Néstor Sánchez A GEMINIS: CASTOR Y POLUX, SEÑORES DEL AIRE Y “EL FUEGO” DE SAN TELMO MITOLOGIA DE LOS GEMELOS DIOSCUROS

 

bere y nestorGéminis, El tercer signo del zodiaco definido por su constelación Los Gemelos, representados por Castor y Pólux los morochos apurruñados en el cielo. Cuentan los poemas de esta leyenda que Leda, hija del rey Testio en Etolia, se unió a Tindáreo y tuvieron dos hijos: Cástor y Clitemnestra, a la vez Leda dio a luz dos hijos a Zeus: Helena y Pólux. La belleza de Helena sería por cierto la que a la postre causaría la famosa Guerra de Troya, y Pólux al ser hijo de Zeus fue el gemelo inmortal. Tindáreo recupera su trono espartano y adopta a Pólux como hijo suyo. Los gemelos griegos Cástor y Pólux también serán conocidos como Los Dioscuros

No obstante, la constelación de los Gemelos –no debería hablar únicamente de estos dos hermanos-, pues Linceo e Idas fueron dos gemelos que vivieron ‘junto’ a estos Dioscuros. Ambas parejas de gemelos rivalizaron viejas rencillas amorosas hasta la muerte.

El hermanastro del nuevo rey de Esparta, Afareo que era rey de Mesenia, se casa con Arene y tiene a dos mellizos uno llamado Idas y el otro Linceo, por cierto que Idas era hijo de Poseidón el dios griego de los mares.

La rivalidad entre las dos parejas de gemelos empezó en el momento en que a Cástor y Pólux se les ocurre raptar a Febe e Hilaría, ambas ya estaban comprometidas con Idas y Linceo.

Los Dioscuros jamás se separaban el uno del otro en sus largos caminos de aventuras, Cástor fue un famoso soldado y un extraordinario domador de caballos; Pólux obtuvo el galardón de ser el mejor boxeador de su época, ambos fueron campeones en los Juegos Olímpicos. Mas con sus primos y rivales jamás se profesaron el menor afecto; Idas era más fuerte que Linceo, pero éste último tenía una visión tan aguda que podía ver en plena oscuridad y hasta adivinar el paradero de tesoros enterrados.

Cástor y Pólux e Idas y Linceo logran acompañar al gran Jasón en la nave Argo en la legendaria búsqueda del Vellocino de Oro. Al cabo de un tiempo, ambas parejas de gemelos deciden un día zanjar sus rivalidades lo suficiente para unir sus fuerzas y organizar un gran robo de ganado en la región de Arcadia. El asalto resultó exitoso, y se eligió a Idas al azar para repartir el botín. Éste descuartizó una vaca en cuatro partes y dijo que la mitad del botín sería para aquel que primero comiera su parte y el resto para el que quedara a quien quedase en segundo lugar. Sin dar casi tiempo a los otros a empezar el muy sagaz Idas engulló su parte, y luego ayudó a Linceo a tragarse la suya de este modo ambos se llevaron todo el ganado a Mesenia. Los Dioscuros frustrados por tal engañifa se quedaron perplejos hasta que Pólux, el más lento de los dos, acabó de comer su parte, pero luego se marcharon contra Mesenia y protestaron ante sus ciudadanos diciendo que Linceo e idas les habían hecho trampas. Como resultó estos estaban ausentes, los Dioscuros se hicieron con el ganado y se escondieron en un roble hueco esperando el retorno de sus rivales. Pero Linceo los había visto desde la cima de una montaña, e Idas, bajando a toda velocidad por la ladera del monte, arrojó su lanza contra el árbol y traspasó a Cástor. Cuando Pólux se apresuró a vengar a su hermano, Idas le lanzó una piedra. Aunque herido de gravedad, Pólux consiguió matar a Linceo con su lanza, y en ese momento Zeus intervino a favor de su hijo matando a Idas con su rayo

La constelación de Géminis está representada en el ‘Camino de la Luna’ de las tablas mesopotámicas de Mul-Apin (hacia 1000 a.C.) con el nombre de “Mas-tab-ba-gal-gal”: que son los Grandes Gemelos’. Esta constelación fue adaptada por los egipcios con la forma de otro par de gemelos: Shu y Tefnut, los gemelos primordiales.

