Orlando Goncalves @OrlandoGoncal México ¿Viraje anti sistema?

El próximo 1° de julio casi 90 millones de mexicanos decidirán el futuro de su país. Se considera una de las más grandes elecciones por la cantidad de cargos en disputa; no sólo se elige Presidente de la República, también se decidirán 3.400 cargos de elección popular; hay comicios locales en 30 de las 32 entidades federativas.

El sistema electoral prevé, básicamente, tres periodos que llaman precampaña, inter campaña y campaña; tiempos que alcanzan a sumar 200 días.

En este ir y venir de las campañas, el candidato Andrés Manuel López Obrador, -AMLO- de la coalición Juntos Haremos Historia, conformada por Movimiento Regeneración Nacional -Morena-, el Partido del Trabajo –PT- y el Partido Encuentro Social –PES-, concurre por tercera vez a una elección y, viene tenido un crecimiento sostenido desde el mes de abril, sumando a su intención de voto  un 15%, ubicándolo en un rango de votación entre el 46 al 52%, de acuerdo con todas las encuestadoras.

Sus competidores, Ricardo Anaya, de la coalición por México al Frente integrada por el Partido Acción Nacional, -PAN-, el Partido de la Revolución Democrática –PRD- y Movimiento Ciudadano -MC–, si bien arrancó muy bien su campaña, al surgir el escándalo de corrupción por triangulación y lavado de dinero, -caso de las bodegas en Querétaro-, se estancó en las encuestas y comenzó a retroceder ubicándose en una intención de voto entre los 22 a 26%, es decir más de 20 puntos abajo del puntero AMLO.

Por su parte el, el partido gobernante presenta a José Antonio Meade, por la coalición Todos por México, conformada por el Partido Revolucionario Institucional –PRI-, el Partido Verde Ecologista de México –PVEM- y Nueva Alianza –PANAL-. Al contrario de Anaya, arranco muy mal su campaña, perdiendo varios puntos en los meses iniciales, pero, en los dos últimos meses ha logrado un ligero repunte, ubicándose entre 20 y 24% de la intención de voto, lo pone a disputar el segundo lugar con Anaya pero, alejado del puntero.

Con este escenario, es claro que México está haciendo un viraje y dejando fuera del poder a los partidos tradicionales –PRI y PAN- y apostando por una figura que se presenta como el anti sistema, aunque, más del sistema no puede ser.

Recordemos que AMLO compitió en las elecciones de 2006 y 2012, venia de ser Jefe de Gobierno del Distrito Federal de 2000 a 2005, había sido candidato a gobernador en su natal Tabasco y había perdido, militó en el PRI, luego se fue al PRD y finalmente funda MORENA. En el ínterin, ha estado en campaña desde el 2000, pues siendo Jefe de Gobierno del Distrito Federal, realizó una gestión mediática, con grandes obras de infraestructura –algunas cuestionadas, según, se hicieron sin licitación, como el viaducto elevado por encima del Anillo Periférico del Valle de México, obra conocida como Segundo Piso-, pero, a pesar de ello, quedó con altos índices de popularidad a su salida del cargo.

Así, después de 18 años de constante campaña –hay que reconocerle, ha sido perseverante en la búsqueda del poder- hoy todo indica que la mesa está servida y, ganará la presidencia de México.

AMLO ha sido catalogado como un político de la izquierda progresista. Ante los cuestionamientos en campañas pasadas de estar ligado ideológicamente a Fidel Castro y a Hugo Chávez, esta vez, moderó su discurso, haciendo ofrecimientos controversiales, como –amnistía para los delincuentes- a través de (la paz sometida a consulta ciudadana), otros difíciles de implementar, como la anulación de las reformas educativas y la energética, entre otras. En buena medida, ese discurso light y difuso, le ha funcionado.

Ahora bien, el ascenso de AMLO no sólo se debe a las ofertas de campaña, también juega un papel importante el hecho de que, hay un evidente hartazgo de la sociedad mexicana con los partidos tradicionales, por su ineficiencia a la hora de gobernar, y por los innumerables casos de corrupción que han surgido en los últimos 12 años.

Los mexicanos le están apostando al anti sistema, tal como hicieron los estadounidenses con Trump; aunque; ambos están inmersos en sistema, pues, sus carreras –uno en política y otro en los negocios- las hicieron apoyándose en las bondades y privilegios del sistema.

México da un viraje, es la decisión soberana de la mayoría de su pueblo, y los pueblos nunca se equivocan y, se dice con frecuencia, que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen.

¿Mejorará este viraje las cosas en México? El tiempo lo dirá.

Orlando Goncalves 
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