Manuel Avila   Las vendas del muerto

La historia de Venezuela no había registrado una situación tan calamitosa donde miles de venezolanos perecen cada mes bajo el peso de la violencia y se mueren a menguas en los hospitales por falta de una operación o por medicamentos.

Los médicos se declaran en emergencia y se atreven a señalar por los medios de comunicación que no hay fórmulas, ni métodos para atender a los pacientes. Pero lo cumbre de hospitales como “El Luis Ortega” de Porlamar es que sus jardines parecen centros de concentración nazis como en la época hitleriana.

Si aunque ustedes no lo crean hay un local lleno de sillas azules, con ventanales abiertos y lonas como cortinas que simulan ser centros del descanso para los familiares de los enfermos. En ese lugar de lo grotesco y de las tinieblas los ciudadanos pagan el plantón por vivir en revolución y son huéspedes de las enfermedades, de la lástima y de la soledad.

No hay día que esos espacios de la salud no terminen convertidos en mujeres y niños hacen su vida entre el tiempo útil y la desidia de los gobiernos que condenan a una sociedad a la calamitosa situación de salud.

Creo que sería mejor que los gestores de la salud nacional miraran hacia el moribundo Hospital “Luís Ortega” que se muere a menguas y va de espaldas a la realidad de un pueblo convertido en petrolero un ex adeco como Luís “Wicho” Gamero pretenda convertirse en paradigma de las verdades ocultas al dar rienda suelta a la palabra para tratar de solventar los problemas de salud de la gente.

Y es que si 14 ministros de salud como dice Jesús Pérez Salazar no han podido resolver la crisis de la salud nacional, no se sabe cómo hará Wicho Gamero para con pañitos calientes intentar tejer una mortaja bajo el agua.

Se puso grave el “Luís Ortega” den una especie de bazar de la salud y donde ni se opera a nadie, ni hay yelmos para tomar las vías de los enfermos y menos existen los medicamentos usados para paliar cualquier tipo de enfermedad que le muele el alma a los insulares. Esa es la verdad de una salud que se muerde la cola en medio de una tormenta de conceptos bufos que solo plantean soluciones maravillosas a un pueblo cansado de esperar porque los médicos cubanos asuman su compromiso con el estado.

Por ahora solo Wicho Gamero porta las banderas de la salud como un Don Quijote de la insularidad que enfrenta molinos de viento y apuestan a la salvación de un sistema de salud que no tiene nada. Pero fíjense que si no hay insumos para el tratamiento a los enfermos, pero si hay enchufados que van a parar a los hospitales de Brasil y Cuba con la venia de Papá Estado.

En esa crisis de la salud no ha podido hacer nada el Estado Venezolano que en Wicho Gamero encontró a un valiente que busca caminos dorados perdidos en medio de una noche oscura que siembra el terror en una sociedad enferma de mocezuelo.

Creer que con los médicos cubanos y la cantidad de “galenos” que gradúan como chorizos la UBV se podrá redimensionar la salud en Venezuela solo es una utopía que cada día mostrará ante los ojos del mundo espacios parecidos a campos de concentración de la cultura nazi.

No ha avanzado la salud en Nueva Esparta porque el Ministerio de Salud no tiene la fuerza suficiente para remolcar a una sociedad enferma de esclerosos lateral múltiple y que cada día va mermando sus condiciones hasta llegar a la quiebra hospitalaria nacional.

Aquí se trata es de empapelar los hospitales y los centros de salud mostrarlos como un modelo perfecto de atención al ciudadano, pero que al final es simplemente un saludo a la bandera, pues salud no hay.

Aun sí con tanta loquera siguió Manuel Silva y Neca soñando con una mejor Venezuela, pues la crítica lacerante es en las panaderías, donde los comensales se convierten en defensores de lo nuestro o en encapuchados de la revolución. Seguimos con el enfermo q cuestas y soñando con el fin de una crisis humanitaria que solo el gobierno no ve porque tiene las vendas del muerto.

Manuel Avila

@encíclica

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