Manuel Avila   Líderes con pies de barro

 

Las luchas intestinas entre los ambiciosos personajes de la Unidad son parte de la tragedia nacional. Esa es una realidad que se enreda y se muerde la cola mientras que los líderes con pies de barro se derriten en medio de las ideas difuminadas. Por eso con Leopoldo preso, María Corina obstinada y Manuel Rosales en los brazos del chavismo, no queda ningún líder para enfrentar al oficialismo de tú a tú.

La gente dice que hay gato encerrado en esa teoría de mantener a un Capriles que ya fue derrotado por Chávez en una primera oportunidad y por Maduro en la cuestionada elección de Presidente, pues es evidente que nuestros líderes terminaron deshaciéndose en hojas para probar que nada tienen que buscar en los nuevos tiempos. De esa forma nos quedamos sin líderes porque el oficialismo fue destruyendo con las inhabilitaciones a lo que quedaba de dirigentes y tiene en la punta de la lanza a unos líderes que son parte de la nada política.

Po ahora no tenemos el líder de las nuevas generaciones que pueda asumir el reto de iniciar la escalada grande hacia Miraflores, ya que es evidente la falta de visión, la terquedad de las ambiciones y la locura por el poder. No quedan dudas que con esos pies de barro costará el nuevo florecer de las amapolas y del renacer de un liderazgo que se lo tragó la tierra. Y aun cuando la oposición hizo esfuerzos por romper el hielo de la crisis nacional no pudo encontrar al hombre o a la mujer que pudiera sortear con creces los obstáculos que le vino imponiendo el oficialismo para detener los avances de los nuevos liderazgos.

De todas maneras la nueva figura que llevará las batuta de la oposición se elevará en algún momento para burlar los cercos de una táctica oficialista empeñada en no dejar dirigente sano para que nadie le pueda hacer sombras en su transitar por los caminos de Dios. Tampoco en el oficialismo brota algún líder potencial que pueda asumir el vacío de poder dejado suelto por el chavismo y salvo la posibilidad de Diosdado o Tarek El Aissaimi, no se vislumbra alguna posibilidad de potenciar a un liderazgo emergente para garantizar un triunfo en las elecciones presidenciales.

Un país sin liderazgos políticos sino de figuras desteñidas por el paso del tiempo, no le garantiza nada a los ciudadanos de una patria convertida en nada por las ambiciones de sus propios ciudadanos. Pero así son las cosas en medio de un clima de guerra que amenaza con borrar del mapa a los pueblos de América.

Llegó la hora de los nuevos protagonistas y de un liderazgo joven que vuelva papilla a la vieja clase política que terminó enterrándose en la orilla del mar para que la gente no le viera el ojo blanco a quien casi queda ciego por su coraje desmedido. Y si se trata de asumir retos no se encuentra un modelo de empuje que sirva a un país tan lleno de frustraciones. Esa es nuestra realidad y cada día los políticos se entierran en sus propias dimensiones hasta quedar fuera de accionar, pues es evidente que la clase política ha estado en el mando por más de 40 años y no termina de dar paso al futuro de la gobernabilidad.

Manuel Avila

@encíclica

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