Paradigma        Manuel Avila   Borrar la historia

Querer borrar la historia de nuestros pueblos es una verdad que se cuela por los barandales de nuestras instituciones y hacen caso omiso de las lecturas que los revolucionarios le hacen a la equivocada manada de ovejas heridas por las ideas de la creación del hombre nuevo.

Por eso las alocadas ideas de hombres como Elías Jaua, Diosdado Cabello, Héctor Rodríguez, Pedro Carreño, Aristóbulo Istúriz y tantos otros que desde el palco chavista creen que son la reencarnación de Jesucristo.

Pero su idea has estado centrada en borrar la historia grande de nuestros héroes para dar cabida a planteamientos rocambolescos, que solo dejan huellas de la sangre de nuestros hermanos dejadas en los hospitales del país.

No se ha percatado el ciudadano de la cantidad de muertes generada por el cierre técnico de los hospitales que en estos tiempos ya no tienen ni médicos, ni enfermeras, ni insumos, ni equipos y hay un estado de orfandad monstruoso que deja mal parados a quienes le vendieron una oferta engañosa a una sociedad.

Por eso entrar al túnel de la nueva historia que nada de espectacular tiene  porque solo vendedores de papas y cebollas, militares arrastrados a los pies del amo,  con una delincuencia aliada del gobierno y con organismos de seguridad que solo  bailan con el tambor del mandatario nacional.

No se borra la historia con bonos y propuestas de dignificación populista que se ampara en bonos miserables y cajas de la rapiña nacional, sino con sueños de grandeza y con ideas libertarias que encajen en la grandeza del alma nacional.

Es que se equivocaron los hombres del proceso cuando creyeron que con fantasías podrían regar por el mundo con la bonanza petrolera una vía de oro y  mirra.

Pretender excavar tumbas para sacar viejas osamentas de las profundidades del estiércol revolucionario es la tarea de una sociedad que creyó en estos fabuladores de ideas que aprovecharon el colapso de las viejas instituciones democráticas y cristalizaron el sueño del poder.

Pero para nada porque con propuestas populistas diseñaron un plan de gobierno sobre utopías que no alcanzaron para construir ese país moderno que tanto soñamos y que por momentos creímos que podíamos tejer entre todos.

Pero solo fueron postales de ilusiones que volaron de ideas dislocadas que solo terminaron disecando un nuevo ciudadano que se quedó solo en propuestas teóricos sin rumbo.

La historia de nuestros libertadores quedará para siempre regada en la tierra venezolana y no llegarán improvisados con caretas de ultrosos, asaltantes de bancos y piromaniacos de escasa formación a disertar sobre los nuevos bazares ideológicos del mundo.

Esa historia nuestra que se forjó con hilos de oro es demasiado alta para los aprendices de héroes que solo de armar trampas y levantar la voz pudieron aprender de las mentiras ideológicas del comunismo cubano.

Pero con orientaciones desfasadas que aplicadas a la nueva Venezuela quedaron colgadas como ideas periclitadas que nada le dicen al país del futuro y el desarrollo.

Eso sí dibujaron una historieta de mentirillas que nada le dejaron a un ciudadano que apostó a la pólvora para quitarse de encima propuestas desteñidas del viejo partidismo y se encontró de frente con páginas descoloridas de viejo libracos que solo alergias y enfermedades tropicales trajeron a la tierra de Bolívar.

Hoy cuando los fanáticos de ayer deambulan como zombis por las calles de la Venezuela herida de muerte solo quedan huellas marcadas del arrepentimiento de un pueblo de ilusos que cabalgaron imaginariamente sobre las ancas de Pegaso creyendo que podían volar hasta tocar el cielo.

Pero la gran sorpresa es que el comunismo incendiario se llevó medio país por delante al condenar a los venezolanos a la pero hambruna de su historia y que por encanto convirtieron a Venezuela en un pueblo de hojas.

Quisieron borrar la historia y eso han pretendido en todos los ámbitos de la tierra de Bolívar cuando en espacios como La Asunción en Nueva Esparta los revoltosos del gobierno borraron el Paseo “Vargas Machuca” símbolo del arquitecto de la ciudad, le quitaron los nombres a las calles emblemáticas de la Ciudad, pintaron ee Zapolín verde sus bustos y estatuas, ahora se roban el Escudo de Armas, y para remate en la gestión legislativa de Espinoza Prieto le quitaron las baldosas históricas al Convento de San Francisco y todavía no se sabe de su paradero.

Además en ese gobierno bolivariano le correspondió al concejal “Papalico” Marcano liderar una gesta contra el progreso de este pueblo histórico al negar el permiso a la Universidad Católica “Andrés Bello” (Ucabmar) para que se instalara en los predios al Cerro Matasiete. Solo falta que se lleven las campanas históricas y que le caigan a picazos a la Catedral de La Asunción para  borrar la historia religiosa de este pueblo del silencio.

Por eso cuando veo transitar por la calles de Arismendi a los que tanto daños patrimoniales le han causado a la Ciudad del Silencio solo me queda invocar a la voluntad divina para ponga orden en un estado de colapso nacional que ha destruido nuestros valores históricos.

Esa es nuestra realidad que hace de los revolucionarios a los verdaderos fablistanes de una historia dibujada a pulmón limpio y que son los mismos ciudadanos los que pueden frenar los caprichos de los depredadores de la historicidad.

Esas aberraciones contra la historia la vienen haciendo los enemigos de la historia nacional en Caracas y en cada una de las ciudades del país, donde por actos caprichosos se han quitado de las plazas públicas bustos de personajes importantes y hasta han pretendido socavar la historia de nuestros principales cronistas.

Recordamos como si fuera ayer el momento cuando en el Gobierno de Alexis Navarro se pretendió quitar del cargo de Cronista de Margarita a Nicanor Navarro (Q.E.P.D) solo por el hecho de haber escrito sobre el Bolívar humano, el mismos que dejaba una guerra para estar al lado de Manuelita Sáenz.

El supuesto pescado del Cronista de Maneiro, Nicanor Navarro fue el tocar la persona del Libertador y quién le ha hecho más daño a Bolívar sino estos desleales que condenaron la historia a la hoguera al generar la hambruna más grande de la historia, producir el éxodo de más de 4 millones de venezolanos y producir la ruina moral de nuestro pueblo.

Querer borrar la historia es un deseo de la revolución y aunque no quieren aceptar que la fuga de más de 4 millones de venezolanos al exterior tiene causas en su modelo obsoleto de gobierno, es una realidad que la fuga de cerebros está dejando al país en una ruina moral calamitosa.

Los que nos quedamos en el país aguantando la pela estamos en una lucha titánica por sobrevivir en medio de tan calamitosa situación que puso al bolívar como la moneda más deprimida de la historia del Continente.

Llegará el momento que los ciudadanos alzarán sus voces porque está situación económica y social es insostenible y forma parte de un plan tejido desde el corazón del comunismo continental y que les ha dado resultados al cultivar sobre predios de la ignorancia que se arrodilló a los pies del gobierno de turno.

Esa es nuestra historia viva y que le den gracias a Dios que todavía los políticos venezolanos no han entendido su rol histórico y muchos inútiles se mantienen aferrados a sueños de hadas que los eleven al pedestal del poder.

Cuando cesen los partidos, cuando los pseudo líderes entiendan que son estorbos para el futuro no dudo que Venezuela saldrá de las catacumbas a imponer su propia ley, De eso que no queden dudas.

Manuel Avila

@enciclica

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