Paradigma                                                                    Manuel Avila                         ¿A quién le duele Venezuela?

 

Al parecer Venezuela no le duele a nadie, porque mientras el pueblo se muere de mengua en los hospitales por falta de medicamentos y atención médica, por la crisis hospitalaria y por la quiebra de las empresas del ramo farmacéutico nacional, el gobierno nada hace por evitar la muerte de miles de almas que dejan su vida a temprana edad por la terca idea del Gobierno Nacional de evitar la entrada de medicamentos por la vía de un canal humanitario.

Y es que muchos organismos internacionales, otros países, la ONU, la OEA y laboratorios del mundo se han puesto a la orden del Gobierno Nacional para resolver esta calamitoso problema humanitario y el gobierno prefiere un holocausto a ceder en su orgullo revolucionario.

No le duele el pueblo al Gobierno Nacional porque los CDI no tienen ni curitas,ni alcohol y menos gasas, razón por la cual de aquel proyecto cubano que le ponía los ambulatorios en las barriadas a la gente ya no queda sino edificaciones molidas por el paso del tiempo, vallas desgastadas por el paso de la corrosión y recuerdos de un pasado glorioso de actos de graduación de bachilleres médicos que en nada contribuyeron  a la salud nacional, sino a incrementar los presupuestos asignados a un monstruo de mil cabezas que no termina de dar atención a eso que ellos llaman pueblo.

De aquellos actos pomposos realizados por “el eterno” solo quedan recuerdos grabados y primeras páginas sensacionalistas que dejaron al país sumergido en una estela de mentiras que nada le aporta a la salud nacional.

No entiendo como caímos al nivel de Viafra y el Congo Belga porque con tantas riquezas minerales en el subsuelo nacional este gobierno deja morir a la gente por falta de medicamentos. Ese es un crimen que deben pagar estos desalmados que llegaron al país a condenar a los venezolanos a la muerte lenta.

No va a decir Nicolás Maduro que no conoce de las calamidades de salud en una nación donde las farmacias no tienen ni leche magnesia y donde los hipertensivos son para un pueblo que se muere de hambre su principal sostén.

A Venezuela le han hecho el mayor daño las mentiras de un gobierno terco que solo ve acontecimientos políticos y ventajismo electoral, pero en lo relativo a la salud del pueblo solo utilizan la moringa a las brujerías de los paleros cubanos.

No es posible que productos necesarios para la salud del pueblo no estén en la cesta básica médica y esos fármacos que en otras naciones como Colombia, Ecuador, Perú, Panamá, Brasil, Argentina, Bolivia, Costa Rica, Chile y El Salvador son parte de sus farmacias, aquí no se consiguen de ninguna manera.

Por eso se ve obligado el venezolano a emigrar para salvar su salud, a buscar por las fronteras medicamentos que cuestan fortunas y por otra parte la empresa farmacéutica ha cerrado sus puertas ante el excesivo aumento del dólar.

No tiene escapatoria el pueblo venezolano ante la calamidad de la escasez de los medicamentos y solo le queda a muchos entregarse a las manos de Dios para salvar su permanencia en la tierra. Esa es nuestra realidad en el escenario de un país que perdió su compostura ante la muerte como emblema de una nación atrapada en la barbarie personificada por estos asesinos silenciosos que apuestan a la muerte de todo un pueblo.

Pero algún día pagarán estos bandidos que violaron la Constitución Nacional para entregar a los brazos de la muerte a miles de venezolanos que ven con dolor como sus familiares se mueren a menguas ante el paso arrasador de la muerte.

Las estadísticas de los muertos por la escasez de medicamentos no aparecen registradas en alguna parte y eso no lo valoran los constituyentistas que solo están pendientes de trofeos de guerra y de satisfacer ambiciones milenarias de dinero y poder.

A lo mejor me equivoco, pero alguien debe elevar su voz para que estos travestis de la política terminen entendiendo que el pueblo no es un concepto fatuo, un sustantivo vacío y un pretexto que solo emite votos para elevar al poder a bandidos sin alma.

Dios quiera podamos tener tiempo de ayudar al pueblo a cabalgar sobre las ancas de un corcel de colores que vendrá a liberar la América, pues es evidente que este gobierno no saldrá más nunca por la vía del voto popular sino por la avalancha de venezolanos que se soltarán las amarras para terminar pasándole por encima a los verdugos que con las leyes en las manos nunca legislaron para el pueblo.

Venezuela no le duele a sus políticos, la patria no le duele a esa cantidad de abejorros que juran en público querer al pueblo, tampoco a los que ondean banderas rojas en señal de triunfo y por supuesto menos a los diputados nacionales que desde la AN y la ANC ni un granito de arena aportaron a la consolidación de una propuesta comunista sin sentido.

Manuel Avila

@encíclica    

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