Paradigma          Manuel Avila           Otras mentiras

 Cuando sonaron las alarmas del Gobierno Nacional para decretar el magnicidio nadie les creyó, nadie los escuchó y el país siguió la senda del caos comunicacional. Los ciudadanos siguieron aguantando la pela de la crisis económica, social y política, pero nadie se detuvo a mirar los real maravilloso de un gobierno atolondrado y buscando oxígeno en medio de la tempestad.

Pero el régimen insistió en sacar la tesis del magnicidio de la busaca mágica, para tratar de emparejar una crisis que se los devora de a poquito y le pone en entredicho ante un país que se muere a menguas de hambre y que no supera los niveles colosales de hiperinflación.

No se puede vivir así en ese  modelo económico que no existe y que se traga la calidad de vida de los venezolanos, pues es evidente que la pela es masiva para todos los ciudadanos en una nación donde enfermarse y hasta morirse es una calamidad.

Pero el Gobierno Nacional sigue la senda de las mentiras tratando de convencer al mundo de la excelente gestión de un gobierno que todavía cree que con bonos, bolsas claps y con ayuditas de la miseria se construye una gran nación.

Se equivocan de nuevo los suicidas de la política que creyeron alguna vez siguiendo el libro de lecciones de Fidel que podían tener amordazados a este pueblo venezolano con migajas del erario público, pero pelaron de nuevo el pedal porque los venezolanos resistieron la pela un tiempo y ya empezaron a verle las costuras a un régimen que no anuncia medidas de  ningún tipo para salir del caos.

Ese modelo económico agotado se volvió sal y agua en 19 años porque solo pensaron en mantener al pueblo con migajas salariales y en ese trajín se les vino el mundo encima porque la gente vio desmejorada su calidad de vida.

Se cerraron los hospitales por falta de equipos y de insumos, los médicos y enfermeras de fueron del país y dejaron la salud en manos de novatos de la medicina graduados en la UBV que no pudieron mantener la calidad académica de los egresados de las universidades banderas del país.

Eso llevó a un cierre técnico de los hospitales del país y las clínicas privadas arrinconadas por el Gobierno Nacional se quedaron congeladas en su proceso de crecimiento. La dolarización de los insumos quirúrgicos y de los productos médicos para intervenciones que elevaron las operaciones y eso hizo que se murieran miles de almas por la quiebra de la salud nacional.

En el tema alimentario vino la debacle y el gobierno creyó que con las bolsas Claps podían sostener el avance de un pueblo arrecho que no soporta pasar más hambre, pues los precios exorbitantes de los productos de primera necesidad no pudieron ser controlados por los custodios alimentarios del país.

Así se nos vino encima una escasez brutal con precios elevados que no le permite a la gente comprar ni siquiera un kg de ace o una panela de jabón. Eso dejó en el camino las posibilidades de vida de una sociedad que vio elevarse el kg de leche hasta los 15 millones de bs, el tomate hasta 4.500.000 y toda la cesta alimentaria a niveles colosales.

Por esa razón los hurgadores de basura se montaron en la nueva clase social que vive en los vertederos de basura y dio pie a un hombre nuevo convertido en un mutante de los basureros. De esa forma la fórmula de vida en el país de la riqueza petrolera más grande del Continente es entre la basura y los desperdicios, cosa que parecen no apreciar y que se niegan a ver los ideólogos del proceso.

Destruyeron el país en tan solo 19 años al volver trizar el aparato productivo con las expropiaciones en  cadena que diezmaron la cosecha nacional, cerraron las grandes empresas y mataron el campo al cerrar  intempestivamente “Agro Isleña” para terminar dejando sin pesticidas, ni herbicidas el territorio nacional.

Eso hicieron los salvajes que manejan en medio de la oscuridad a una  sociedad hipertrofiada dando saltos de rana. Pero esa es la realidad de una nación atrapada en sus propias emociones y con fanáticos ideológicos que llegaron a creer que con altares, flores y las fotos del galáctico construirían la gran patria de Bolívar.

