Paradigma                                                                       Manuel Avila                         De  Ciegos y sordos

Está claro que los revolucionarios se hicieron los ciegos y los sordos para no ver de cerca los problemas del pueblo, pues un movimiento político que se hizo del poder por la vía de las armas con los militares como escudos, no podían llegar al mando a jugar con hilos de seda.

A la revolución le correspondió subir los palos del poder a pulso, sin doblegar su estilo duro de hacer política. Engañaron a todo un país que compró la oferta populista de Hugo Chávez, sin importarle que los  verde oliva ya tenían fama de asaltantes de bancos, pues es evidente que esa camada de bandoleros tuvo experiencia de ladrones de bancos y asesinos a sueldo.

Pero los venezolanos se jugaron a Rosalinda al buscar la fórmula de sacar del juego a adecos y copeyanos, con el ardid que se estaban robando los dineros de la República.

No hay dudas que estamos frente a un dilema de grandes connotaciones políticas, pues es evidente que en este infierno social, que vivimos producto del desmadre de las instituciones, que produjo el régimen para quedar al garete la suerte de una nación que se cocina en su propia salsa revolucionaria.

Cuando la gente se pone ciega y sorda es igual a cuando los gobiernos que se comprometieron con la gente para darles calidad de vida, se olvidaron muy pronto que el gran protagonista es el pueblo.

Se cansaron los hombres del gobierno de lanzar consignas de cambios y transformaciones, que solo terminaron encallados en los riscos de la playa. Es que desde el 98 se escuchan ecos de grandeza, que nada de positivo le dieron a la República, pues solo la pobreza creció a niveles incalculables, para igualarse con la escalada del dólar y la inseguridad.

De ciegos y sordos si conocen los funcionarios de un gobierno atarantado que hizo aguas antes de tiempo, pues es evidente que la ceguera manifiesta de los gerentes del poder nacional los llevó a entender la realidad de este infierno social.

Así comenzó a crecer a nivel impresionante la pobreza nacional que con venezolanos cobrando sueldos de miseria, la clase media desapareció para dar paso a bachaqueros y escarbadores de basura. Ahora miles de niños se fueron a los campos de la basura, a ejercer su oficio de desenterradores de la miseria humana.

De ciegos y sordos se patentó una revolución que dejó de creer en los venezolanos para entregarle cuentas de su poder popular a una clase política, que dejó en manos de sus líderes un futuro incierto que nos conduce a los acantilados del socialismo.

Nadie dio un paso épico dentro de la revolución para que permitieran la entrada de medicinas y alimentos al país, pues es evidente que parecieran destinados a sepultar tres cuartas partes del país.

Nadie se alza con su voz potente para liderar las huestes de una sociedad muda que depende en modo socialista de las dádivas del poder, y que es en base a medidas populistas que incluyen los claps, los bonos y las viviendas. El resto de las ofertas del gobierno se limitan al Carnet de la patria, pero de mejorar la calidad de vida.

A  Venezuela le está llegando la hora de resplandecer, de recuperar su dignidad y de volver a la democracia para tejer el futuro de las próximas generaciones. Y es que los hombres del poder militar, enjuiciados por los organismos internacionales y juzgados como corruptos por el TSJ de la República Bolivariana de Venezuela, que legislando desde la vecina Colombia decidió que el Presidente Maduro y varios de  funcionarios del gobierno fueron acusados de salteadores del erario público y conectados con la transnacional Odebrecht que es un símbolo de los altos nivel de corrupción en Venezuela.

Con unas instituciones destruidas por la planificación diabólica de los hombres del poder comunista, no quedan dudas que estamos atravesando un río crecido y nos exponemos a sanciones internacionales que le hacen grandes daños a la nación.

No quisieron los militares entregar el poder por la vía de los votos y trancaron el juego con trampas electorales que terminaron confinando a la oposición a la peor tragedia de sus días.

Aquí quedaron marcadas las huellas de una nación vulnerable a los altos niveles de corruptelas que le carcomen el alma a las naciones. De eso se trata de imponer modelos democráticos que tengan instituciones fortalecidas y de funcionarios transparentes que exhiban la cara grotesca de una revolución que nunca fue.

Venezuela se respeta y no soporta ciegos y sordos que interrumpan el desandar democrático y que dejen en el camino la hoja de ruta de una sociedad apolillada por gendarmes de lo nuestro que fueron confinados por los efectos de una democracia atrapada en sus propias mieles del poder.

Creer que Venezuela se liberará tan rápido del poder, solo porque sus políticos usan las velas y las lámparas para alumbrarse el camino es soñar despierto y solo eso.

El país entero se quedó ciego como si la misma peste de Saramago en “Ensayo de la ceguera” se hubiese venido encima de una sociedad atragantada de poder y donde los mismos ciudadanos entraron en pánico al enfrentarse cuerpo a cuerpo en un afán de sobre vivencia jamás visto en este país.

Nadie creyó nunca las buenas intenciones de Hugo Chávez y dejaron al país en manos de 4 bandidos sin alma que asaltaron las arcas del estado sin importarle la condena de tres cuartas partes de una sociedad que empezó a morirse de a poquito como si los fusilaran cada mañana frente a un pelotón verde oliva.

Se muere nuestra gente boqueando como simples mutantes de cartón que dibujados a retazos por los hombres enceguecidos del régimen llegaron al final del túnel como si fueran barajitas de anime.

Ciegos y sordos nos quedamos ante una sociedad  que presencio la muerte lenta de la República.

Manuel Avila

@enciclica

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