Paradigma                                                                  Manuel Avila                                De la  narrativa

Por ejemplo en Venezuela vamos a necesitar escritores que participen en la construcción del gran mural de lo que estamos viviendo. Deben haber obras que dejen registro de lo que está pasando, de cuáles eran las conductas de la gente que hicieron posible que ocurriera lo que está ocurriendo y que quizás hagan posible que termine”, Francisco Suniaga.

Cuando escuché al grande liga Francisco Suniaga, escritor de brazo fuerte con su recta poderosa y su curva de rabo e’ cochino comenzar su disertación diciendo que no conocía mucho de narrativa, me goce el momento porque de eso es lo que más sabe el asuntino escritor, y por tanto no podía decir semejante marfilada, que pareció un Rolling que se le fue entre las piernas.

Pero en un país donde los sabios también se equivocan no es sacarle el cuerpo a los que más sabes hacer. De lo contrario, no he debido perder parte de mi hora de la siesta, para escuchar a quienes erraron al caer en el mismo equívoco de las improvisaciones, en un país que no consigue acomodo por estar jugando a la ouija en cada parrafada.

Quién no sabe que la Generación del 98 con Miguel de Unamuno, Azorín, Valle-Inclán, ha sido conceptuada como lo mejor del Siglo de Oro español y que de estos ilustres escritores nacieron estilos de narración, que aún permanecen en el mundo como la corriente más estilizada del pensamiento narrativo continental.

Quién no leyó “Niebla”, “Del sentimiento trágico de la vida” y “La tía Tula” de Miguel de Unamuno; de Azorín cuyo nombre José Martínez Ruiz, que hizo obras a graneo entre las cuales destacan “El licenciado Vidriera”, “Doña Inés”, “Sintiendo a España”, “Con Cervantes” y tantas otras novelas y ensayos; A Valle-Inclán con “El Tirano Banderas” y  “El ruedo ibérico”.

Y que continuaron los escritores de 1914 Ramón Pérez de  Ayala, Gabriel Miró y Ramón Gómez de la Serna.  En Pérez Ayala encontramos obras como “Tinieblas en las cumbres”, “La pata de la raposa””Belarmino y Apolonio” y “El ombligo del mundo”; en Gabriel Miró encontramos “Las cerezas del cementerio”, “El humo dormido”, “Las águilas” y “Huerto de cruces”; y en Ramón Gómez de la Serna “La utopía”, “La corona de hierro”, “El lunático”, “Viuda blanca y negra”, “El circo”.

Pero si hemos venido leyendo en el tiempo a grandes narradores como Marcel Proust, James Joyce, Albert Camus, Jean Paul Sartre, Ernest Hemingway, William Foulkner no podemos olvidarnos de la narrativa que es la esencia de la formación de los hombres del mundo.

De Proust “En busca del tiempo perdido”, “Sodoma y Gomorra”, “La prisionera”, “El tiempo recobrado”; de James Joyce “Dublineses, “Retrato del artista adolescente” “El Ulises”; en Albert Camus encontramos “El extranjero”, “La Caída” y “La Peste”; en Jean Paul Sartre “La náusea”, “El muro”, “La Cámara”, ”Intimidad”.

En Hemingway  encontramos “Fiesta”, “Adiós a las armas”, “Por quién doblan las campanas”, “El viejo y el mar”,  y “El jardín del Edén”, en Foulkner encontramos ”Luz de agosto”, “Requiem para una mujer”, “El Villorio” y “Desciende, Moisés”.

Con estas muestras de la narrativa del mundo, no quedan dudas que estamos en presencia de grandes escritores que junto a Miguel de Cervantes y Saavedra con su “Don Quijote de la Mancha” conforman la narrativa modelo del mundo.

Con el salto a la Literatura Latinoamericana nos topamos con  Rómulo Gallegos, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, Mario Vargas Llosa, Miguel Otero Silva, Arturo Uslar Pietri y tantos otros narradores que han convertido el libro en lectura obligada para los ciudadanos del mundo.