Pero la leyenda que quizá está más extendida en el mundo actualmente es la de Castor y Pólux.

Hay varios desenlaces distintos entre esta última batalla de los gemelos rivales pero lo que es seguro es que el último superviviente de los cuatro fue Pólux, el cual sacudido por un enorme dolor por la pérdida de su hermano le suplicó así a su Zeus: Padre, no permitas que sobreviva a mi querido hermano!>> Pero como estaba predestinado que sólo uno de los dos debía morir, cuando llegó su momento, Pólux, como hijo de Zeus, fue llevado al cielo. Sin embargó, renunció a la inmortalidad a menos que pudiera compartirla con Cástor. De este modo durante la primera mitad del año, ambos descenderían al Hades, entre los muertos, y durante la segunda regresarían a la vida, a los cielos. Y así por siempre.

Los Dioscuros presiden los Juegos Espartanos, y por ser los creadores de la música y danzas guerreras, son los patrones de todos los bardos que cantan las antiguas batallas.

Hay una tradición griega cuenta que Cástor y Pólux decidieron ir a la mar para abordar a los piratas que habían estado saqueando a la gente honrada de la comunidad de pescadores. Tuvieron tantos triunfos en sus guerras contra los piratas que se convirtieron en ídolos para la gente del mar, quienes les honraron tallando sus imágenes en la proa de sus barcos. Los pescadores saben que durante las tormentas pueden aparecer chispas en los mástiles. Cuando dos de estos destellos aparecen, se cumple la profecía de que Cástor y pollo protegen el barco y que éste saldrá intacto de la tormenta. Esta luz que en ocasiones se aprecia sobre los mástiles se llama ‘El Fuego de San Telmo’.

LOS DIÓSCUROS O EL FUEGO EN LA TEMPESTAD

<Durante siglos los Dióscuros se han aparecido dentro de los barcos, durante la tormenta como un presagio de naufragios o de viajes prósperos a los marineros>

Los griegos llamaban a los Gemelos Dióscuros. En medio de una tormenta en altamar, la punta de los mástiles se encendía con llamaradas que no ardían y ni tampoco incendiaban el barco.

Para los griegos, este fuego era la personificación de las deidades Castor y Pólux, quienes acudían al auxilio y rescate de los marineros durante las fuertes tormentas. El mito cuenta que, a pesar de ser mellizos, uno de ellos era hijo de Zeus y el otro no, pero se querían tanto que se negaban a separarse, por tanto los dioses les concedieron una vida doble, parte de la cual pasaban entre los hombres y la otra parte en el Olimpo. Poseidón le había concedido a los Dióscuros el poder de ayudar a los náufragos y a los marineros durante las borrascas marítimas. En el firmamento, los Dióscuros eran la constelación de Géminis, los gemelos, y en el mar eran ese fuego que brillaba en la tempestad. El Fuego de San Telmo.

Así se describe la aparición de los Dióscuros en los Himnos Homéricos:

 

En sus barcos invocan, suplicantes, con sus blancos corderos,

a los hijos de Zeus el magnífico, subiéndose a la parte más alta de la   popa;

también a ésta el viento en rachas fuertes y el oleaje grueso

la sumergen. Pero ellos, repentinos, aparecen

lanzándose a través del cielo con sus alas luminosas

y de golpe detienen los turbidones de vientos

y apaciguan las olas en las inmensidades

blancas del mar abierto.

