Paradigma  Manuel Avila @enciclica   Daño colateral

Cuando vemos la dimensión del daño colateral que el régimen desde Caracas le ha propinado al pueblo venezolano no es posible evaluar los perjuicios que ha sufrido la gente, producto de la presión psicológica en la psiquis nacional.

Es duro decirlo, pero aquí se ha muerto medio país, como consecuencia de los ataques masivos contra la salud de un pueblo a quien -en su momento- Chávez consideró parte de su esencia.

Con esa soberana mentira llamada revolución, Hugo Chávez Frías le vendió el alma al Diablo al estafar a la gente con un concepto en desuso, que tardó 20 años en probar que había sido un error de la historia.

Por supuesto que fue un error de la historia tomar prestado el legado de Alí Primera para cautivar a la gente con ese concepto depauperado de “pueblo”, que pasó a ser una forma diminuta de despellejar a la gente.

Es evidente que, convencer a la gente con la idea torcida que la revolución era beneficio para el pueblo, cuando los enchufados y jefesotes del proceso se han llenado los bolsillos y han rebosado sulas arcas, con dinero procedente de la riqueza petrolera nacional.

Los daños psicológicos al venezolano han  causado un crimen de lesa humanidad, que deberá ser estudiado por estadísticos que realicen informes en los hospitales, en las medicaturas forenses y en el resto de los ambulatorios donde miles de almas han quedado sin vida, por carecer esos centros de las más elementales medicinas, de los equipos para evaluación del paciente, y por no tener ni siquiera curitas, ni gasas para hacer curas menores.

¡Qué vaina nos echamos los venezolanos al comprar a precio de bazar un modelo comunista enterrador que solo buscó como objetivo central robarle la calidad de vida a los venezolanos! Pero eso nadie lo dice por miedo al poder del comunismo nacional, que ha tomado parte en cuestiones de la gobernabilidad para arrinconar al ciudadano.

Perdimos el rumbo en medio de un mar picado por las fuerzas de la irracionalidad gubernamental, pues es evidente que los crímenes de lesa humanidad son calculados de acuerdo a la tasa de mortalidad del país, ya que es evidente de la zanganería de los encargados de manejar la salud pública nacional.

Nadie hace nada por desvestir el aparato de salud nacional al mostrar la calamitosa situación de hospitales sin recursos para estar abiertos y que técnicamente están cerrados, pero que la voluntad de los gerentes de la salud nacional ni voltean la  mirada hacia los espacios donde la gente se está muriendo por montones.

Por nada del mundo el Gobierno Nacional ha permitido que entren las medicinas por la  vía de un canal humanitario, ya que las instrucciones impartidas por el alto gobierno es que aguanten las  fortificaciones hasta el límite de lo soportable.

Esa es la orden que  viene desde arriba dicen los directores de los hospitales y ambulatorios y no hay discusión sobre el mandato del supremo mandatario nacional.

Pretender que este gobierno revolucionario arregle los  entuertos del gobierno en  tan poco tiempo es imposible es lo que dicen fuentes gubernamentales, pero les salpica el rostro a una sociedad de cómplices que terminó estafando a la gente solo con promesas sin forma, ni contenido.

En esa tarea de dignificar la salud nacional se le ha ido el tiempo a más de 16 directores de salud que nada ha aportado a la consolidación de un sistema de salud que le garantice a los venezolanos el derecho a la vida.

Los golpes a la siquis de un ciudadano que no puede vivir con 1800 soberanos como sueldo es parte de la locura de un régimen hambreador que ha generado un malestar nacional con unos aumentos alocados que sueñan con el poder eterno.

Esa es una realidad que mantiene en ascuas a un connacional que ve con estupor como se le mueren en sus manos sus seres queridos. Solo con la posición firme de los hijos y familiares de miles de almas que han sufrido los embates de la crisis económica nacional.

No es mentira el colapso de la red hospitalaria nacional que con sus escuderos a cuestas avanzan hacia la desnaturalización de un Estado de Derecho que sucumbe de a poquito ante la mirada complaciente de un presidente Maduro que perdió la conexión con la realidad hace un buen tiempo.

Reto a cualquier galeno de ideología comunista a que me muestre los inventarios de medicinas en los hospitales y la parte instrumental con equipos médicos de primera o con medicamentos para atacar las enfermedades que arrinconan a una sociedad atrapada en sus propias ilusiones de tener un mejor país.

Por esa quiebra del aparato hospitalario nacional se resiente el Estado Venezolano en medio de una crisis sostenida solo porque el aparato militar se arrodilló a los píes del mesías.

A Venezuela le tocó la peor parte de la historia Latinoamericana y hoy día podemos decir con propiedad que el cierre técnico de todos los hospitales del país obligan a ubicar a esta nación entre los coleros del ranking de la salud mundial.

En esa lucha por recuperar la calidad de vida de los venezolanos están miles de almas que con sus batas blancas han salido a la calle a decirle al mundo que este modelo sanitario fracasó ante la mirada complaciente de los mismos que reclamaban ayer y quemaban cauchos en señal de reprobación de las políticas de salud de la IV República. Pero quisiera ver de cerca a los revoltosos de ayer para gritarle con sordina al oído que se les acabó el tiempo porque en 20 años no fueron capaces de mejorar la calidad de vida.

Lástima sentimos por nuestro pueblo los que hoy vemos los hospitales sin yeso, sin gasas, curitas, alcohol, penicilinas y con casos de paludismo hasta en las principales urbanizaciones de la isla y donde hasta  nuestros amigos se están muriendo por los daños colaterales que ha causado el aparato comunista en la siquis nacional.

No es posible que un ciudadano soporte la presión de estar todo el día pensando en solventar problemas menores relacionados con alimentos, medicinas y servicios cuando en el pasado, en eso que los chavistas llaman la IV República, podíamos resolver solo en una bodeguita de pueblo o en un ambulatorio de tercera categoría.

Pero el miedo es libre y como la mayor parte de los ciudadanos le tienen pánico a la presión del gobierno, se quedan mudos por temor a represalias que terminen con un médico, una enfermera o un instrumentistas en la calles por haber ofendido la dignidad de un gobierno que no es bueno para nada, pues en sus manos se perdió la República.

Estafaron a la gente y hasta de aquellos bazares que ponían en la Avenida Bolívar de Caracas solo quedan huellas de un pasado glorioso que nada tiene que mostrar como resultado de su gestión y solo los daños colaterales a la psiquis del venezolano exhiben en la vitrina revolucionaria.

Manuel Avila

@enciclica   

 

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