Cambiamos un carro de mercado full por una vacío y sin proteínas, pues más nunca los niños venezolanos tomarían un vaso de leche y los pañales de tela volvieron a aparecer como la solución a una etapa ya superada, pues los productos importados se compran en dólares y el Petro es solo una imagen de loa real maravilloso americano. Esa es nuestra realidad que siendo el país más rico del Continente  nos pusimos a la cola de las demás naciones para convertirnos en la Cenicienta del Caribe.

A lo loco empezó a enanizarse el país de los sueños y perdimos hasta la vergüenza ante los ciudadanos de otras naciones que empezaron a rechazar las embajadas de venezolanos que en grupos se montaron en las olas del caos.

Eso es lo que tenemos un país con los sueldos más miserables del mundo, donde un maestro no tiene ni para comprarse un dulce con una malta, pero los enchufados del mundo rojo ostentan riquezas y se exhiben ante el mundo como los herederos de la riqueza de Bolívar.

De esa forma hasta el sistema educativo se perdió por los altos costos y los escasos ingresos de sus maestros y donde los docentes universitarios se fueron a otras latitudes a formar a los ciudadanos de otras naciones. Eso se veía venir porque con salarios tan míseros no podían los venezolanos seguir aguantando esa pela económica que devoró de a poquito el alma nacional.

No quedaron ni los críticos que criticaron a la IV República y llegaron a decir que los pobres comían perrarina porque los precios tan elevados de la comida para canes supera abiertamente los precios de los productos alimentarios.

Nada dice el Gobierno Nacional y solo con la tesis de magnicidios y de locuras políticas no podrán superar el rechazo de un 90% que le tiene el pueblo a un Presidente que terminó llorando la barbarie nacional, pues sabe que no con la mano del mesías de Sabaneta podrá sacar a la revolución de esta pesadilla que la mantiene atrapada en su red.

Esa tesis de los magnicidios es una asignatura ya superada y solo la pueden estudiar los fanáticos del proceso y los emocionales seguidores de una V República sepultada en sus propios estertores. Por esa razón los venezolanos hablan cada segundo en sus espacios públicos para lanzar maldiciones al aire y rezar por la salida de Nicolás Maduro del poder, pues es evidente que la popularidad del régimen se vino a cero en tiempos cuando ya la gente dejó de creer en promesas incumplidas por los siglos de los siglos.

Qué triste que la revolución fue el gran fracaso del siglo y lo que ayer fue una ilusión con militares y enchufados en el poder, hoy es una triste realidad que se enrolla y se muerde la cola ante la avanzada de un ciudadano que apuesta a los cambios y solo a eso.

No hay posibilidades democráticas porque los hombres del gobierno volaron los puentes democráticos para que los ciudadanos estén prisioneros de sus propias locuras, pero eso ha ocurrido en muchas naciones hasta que el mismo pueblo se imponga por encima de las calamidades.

Venezuela es otra y reclama ese hombre nuevo que ofreció la revolución y no cumplió, pero que la misma sociedad se puede dar sus propias lecciones de vida para retornar a la democracia solo con presionar y mostrarle a los gobernantes su fracaso en un tiempo de oportunidades que no pudo ser aprovechado por los sabios del proceso.

Por ahora reina el caos y los ciudadanos siguen con su coro de protestas reclamando un mejor destino y es obligación de sus mandatarios entender su nivel de fracaso  y saber que no es con magnicidios y otros condimentos como se le devuelve la felicidad a una nación.

Nadie le cree la tesis del magnicidio y aunque hagan miles de ruedas de prensa y pongan sobre las cámaras imágenes de videos y episodios, no es tiempo para justificaciones cuando terminaron destruyendo a una nación entera.

Los cuentos de magnicidio lo escribirán los rojos en sus lecciones infantiles para otros momentos, pero por ahora son solo cuentos espaciales que no los compra nadie y son solo soplidos del fin de una era de fracasos y derrotas.

Manuel Avila

@enciclica

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