Ese ciclo de Gallegos que inicia con la magistral novela “Doña Bárbara” fue un modelo de la narrativa para los venezolanos y el mundo, con García Márquez la narrativa se elevó hasta la máxima expresión con su obra cumbre “Cien Años de Soledad” y todas sus obras magistrales:

En Juan Rulfo encontramos “Pedro Páramo”, “El Llano en Llamas”, “  El Gallo de Oro”. En Vargas Llosa el “boom latinoamericano”, de la literatura de este Continente alcanzó su esplendor con “La Casa Verde”, La Ciudad y los Perros”,“Pantaleón y las Visitadoras”, “Conversación en la Catedral”, “La Guerra del Fin del Mundo”, “La fiesta del Chivo”.

En Otero Silva encontramos “Fiebre”, “Casas Muertas”, “Oficina Nº 1”, “Cuando Quiero Llorar no Lloro”, “López de Aguirre, príncipe de la libertad” y “La Piedra que era Cristo”; en Uslar Pietri encontramos “Las Lanzas Coloradas”, “El Camino del Dorado”, “Oficio de Difuntos”, “La isla de Robinson”.

No quedan dudas de que la narrativa es el camino más apasionante, que han cultivado los escritores de los espacios literarios y obliga a los docentes de nuestros pueblos a transcurrir a pasos agigantados cada página de esa narrativa, para llevar de la mano a nuestros estudiantes, para hacerlos mejores ciudadanos cada día.

Qué apasionante es nuestra literatura, que grandes zancadas han venido dando los narradores, para convertirnos en ciudadanos cultos en naciones, que van caminando de la mano de nuestros grandes escritores.

Por momentos, siento que la mano de Dios está detrás de cada uno de los portentos de hombres y mujeres, que con sus manos mágicas y sus cerebros brillantes han esculpido en hilos de oro las historias de  nuestra tierra.

Con supra relatos, los narradores van ocupando hojas escritas hasta dar forma a una novela o un cuento, que se mete en el alma de la gente hasta llevar mensajes por el mundo, como señal de la vida y nos hace sentir que estamos dando relevancia a las actividades de los hombres, y a las trascendencia de las acciones realizadas por los humanos, por los animales y por el mundo que nos cobija.

Ser narrador no es cualquier cosa, sino un mago con un lápiz en las manos, que cuenta cuentos y experiencias, plagados de símbolos y entrelazados con experiencias de vida que llevan a dibujar un mundo ideal.

Soñamos con  escenas distintas y preñamos de ideas hojas sueltas, para convertir los sustantivos y adjetivos en íconos de una realidad que se enrolla y se muerde la cola.

Esa tarea de contar, de narrar mediante la palabra escrita es una tarea meticulosa, que se convierte en dueña del mundo, hasta elevar la categoría del texto a niveles semánticos inescrutables, que vuelven las mentiras en verdades y lo mágico lo transforman en un milagro de la vida.

Por eso, escribir es un arte donde se combinan la magia del pensamiento con las ganas de trascender hasta límites de lo maravilloso. Me imagino a Gallegos recorriendo la geografía venezolana, a Rulfo recorriendo su  México, a Vargas Llosa internándose en los predios de Piura, a García Márquez caminando las calles de Aracataca y a Otero Silva dando zancadas en el pueblo de Ortiz, y siento el placer de disfrutar de cada sustantivo colocado en cada una de esas obras narrativas para dar sabor al mundo.

Esas son las vainas de la narrativa que me hacen pensar que nada está demás en el mundo literario, sino que cada cosa está en su lugar. Por eso la narrativa es una vaina que no acepta excusas y justificaciones que lucen fuera de lugar aunque provengan de los dioses.

Manuel Avila

@enciclica

Comentarios:

Más ariculos
Cerrar

Iván Freites: Amuay: el show está por terminar.

25 de agosto de 2012, son las 12:50 minutos de la madrugada en...