanía y su fuerza de origen a la Ciudad Marinera.

Por eso. cuando los porlamarenses leyeron en los rotativos regionales y escucharon en los noticieros radiales y televisivos que “El Coro Coro” fue extirpado, le dieron gracias al Gobierno y a los dioses por tal favor.

No me consta que en el Coro Coro hayan vivido malandros, pero sí que ahí habitaron gente buena, que impulsada por la búsqueda de una solución a sus problemas de vida, dieron el salto a la invasión.

Pero ahora, llega la justicia en tiempos de pre elecciones a tres meses del proceso parlamentario, y si esa es la solución al problema social de Porlamar bienvenido sea.

No quedan dudas de que las grandes ciudades necesitan que su ciudadanos se expresen, o se traguen sus palabras para siempre, y cuando no escucho comentarios a favor de la extirpación del tumor del Coro Coro, solo se me ocurre pensar que los voz del silencio es la reina en esta sociedad moribunda, donde la política tiene el mando.

La salida del Coro Coro de Porlamar, es una bendición de Dios que los ciudadanos saben leer, y ven como se aleja el temporal de la delincuencia de sus predios.

Y estoy seguro que ese ciudadano, que solo escucha y no tiene acceso a los medios de comunicación, apuesta a esas jugadas políticas que le quiten de encima a la delincuencia organizada. Y son los mismos habitantes de la Calle San Rafael y los trabajadores de la Alcaldía de Mariño los más agradecidos, por tal decisión de la mano firme.

Y la gente habla y comenta sobre la decisión de eliminar “el Coro Coro” y lanzan comentarios a favor de que Porlamar se merece lo mejor, y el Coro Coro no era un punto positivo ni hace 6 años, ni en este 2015.

No, señores no podemos pelear con las sombras, ni enfrentarnos a los molinos de viento como Don Quijote, porque ir contra la realidad que beneficia a los ciudadanos es como decir que “no hay escasez”, planteamiento puesto en boga en tiempos de revolución.

Solo hay que poner la oreja en el suelo para oír los cascos de los caballos, que anuncian una escasez monumental, una inflación descomunal y un a inseguridad de Padre y Señor mío, pero también percibir que no podemos empujar la barca contra la ola, o contra el viento porque la embarcación puede zozobrar.

Esa es la razón por la cual, los ciudadanos toman su pensamiento, para dar vueltas a las ideas y escuchar la voz del silencio. Si es que el silencio tiene voz… porque hasta con los gestos, los ciudadanos nos dan lecciones de ponderación, de equilibrio y hasta deben hacer rectificar a los políticos, cuando se equivocan en sus decisiones.

Es que los políticos también se equivocan con frecuencia por no escuchar al pueblo, y creerse los dueños de la verdad. No sé en qué radica eso, pero a los ejecutores de las políticas públicas le entra un virus, que los hace creer por momentos que son los dueños de la verdad.

La voz del silencio retumba con la lógica de un pueblo que sueña tranquilidad y calidad de vida. No piden mucho los ciudadanos, y ojalá que Dios le dé lucidez a los políticos para que entiendan que primero el pueblo, segundo el pueblo y tercero el pueblo… pero no que cada quien arme su sarao como le dé la gana, para buscar beneficios políticos píngues.

Eso sí que no, porque Venezuela no se merece tumores como el Coro Coro, que ahora luce incólume, y las familias que habitaban en sus entrañas, ahora tiene casas dignas unos y los otros esperan por la bendición de Dios, para terminar esta novela con final feliz.

Manuel Avila

@encíclica

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