En su Historia Natural, Plinio dice haberlos visto brillar en las lanzas y en los barcos, y se refiere también al sonido como el de un aleteo chispeante, que en efecto emiten las llamaradas, una resonancia que compara con el de pájaros que vuelan de rama en rama. Como los gemelos odiaban estar divididos, si aparecía una sola flama, se consideraba de mala suerte. Era señal de naufragio. Si, en cambio, aparecían dos llamaradas, era un buen augurio, vaticinio de un viaje próspero. Plinio dice que no existe una explicación certera para este fenómeno. Dice que las razones son secretas, que están “escondidas en la majestad de la naturaleza, reservadas en su gabinete”.

En la tradición cristiana se le llamaba el fuego de San Telmo (San Telmo era el santo patrono de los marineros). En La tempestad, de Shakespeare, el fuego es la encarnación de Ariel, un espíritu que “a veces se divide, arde en muchas partes; en el mástil”. Robert Burton dice en The Anatomy of Melancholy que los Dióscuros viven posiblemente en un volcán, quizás, dice, en el monte Hekla, en Islandia, en el volcán Etna en Sicilia o en el Vesubio en Nápoles. En Moby Dick, el fuego que desciende del mástil, que brilla como una pálida fosforescencia en los ojos de los marineros, presagia la desgracia del capitán Ahab.

La ciencia explica que la ionización del campo eléctrico de las tormentas provoca estas descargas luminiscentes en los objetos puntiagudos de los barcos. Estas luces, este fuego que no arde, se ha aparecido a cientos de marineros en toda la historia. Aunque hoy, aparentemente, conozcamos su explicación, podemos imaginar la sorpresa y el miedo que sintieron al verlo y, probablemente, si hoy se nos apareciera en un barco, en plena tormenta, nuestra emoción sería equivalente. La explicación no acabaría con el asombro. Lo vieron, entre otros muchos, Cristóbal Colón en sus viajes y Darwin en el Beagle..

EL FUEGO DE SAN TELMO

Y cito:

 

Alberto Casas

 

El Fuego de San Telmo es un fenómeno eléctrico nocturno de gran espectacularidad y belleza, que se manifiesta, especialmente, en los topes de los mástiles y de los penoles de las vergas, coronándolos con una especie de llama luminosa de color azulado. En realidad, su aparición se debe a que en situaciones de temporal, acompañado de fuertes vientos y chubascos, la electricidad del medio ambiente y sobre todo la almacenada en las nubes, originan, por inducción, una carga eléctrica en los buques, que no se distribuye uniformemente, sino que se acumula en las puntas donde el campo gana su mayor densidad para, finalmente, descargarse en forma de efluvio.

Para griegos y romanos, estas lucecitas eran la forma bajo las que se presentaban Castor y Pólux (Dioscuros), dioses tutelares de los marinos y del comercio marítimo, como ya se había demostrado salvando a la nave Argos, cuando iba en busca del vellocino de oro, de la furia de la tempestad a la que ahuyentaron haciendo surgir de las cabezas de sus tripulantes un fuego azul. Esta es la razón por la que Plinio, en su Historia Natural, lo llama Stella Castoris, mientras que para Séneca son estrellas bajadas del cielo que engalanan la arboladura y las velas para anunciar la venturosa presencia de los dos hijos de Júpiter; es por ello que los lacedemonios no dudaron de la victoria sobre los atenienses cuando la flota de Lisandro, al abandonar el puerto de Lámpsaco, se iluminó con el Fuego de San Telmo.

 

Sin embargo, el vaticinio, favorable o no, dependía de los lugares donde se producían las luminarias, como lo explica Escalante de Mendoza en el Itinerario de Navegación de los mares y tierras occidentales, escrito en 1515:

 

<si lo ven por los altos, es señal de salvación de su nao y compañía, y si lo ven por los bajos, de perdición de todos ellos>

           

El nombre cristiano de San Telmo se generaliza en la Baja Edad Media, aunque sus orígenes permanecen oscuros e imprecisos, discutiéndose si procede de San Elmo, obispo de Gaeta, que sufrió martirio a principios del siglo IV, tesis que defienden los italianos, o si han de atribuirse, y es la opinión de la mayoría, al confesor de Fernando III el Santo, el fraile dominico Pedro González, Petrus Gundisalvi, de Frómista (1190-1246), popularmente conocido como San Pedro Telmo y como Cuerpo Santo, convertido en protector de los navegantes que lo invocaban en una oración que se hizo popular en los pueblos marineros:

