Paradigma                 Manuel Avila            Caos y confusión

El régimen desde Caracas apostó a la locura de los venezolanos y a sembrar el terror en una sociedad en crisis. Aquí se trata de generar la locura entre los ciudadanos de una patria que se enredó entre lianas y redes.

Nada distinto está aportando el régimen en su modelo económico recién creado, porque más allá de los números, que confunden a la gente y se pierden en las discusiones estériles que solo dejan huellas  negras en la trayectoria de un país quebrado por la crisis.

Pareciera que el régimen otorgó responsabilidades a unos ideólogos cubanos que ni conocen a Venezuela, pero entienden que, en la estrategia del régimen su único camino está fundamentado en enredar más, el ovillo de lo que está.

En esa tesis cabalga el régimen, porque hasta ahora no ha acertado ninguno de los cambios económicos que ha propuesto para sacar al país de la crisis.

Esas son las cosas que emborronan todo, y convierten a la Venezuela bolivariana en una republiqueta, liderada por un capataz con los poderes suficientes para sepultar al pueblo tan profundamente, que ya no tenemos chance de salir de esas catacumbas, que los mismos ideólogos del proceso crearon,para atrapar al pueblo en las fauces de un plan maestro para sembrar el caos.

Vuelve Maduro, ahora con otra propuesta que le hace daño al pueblo venezolano, a la misma gente que ha votado por él para que gobierne al país y eso se traduce en  la pobreza crítica de miles de almas, que caminan como mutantes por las  calles del país, con el tufo a Sol en sus vestimentas y con los zapatos comidos, por el tanto transitar por los caminos polvorientos de la Venezuela rural.

A eso volvimos de la noche a la mañana, con el renacer de la miseria colectiva, con la aparición de las enfermedades tropicales, ya erradicadas hace buen tiempo.

Se equivocó de nuevo el régimen de Caracas, al intentar dar saltos olímpicos sin establecer un modelo económico, que traiga prosperidad a una sociedad destrozada, por las pésimas políticas de unos calculadores de oficio, que nada han puesto para que la miseria salga de los linderos de la patria de Bolívar.

Y es que se confundieron los asaltantes de bancos, los quema cauchos de otros tiempos al fabular cuentos, que dejaron a la gente esperando el sueño de Chávez, que solo llegó hasta la corrupción y la desidia.

Nunca se tomó en cuenta el futuro y los sueños de los venezolanos, porque solo valió la táctica cubana de empobrecer a la gente para, bajo los designios de la ignorancia, se arrodillaran a los pies del amo.

Más nunca volvieron a hablar de ese Plan de la Patria que Chávez dibujó en su mente de iluso personaje de las tiras cómicas venezolanas, pues solo se ocupó de trazar líneas maestras, que en nada contribuyeron a templar el acero en la conciencia colectiva.

Solo logró Chávez y sus propuestas la idiotización de eunucos mentales, que solo escucharon por largo rato el clarín de la patria, para ir a elecciones múltiples, en busca de bonos que en nada contribuyeron a la formación de un ciudadano preparado para elegir.

De esa forma, se empezaron a elegir a bicharracos que sin tener idea de sus funciones públicas solo trataron de copiar un modelo falseado, que solo terminó destruyendo lo que quedaba de país.

Pero esa es nuestra realidad, en medio de reconversiones monetarias que solo generaron caos y confusión en medio de esta estampida revolucionaria, que se llevó nuestros hijos a tierras desconocidas, a cuenta de nada.

Ante esa cruda realidad que obliga al venezolano a emigrar a lugares desconocidos, para poner su talento al servicio de otras latitudes se ataca con mentiras fabuladas a un ciudadano, que perdió el rumbo después de errar en muchas oportunidades, en el acto electoral.

Si se equivocó Venezuela en su rumbo desconocido en la búsqueda de una nación a imagen y semejanza de la Cuba fidelista, plagada de miseria y hambrunas colectivas. Con ese modelo navegamos hacia la nada y pasamos de ser el país más próspero del Continente a ocupar el último eslabón del ranking continental.

Terminamos apresados en la mentira del petro, como una moneda que no tiene piso, ni fuerza, ni reconocimiento en la sociedad económica mundial, pues es evidente que los creadores de la moneda fantástica se terminarán perdiendo entre sueños rojos y ficciones de caminos.

Por ahora, estamos navegando en una tormenta económica que produjo la alzada más grande de la historia nacional, hasta llevar al pueblo a la miseria colectiva de mayor envergadura… en toda la historia del país.

Esa es nuestra realidad que el gobierno nos robó los sueños y condenó a la nación a la peor pobreza conocida, por las últimas generaciones de ciudadanos.

Pero ante la sordera de los ciudadanos y de un gobierno chamuscado por su propia candela, el pueblo venezolano se diluye entre la vida y la muerte. No es posible que un país entero sufra las inclemencias de las improvisaciones gubernamentales, de un pueblo atrapado entre las redes de la miseria colectiva y de la podredumbre oficial.

Todavía se generan fábulas desde los cubículos del régimen, con la idea de sembrar de ilusiones a una sociedad, que está pagando su error histórico de volver al militarismo, como forma de vida.

Eso lo sabíamos que venían tiempos de inflación, hambruna y caos, pero nunca le hicimos caso a quienes vieron a los bachaqueros, los escarbadores de basura y a los delincuentes como las plagas que terminarían borrando del mapa a una sociedad con tanto futuro.

Por ahora, esperaremos el desandar de las nuevas medidas de un régimen que no da pie con bolas, y solo sabe de lanzar palos de ciego… a ver si vuelve a la ruta de la prosperidad que se perdió entre trapos rojos, banderolas y cantos de himnos sin asidero en  esta sociedad de la mentira revolucionaria.

Manuel Avila

@enciclica

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