Paradigma      Manuel Avila      Cae la Biblioteca

Da lástima ver de cerca cómo el comején se esconde tras las hojas de los libros, y se los come a dentelladas. Y cómo el mismo mal se cobija bajo los palos de las cañas bravas del techo, para dejar sin soporte las varas de la Biblioteca de Pampatar.

Ni se diga de sus paredes, de sus pisos, de sus muros… y allá, en el fondo la destrucción de este espacio de la cultura y de la historia es un guiñapo del abandono. ¡Qué cuadro tan dantesco de este centro del conocimiento, de la investigación histórica y que pena sentí por la obra del “Maestro Insigne de Margarita”, Don Jesús Manuel Subero!

No sé si los amigos de Subero habrán ido a ver de cerca ese cuadro deformado de la realidad histórica regional, pues lo políticos que gerenciaron el Municipio, el Estado y el Iabstiene, ni siquiera dirigieron una mirada a este gigante, que dobla sus piernas ante los ojos de los ciudadanos de Pampatar.

Nadie dice nada, no se oye ni el grito de los alcatraces. Ni siquiera la voz de sus hijos más emblemáticos se oye. Ni una palabra en los discursos de la Fiesta del Cristo y ni un eco del Gobierno se oye para salvar esta biblioteca, que Subero hizo con sus propios sudores.

Pensé que alguna vez se escucharía el eco de Fina Linares, de Arturo Rodríguez o que Miguel Serra le dedicaría una de sus composiciones, para llamar la atención de los gobiernos. Tampoco escuchó la voz sonora de Juan Nicolás, ni de Trino Suniaga, ni de Víctor Julián.

Solo el eco de la voz de Julio Marino Luna retumba en los aires de Polanco, buscando llamar la atención para que alguien voltee la mirada hacia la cuna del conocimiento histórico de Margarita.

Nada hizo Leopoldo Espinoza Prieto,  el mismo que estuvo cuatro años escuchando los chistes del Cacheroso y lanzando carcajadas en medio de escenarios teatrales fingidos, pues desde su torre de control de cristal asuntina, jamás volteó la mirada hacia la Biblioteca “Jesús Manuel Subero” que lleva el nombre de su padrino.

Perdió el tiempo Leopoldo, haciendo de tripas corazón para que Guaiqueríes ganaran juegos de baloncesto y ahí se divertía cada noche en el Gimnasio “Ciudad de La Asunción”, mientras el salitre, el comején y los ratones hacían su fiesta en la institución de sus recuerdos juveniles.

Esa competencia de Iabstiene, o como se llame esa institución no puede ser para pegar y recuperar libros que ya ni lo hacen, sino de empezar a diseñar políticas serias para que haya una biblioteca en cada pueblo, pues la orfandad cultural es el núcleo medular de la ignorancia de nuestros pueblos.

Lo cierto es que “el librero” pasó sin pena, ni gloria por esa institución y no recuerdo que hayan inaugurado una biblioteca, o hayan dotado de libros o de computadoras alguna institución de Margarita o Coche.

Ahí tiene el reto la señora Yasmina Mirt de meterle el hombro a la Biblioteca “Jesús Manuel Subero” de Pampatar, y si quiere ayuda ahí mismito en la Alcaldía tiene a un alcalde joven que seguro podrá ayudar a la reingeniería de esa obra emblemática para la región.

No quedan dudas de que entre el Gobernador y el Alcalde de Maneiro podrán realizar algún esfuerzo por salvar la Biblioteca “Jesús Manuel Subero”, pues es evidente que los pasos cruzados de Subero se escuchan de noche en un recinto, que construyó el Maestro con sus esfuerzos, para dar a Pampatar un espacio para la lectura y la investigación.

En el Pueblo de la Sal, no se oyen las protestas de sus ciudadanos para engrandecer un legado, que Subero hizo con tanto amor para su gente, y aunque muchos pampatarenses nieguen los esfuerzos del Maestro Insigne, por dejar a su pueblo una herencia cultural, sin parangón en la historia regional, es evidente que mucho vale esta idea de la grandeza humana.

Pero ver morir de pie esta legendaria biblioteca, que ve pasar por su lado nuevas construcciones de restaurantes, del Museo del Cristo y fablistanes que venden por doquier resorts y hospedaje en hoteles y restaurantes, es bien cierto que la marejada se tragará muy pronto, este patrimonio de los pampatarenses y de toda Nueva Esparta.

Todavía la Biblioteca “Jesús Manuel Subero” le sirve a la comunidad insular, donde vemos con frecuencia a investigadores profesionales, de las universidades y de distinta procedencia, hurgando entre los libros para encontrar documentos e informaciones, que le sirven para consolidar propuestas.

Es raro que no se escuche ni el eco del polifacético Verni Salazar, ahora devenido en poeta y líder de cuanto acto farandulero se realiza en Margarita, pero el Presidente de la Asociación de Cronistas de Nueva Esparta. Pegue un grito datilero que su voz se escucha en la región y eso contribuirá a poner una piedrita, para que no muera la casa de su Maestro Subero.

Mientras todo esto ocurre en la guerra por el poder nacional, en unas elecciones anunciadas para mayo, la ignorancia camina arrastrando los pies, como pesadas cadenas y a muchos generadores de cultura de la isla parece que le amarraron la lengua para que no reclamaran los beneficios de una institución tan importante, para recuperar el prestigio académico insular.

Esa es la realidad de una biblioteca que se muere de mengua, y mientras leía que la Directora de Iabstiene hacía esfuerzos en Mariño por recuperar una biblioteca, al parecer no le han informado que esta biblioteca ideada por el Maestro Subero, epónimo de “Funjenmasu” en el Gobierno de Morel, no recibió ni una teja, mientras que construyeron un Museo del Cristo que ni un rosario tiene dentro.

Esas son las cosas que alejan a los hombres de las fantasía revolucionarias, porque los gobiernos regionales y municipales, con su miopía nunca voltearon la mirada a esta casa, convertida en una reliquia de la historia de nuestros pueblos.

Cae la Biblioteca “Jesús Manuel Subero”, como signo de la inoperancia de una nación que entró en terrenos de la ignorancia y que no le conviene que haya espacios culturales abiertos, pues la formación de los ciudadanos es una daga mortal para el autoritarismo.

Esa metáfora de la incultura de los pueblos, es un canto al despertar de una sociedad dormida, que se esfuma entre la inercia de sus ciudadanos y la atrofia de sus políticos.

Por esa razón el cierre de la Biblioteca “Jesús Manuel Subero”, ese golpe mortal contra la cultura y la historia, es un signo de la debacle de un país en ruinas, que bajo los esquemas de la ignorancia, sembró el terror entre una intelectualidad, que hace rato se entregó a los brazos del poder para cultivar la melaza de sus vidas..

Manuel Avila

@enciclica

Comentarios:

Más ariculos
Cerrar

Lucio Herrera Gubaira. El vuelo de Fernando

Sucede en la plaza que lleva el nombre de este hermoso país. En las inmediaciones de la torre el alboroto se siente. Llantos y lamentos...