Paradigma     Manuel Avila   Elecciones confusas

 

 Las elecciones municipales están en la picota, por la negativa de partidos principales como PJ, VP y VENTE en un proceso, que ya se probó amañado por el CNE ilegal, que decide quién gana y quién no.

A eso hay que agregarle la desesperanza de la gente, porque le roban su voto en sus propios cachetes, y los resultados de las elecciones de gobernadores que mal pusieron de nuevo al CNE.

Con esa mafia presidiendo el CNE, se vuelve a tocar el tema de la AN que fue electa en el 2015, por más de 10 millones de venezolanos y no tuvieron fuerzas, ni siquiera para sacar de cuajo a las comadres Lucena y Oblitas de su madriguera electoral.

Con esa carga encima de fraudes, desengaños y trampas electorales el régimen y sus aliados, empujaron hacia la abstención, como arma de combate para ganar las elecciones, y si a eso agregamos la regaladera de dinero, la entrega de bolsas de comida, de artefactos eléctricos, viviendas, créditos, pensiones y cargos a granel, más la presión a su militancia, entendemos porque los chavistas ganaron las 19 gobernaciones.

A eso hay que agregar que hay un misterio en el manejo de los votos con ciudadanos migrados, con  cambios de centros electorales a última hora y con un fraude electrónico, que solo los altos funcionarios del gobierno, con realidad es complejo analizar la situación política de la región, porque la gente está en un limbo electoral, pues no creen en las condiciones electorales del país.

En este momento, cobra más fuerzas la tesis de los ciudadanos que no le perdonan a los diputados de la AN, que no dieron la pelea por cambiar el CNE tramposo. A lo mejor los diputados hicieron fuerzas en el silencio de la AN, pero nunca se supo en la calle que desde el Palacio Legislativo se moviera un dedo para impulsar el cambio del CNE.

Al parecer, el gobierno movió sus piezas para mantener firmes a las comadres al frente de la institución electoral y lo logró en el tiempo que siguiera la trampa viva en  esta nación.

No quedan dudas de que estamos atrapados en la burbuja roja, donde todo se decide en las urnas electorales y, salvo excepciones, como los 5 gobernadores que le ganaron al chavismo en Táchira, Zulia, Mérida, Anzoátegui y Nueva Esparta, al resto no le alcanzaron las fuerzas para salir de triunfadores en gran parte del país.

No pudieron haberse equivocado todos los estudios especializados, que señalaban que la oposición ganaba entre 14 y 18 elecciones, pero solo se consiguieron 5 gobernaciones que salvaron la honrilla a la oposición venezolana.

Por eso las elecciones municipales tienen la espada de Damocles sobre su cabeza, en momentos cuando los candidatos no encuentran argumentos como convencer a la gente en las alcaldías del país.

No se sabe qué tácticas usará la oposición para  convencer a la gente que salga a votar, pero más allá de preservar los espacios democráticos, estos tipos diseñaron un clima de terror, que será cuesta arriba para la oposición venezolana a la hora del voto.

A eso hay que agregarle que la tesis de los consensos producen heridas más profundas de las existentes y ayudan al oficialismo a ganar espacios en el campo de la abstención.

Es cuesta arriba la lucha política contra un régimen mafioso, que preparó sus argumentos del abstencionismo clásico, para ganarle terreno a una oposición que se debate entre la MUD y la anti MUD, pues esa organización después que el CNE eliminó la tarjeta de la manito, mató de plano cualquier intento de la unidad.

Eso lo logró el régimen al ordenar la validación de los partidos políticos, para dispersar los esfuerzos y poner a los partidos a caerse a piñas en una pelea de ambiciones sin límites.

A eso hay que agregarle que PJ, VP y VENTE se negaron a participar en los comicios municipales, para ejercer presión sobre el CNE y generar una matriz comunicacional en los organismos internacionales.

De esa forma los cambios de tarjetas, las alianzas mochas, los cuadres tras bastidores y por supuesto el degenerado mundo de las negociaciones por consensos forjados, que en nada ayudan a la motivación al  voto.

No será fácil ver a Richard Fermín de PJ con la tarjeta de Opina, ni a Juan Bautista Mata con una tarjeta desconocida y tantos otros reacomodos, que solo sirven para alimentar egos y dar solución a las debilidades de candidaturas que con sus tarjetas lucían sólidas.

Con ese panorama van las elecciones municipales contra viento y marea, porque quién no se inscriba entre el 29 de octubre y el 1º de noviembre no va pal baile. Eso indica que el oficialismo tiene el control completo del acto electoral y por tanto, Dios consiga confesados a los candidatos de las organizaciones políticas que se enfrentan a un pelotón de fusilamiento con anuncios de masacre colectiva.

Así están las cosas en una sociedad electoral podrida, que solo sirve para mostrar ante el mundo una colcha de retazos de un modelo electoral corrompido y tramposo, pero con una máscara de legalidad que no se lo cree ni el mismo Maduro.

Esa es la idea y por eso Borges, Leopoldo López y María Corina Machado se salieron del ruedo electoral para tratar de ganar espacios, ante una sociedad democrática que se muere de mengua, en las aguas putrefactas de un régimen tramposo, que ha convertido el tablero electoral en un circo de gitanos, donde las minas están bajo tierra y que el ojos humano no puede detectar.

Eso es lo que hay en un escenario ficticio, manejado con los tentáculos de Miraflores, para mostrar al mundo a la oposición venezolana destruida, y sin oportunidades de triunfo ante el poder de las mafias del juego electrónico-electoral.

Manuel Avila

@enciclica

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