 

Señor San Pedro González

De navegante piloto;

Líbranos de terremoto,

Y defiéndonos de males

 

El extraordinario fervor que alcanzó su advocación lo recoge, en 1735, Bernardo Gómez Brito en su Historia trágico marítima:

 

Todos los hombres de la mar le tienen gran devoción y veneración y le tienen por su abogado en las tormentas del mar, que creen con todo su corazón que aquellas exhalaciones que en los tiempos fortuitos y tormentosos aparecen sobre los mástiles con el Santo que viene a visitarlos y consolarlos, y en cuanto llegan a ver aquella exhalación acuden todos al combés para saludarlo con grandes gritos y alaridos, diciendo, Salve, Salve, Cuerpo Santo.

 

En la misma obra se narra el episodio de la nao Santa María de la Barca, la cual no pudo unirse a la expedición que, en 1557, había organizado Juan III de Portugal a la India; las averías se sucedían una tras otra y cuando desesperaba su capitán, don Luís Fernándes de Vasconcelos de emprender la navegación, tuvo noticias del rumor que corría entre los pescadores achacando tanto infortunio a la orden dada por el arzobispo de Lisboa de suspender las fiestas y ceremonias que anualmente se celebraban en honor de San Telmo, protesta que decidió al arzobispo, don Fernando de Meneses, a levantar la prohibición y, efectivamente, cesaron los contratiempos y la nao pudo zarpar sin novedad.

 

Hernando Colón, en su Historia del Almirante, cuenta la experiencia que le tocó vivir a su padre en el transcurso del Segundo Viaje, el 27 de octubre de 1493:

 

El mismo sábado de noche, se vio el Fuego de San Telmo, con siete cirios encendidos encima de la gavia, con mucha lluvia y espantosos truenos. Quiere decir que se veían las luces que los marineros afirman ser el Cuerpo Santo de San Telmo, y le cantan muchas letanías y oraciones, teniendo por cierto que en las tormentas donde se aparece nadie puede peligrar. Pero sea lo que sea, yo me remito a ellos; porque si damos fe a Plinio, cuando aparecían semejantes luces a los marineros romanos en las tempestades del mar, decían que eran Castor y Pólux; de los que hace mención también Séneca, al comienzo del libro primero de su “Naturales”.

 

Pigafetta, el cronista de la primera vuelta al mundo, fue testigo de este fenómeno:

 

Durante las horas de borrasca, vimos a menudo el Cuerpo Santo, es decir, San Telmo. En una noche muy oscura, se nos apareció como una bella antorcha en la punta del palo mayor, donde se detuvo durante dos horas, lo que nos servía de gran consuelo en medio de la tempestad. En el momento en que desapareció, despidió una tan grande claridad que quedamos deslumbrados, por decirlo así. Nos creíamos perdidos, pero el viento cesó en ese mismo momento.

 

El jesuita George Fourier (1595-1652), en su Hydrographie, dice que las tripulaciones de las naves en las que aparece el Cuerpo Santo, deben recitar la siguiente oración:

 

                                                    Bendito seas San Telmo

cuando en lo alto te vemos,

ampáranos de la tormenta,

protégenos de los vientos

 

De todas formas, el citado Escalante de Mendoza aconseja que, en estos casos, antes esta la obligación que la devoción.

 

Aún quedan algunas ermitas y cofradías puestas bajo el patronazgo del centelleante San Telmo, pero, desgraciadamente, es una bonita tradición marinera que, como tantas otras, se va perdiendo, aunque las romerías dedicadas al santo aún proliferan.

 

Fin de la cita

 

Disfruten de este video de la película St. Elmo´s Fire, El fuego de San Telmo de 1985:

 

https://www.youtube.com/watch?v=CD9PQSBzXZw

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